Mega Zoé
Estudio #1594Iglesia en las casas

Ascuas de fuego

Perseverar en la oración y volver al Señor con arrepentimiento sostienen el llamado central de este estudio.

Nuevo TestamentoJuanMiercoles, 29 de abril de 202611 min lectura

"Amigo, ¿a qué vienes?" Continuando un tema que venía tratando en cultos anteriores, la expositora aplica a Judas la imagen de las ascuas de fuego amontonadas sobre la cabeza: tres años de caminar con Jesús, de comer de sus milagros y de llevar la bolsa fueron carbones encendidos que Cristo le fue poniendo encima -no para destruirlo, sino para producir vergüenza y arrepentimiento-. El estudio recorre Mateo 26 y 27, el Salmo 41:9, Juan 13, Lucas 22 y Hechos 1, y termina en la pregunta que devuelve al oyente: cada misericordia que recibimos es un ascua sobre nuestra propia cabeza.

I. "Amigo, ¿a qué vienes?"

A. Es la pregunta que también nosotros deberíamos hacernos: ¿a qué venimos? ¿A quién buscamos? ¿Has tropezado con quien tú buscas?

B. ¿Y qué hicieron los que venían a buscarlo? Echaron mano a Jesús y le prendieron, para llevarlo preso y matarlo.

C. Y a esos Jesús les llamaba amigos: a quienes lo crucificaron y lo vendieron por treinta monedas.

D. Si le prestásemos más atención a las Escrituras, esto nos impactaría de forma violenta. Porque estamos hablando de Jesús, que está a la diestra del Padre.

E. Y por eso toda oración se suplica y se termina en el nombre de Jesús: ningún mortal puede llegar directamente al Padre, y si no, la oración se queda en el aire.

F. Esto ya debe saberse: es hora de ser maestros.

II. El momento y el lugar

A. Es el momento en que Judas traiciona a Jesús en el huerto de Getsemaní, donde lo prenden y se lo llevan.

B. Eran los últimos momentos, cuando Jesús iba a desprenderse de la tierra a la que llegó para dar su vida, y para que nosotros tuviésemos vida abundante.

C. Lo que nos hace salvos no es tener algo que demostrar: es sencillamente que Jesús vino a la tierra.

D. Israel es su tierra, y aunque esté en guerra y en situaciones difíciles, nadie tiene más gloria que Israel: pequeñito, y favorecido por Dios.

E. Crucificaron al Maestro y lo vendieron, y sigue siendo su nación: nadie puede hacer cambiar a Dios de pensamiento.

F. Y de ahí, de inmediato, la gracia se mueve a los gentiles; y entre esos gentiles estamos nosotros.

G. Judas era judío, y Pedro y Juan y todos los discípulos también. Ellos escribieron parte del Nuevo Testamento; uno lo negó, otros salieron corriendo, y Jesús volvió a ellos y los restauró.

H. Esos hombres perseveraron para que nosotros fuéramos regenerados: cuando venimos a Jesús, su sangre nos limpia y la vieja criatura desaparece.

I. Si tu vieja criatura sigue intacta, estás igual de carnal y Satanás llevará ventaja. Pero donde el diablo sabe que está la sangre de Cristo, no se puede acercar.

III. Dónde están las ascuas de fuego

A. Jesús le puso las ascuas de fuego a Judas sobre la cabeza. ¿Por qué? Porque caminó tres años con él y porque comía de sus milagros.

B. Y había más: Judas era el que llevaba el dinero, y estaba supuesto que velara por el alimento de los discípulos y del Maestro.

C. Pero Jesús no tenía necesidad de alimento: multiplicó los panes y los peces y sobraron, y si querían agua, se abrían las aguas.

D. Así que el trato no era con los once: el asunto era con Judas. Y él no sabía el peligro en que estaba.

E. Las ascuas de fuego son carbones encendidos, de calor violento, sobre la cabeza; y dondequiera que él se movía, ahí iban.

F. A los once no: eso no tenía que ver con ellos. Pedro lo iba a negar y Jesús lo sabía; pero ahí no había maquinación de venta y compra.

G. Jesús sabe lo que hay en Judas y aun así le pone las ascuas, como quien dice: "Judas, yo voy a confiar en ti".

H. Podía haberle dicho "hasta aquí, vete". Pero ahí lo mantuvo.

I. Y al principio todo era espectacular: la multitud corría detrás de Jesús, y se caminaba con quien echaba fuera demonios y sanaba al enfermo. Milagro sobre milagro.

J. Tres años tuvo Judas las ascuas de fuego sobre su cabeza. Tres años.

K. Y hoy estamos en peligros más grandes, porque conocemos las Escrituras de aquí hasta allá. Mientras más Dios nos deja ver la verdad, es para que seamos libres.

IV. La venta y la cena

A. Mateo 26:14-16 - "¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré?" Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.

B. Mateo 26:23-25 - Jesús moja el pan, y Judas dice: "¿Soy yo, Maestro?". Y Jesús: "Tú lo has dicho".

C. Casi lo dijo él mismo. No fue una pregunta inocente: ya eso estaba preparado completamente.

D. Las ascuas de fuego son más profundas: si caían sobre él y seguía dispuesto, era algo más fuerte que una venta de treinta monedas. No era negocio por ningún lado.

E. Solo se registra una que otra multiplicación, porque no habría libro capaz de contener tantas páginas de los milagros de Jesús.

F. Y todos esos milagros son ascuas sobre la cabeza, porque ¿qué te aumentan? La fe.

G. Y sin embargo a Judas nada le movía: ni las sanidades ni los muertos resucitados. Los once vieron aquello, y Judas también lo vio.

H. Para haber sido un hombre de fe, ¿verdad? Para haber sido un justo. Los demás murieron de muerte violenta -solo a Juan no lo mataron- y en el cielo hay lugares muy especiales para ellos.

V. Para qué sirven las ascuas de fuego

A. Que en tu corazón haya convicción, y que se quede allí, es por las ascuas de fuego que Dios amontona sobre nuestra cabeza.

B. Nosotros somos lo que definimos en nuestra vida: lo que permitimos y lo que no permitimos.

C. Si algo debe suceder, es que se rompa el ciclo: el del pecado, el de la violencia, el del odio, el de las malas decisiones. ¿En obediencia a quién? A Dios.

D. Judas caminó con Jesús y no tuvo obediencia. No lo amó nunca: lo desafiaba, y pensaba que Jesús era un judío más.

E. Pedro, en cambio, al escuchar el canto del gallo se enloqueció, porque supo que ya no había vuelta atrás.

F. Los discípulos vieron milagros sobre milagros, y todos son ascuas sobre la cabeza.

G. Porque somos carne: en la tierra parecemos más guapos que veinte, pero al morir el cuerpo se descompone al momento. ¿Hay alguna gloria en uno? Ninguna.

H. Y como no hay gloria, Dios nos pone ascuas de fuego, para que lo malo nos avergüence y hagamos el bien.

I. No son para destruir: cuando Dios pone las ascuas de fuego es para arrepentimiento. Porque hay cosas que nos deben dar vergüenza.

J. Esas ascuas producen un redargüir; el redargüir provoca pedir perdón; y si Dios perdona, somos libres. Porque lo que Dios hace en el justo son grandes cosas.

VI. Cerca por fuera y lejos por dentro

A. Se puede estar muy cerca de Jesús externamente y aun así tener el corazón lejos de Él.

B. Muchos lo buscaban por interés de algo que pudiera hacerles.

C. Si algo hay que luchar todos los días, es que el corazón esté cerca de Dios; porque ningún humano te va a dar nada en el corazón.

D. Si uno no se acerca a Dios, se enfría; y cuando uno se enfría, sufre.

E. El ciclo negativo es este: miedo, enojo, pecado, malas decisiones, relaciones dañinas. Y el ciclo en que hay que estar metido es buscar al Señor, y obediencia.

F. No hay nada más hermoso en una persona que el ser obediente. ¿Qué es lo que más admira un padre de sus hijos? Que sean obedientes.

G. Cuando se busca al Señor, se prospera. Lo que pasaba muchas veces es que se olvidaban; y al olvidarse de Dios, se cae. Pero si se arrepienten, Dios los restaura.

VII. No permitir que nadie te lleve a odiar

A. El científico George Washington Carver dijo: "nunca dejaré que nadie arruine mi vida llevándome a odiarlo".

B. ¿Y alguna vez hemos tomado esa decisión? Uno piensa en alguien y se le queda una pepita aquí, como una espina de bacalao.

C. Para el tiempo de aquel hombre, siendo negro, lo burlaban y lo rechazaban. Y aun así dijo que no iba a odiar, y que eso no lo inquietaba.

D. ¿Qué quiere decir? Que ese hombre estaba lleno de fe de la cabeza a los pies.

E. Y eso es lo que debemos llevar. Entonces seríamos más bienaventurados; y ser bienaventurado es ser feliz, y poder decirse de noche: voy a dormir en paz.

F. Porque cuando alguien arruina tu vida es cuando tú también patinas en el odio. Y eso no le hace daño al odiado: el daño se hace donde está depositado.

VIII. La traición anunciada

A. Salmo 41:9 - "Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar".

B. Eso es profético, del salmista David, y se escribió cientos de años antes de que Jesús llegara a la tierra.

C. El cielo no hace silencio de nada: el cielo todo lo dice, para que nosotros aprendamos.

D. Juan 13:18 - "El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar".

E. Mateo 26:14-15 - Judas va entre los enemigos de Jesús, que eran los sacerdotes de aquel tiempo. Ni por el vecino haría uno eso.

F. Treinta monedas; pacto hecho. Se pensó y se actuó. Y al actuar, ya se consumó el pecado: mientras estaba escondido en la mente era una cosa, pero al tomar la acción ya es un hecho.

G. Lucas 22:3-4 - "Y entró Satanás en Judas".

H. Juan 13:26-27 - Jesús moja el pan mientras les sirve, y dice: a quien se lo doy, este me entregará.

I. Ese era el último momento en que se le podían haber dicho a Jesús las palabras más hermosas de la existencia; y todo se convirtió en una maldición.

J. Ahí Jesús identifica al traidor. Los once conocían su conducta, pero no se metieron en esas aguas profundas. Y a Judas, Jesús lo desnuda delante de todos, en el momento más sagrado.

K. Mateo 26:21-25 - "Uno de vosotros me va a entregar." Los discípulos preguntaban "¿soy yo, Maestro?"; Judas casi dijo: yo soy el que te voy a entregar.

L. Mateo 26:49-50 - Venía una multitud de rabinos y de los que hacía tiempo lo buscaban. Y Judas llega simpático, aparentando amor: "salve, Maestro". Y le besó.

M. Lucas 22:48 - "Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?" Y tú has dormido donde yo he dormido, y has estado en todos los milagros.

N. ¿Besaba Judas al Maestro las demás veces? No. Porque para un afecto de amor hay que amar; y el amor es de siempre, no es a veces.

IX. El final de Judas

A. Mateo 27:3-5 - Va a devolver las monedas y dice: "he pecado".

B. Pero la confesión de Judas no tuvo lugar. En el tribunal de Cristo, no ha lugar.

C. Los sacerdotes le dijeron: "es tu problema, resuélvelo tú". Y entonces las tiró en el templo.

D. Cuando aquellas monedas le entraron en las manos, le quemaron la mano; por eso corría de un lado a otro queriendo devolverlas. Porque ya había caído la sentencia.

E. Hechos 1:16-20 - Lo habló David, y se cumplió exactamente como los Salmos lo decían. ¿Hay algo que no se cumpla?

F. Mateo 26:24 - "Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido".

G. Estos pasajes dejan ver cuatro cosas: la cercanía externa de Judas con Jesús; el peligro de un corazón no rendido; el amor y la paciencia de Cristo, que constan para juicio; y cómo la avaricia y la dureza espiritual pueden destruir a una persona.

X. Para qué está la iglesia

A. Por eso Dios tiene iglesia: porque pone ascuas de fuego sobre la cabeza.

B. Y esas ascuas, por las Escrituras y por la oración, dan calor a la conciencia, caen al corazón, libertan, y rompen las cadenas.

C. Porque los mortales somos más tercos que veinte, y servimos nada más que para defendernos: somos mejores que los abogados defendiéndonos.

D. Pero cada amor y cada misericordia que Dios manifiesta son ascuas de fuego sobre nosotros, para quemar lo que a Dios no le agrada. Y eso se llama santificación; eso se llama pureza.

E. A los hijos, repréndanlos y enséñenles la palabra. Y cuando se reprende a un niño, díganle claro: voy a hablar con Jesús, y voy a hablar de ti.

F. En el temor reverente es donde una casa se va levantando en santidad y en pureza, y se detestan las mentiras y lo que contamina.

G. Busquen que las ascuas nunca caigan, porque tienen un propósito: libertarlos.

H. La iglesia no es un relajo. Si uno quiere vivir mundo, viva mundo; pero es mejor no haber nacido que ir en contra de lo santo, de lo puro y de lo sincero.

XI. Aplicación

A. Cuente las ascuas que ya lleva encima: cada misericordia recibida y cada milagro visto está sobre su cabeza.

B. Entienda para qué están: no para destruirlo, sino para avergonzarlo de lo malo y llevarlo al arrepentimiento.

C. Rompa el ciclo -pecado, violencia, odio, malas decisiones- con obediencia a Dios.

D. Revise si está cerca por fuera y lejos por dentro, porque eso fue exactamente lo de Judas.

E. No deje que nadie lo lleve a odiar: el daño se queda donde está depositado.

F. Y no espere a la acción para frenar: mientras está en la mente es una cosa; cuando se actúa, ya es un hecho.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz