Introducción: Nuestro enemigo, Satanás, busca un nido donde el formar el huevo del pecado, un corazón lleno de contienda y maldad. Allí deposita su semilla pecaminosa. Vemos el caso de Judas que estaba en medio de los doce. Él tenía un buen nido, (ambiciones y deseos.) Satanás lo identificó como el personaje ideal, pues él andaba con el Maestro. Pero había en Judas un terreno fértil para el plan del Enemigo, y era su disposición a la maldad.
María, la que ungió los pies del maestro, echando su mejor perfume, fue criticada por Judas porque él decía que lo indicado era vender el perfume y dar el dinero a los pobres. Con esta actitud ya estaba dando indicios de lo que había en su corazón para Jesús. Ya el enemigo había sembrado en él. Pero a pesar de toda esta manifestación pública de la falta de amor en Judas, el Maestro lo incluyó en el lavatorio de pies. En este proceso fue incluido Pedro también, y él estaba por caer. Esta situación de la negación de Pedro fue desarrollada entre la noche y la madrugada después del lavatorio de pies. ¡Que intensa fue esta enseñanza del maestro! Esa misma madrugada tomaron a Jesús y lo llevaron preso. A Pedro, dentro de breve tiempo, le tocaba su mal, que era el negar al Maestro.
Jesús decía, "Me llaman Maestro y Señor y bien que lo soy." Y enseñó todo lo que le fue posible. Les dijo a sus discípulos que ellos iban a sufrir también. Satanás, cuando quiere hacer daño comienza con uno, para ir trabajando el grupo, luego le es más fácil continuar su labor con el segundo y así sucesivamente.
Jesús fue trabajando la vida de Pedro y él aceptó, pero no así Judas y eso lo vemos claro cuando se ahorcó. Pedro estaba ajeno a que sobre él se estaba planificando una maquinación del Enemigo. Mientras Jesús estuvo con ellos siempre les dio muestras de su amor. Y aún estando el traidor en medio de ellos Jesús no privó a los demás del lavamiento de pies. ¡Qué de sorpresas nos da el Maestro! Hace la cena, más le lava los pies a los discípulos. Mientras Judas estuvo con Jesús, Él lo trato igual que a los demás, pero ya cuando se apartó, se acabó todo. Allí en medio de la cena, Jesús dijo: "Al que yo dé el pan mojado, ese es." El plan quedó descubierto delante de los once. Es difícil de entender como Judas, llevando tiempo igual que los otros discípulos con el Maestro y habiendo sido expuesto al mismo amor y a la misma enseñanza fue capaz de traicionarlo.
Pedro vio cuando el Maestro llamó a Lázaro y lo levantó de los muertos, vio a los leprosos sanos, vio cuando se multiplicó el pan, igualmente Judas. Y este Judas decidió ser discípulo de Satanás y no de Jesús. Y Jesús lo entregó a su mal, diciéndole: "Lo que vas a hacer, hazlo pronto.". Lo que Judas había preparado en contra del Maestro, lo había planificado ya en su corazón. Por eso es que hay que llevar la mente todos los días al Maestro. Jesús toleró a Judas por tres años. Fue algo que se fue tejiendo poco a poco en su mente y bajó al corazón, y éste fue el mal de su vida.
Después de la cena, el Maestro se escapaba para el huerto con sus discípulos, y esto lo sabía Judas. Allí se llevaría a cabo su plan. Y mientras esto acontecía, el corazón del Maestro estaba destruido.
Cuando nosotros recibimos al Señor, ya estamos limpios. Los pecados fueron al fondo del mar, no hay porque volver a recogerlos. Ya estamos limpios, y la Palabra dice que, "Las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas." Lo que pasa es que estamos faltos de búsqueda en la oración. En vez de leer la Biblia, leemos los libros que escriben otros. Si oráramos y leyéramos la Palabra, seríamos libres. Cuando llegamos al Señor, llegamos llenos de odio y contienda. Y Jesús quiso enseñarle a los discípulos que en este caminar se le iban a ensuciar los pies. Hoy también quiere enseñárnoslo, y si esto nos sucede, que se nos ensucian los pies, nos vamos a sentir pecadores, culpables y vamos a querer escapar de la iglesia y escondernos. En este caminar por este mundo hay envidia y mentira dondequiera. ¿Y que pasa? Que te envuelves y te ensucias los pies. El orgullo es el peor mal que pueda sufrir el hombre y por consiguiente la iglesia. Este es el peor sucio que tiene la iglesia en sus pies. Esto hace caer los grandes ministerios. Es sucio que se le pega a la iglesia. Y el problema es que hacemos que otros se ensucien los pies también. Cuando esto te sucede, dejas de abrazar como antes, las cosas que antes no te costaban esfuerzo, hoy te pesan. ¿Y que vamos hacer? Ir al altar, correr a la Cruz para que tus pies sean limpiados y puedas vencer. Pedro negó al Maestro, y luego lloró amargamente. Judas no solo pecó, sino que su pecado no tiene perdón, recuerda que él no se contaminó de un día para otro, sino que fue día a día. Un pueblo que dice que Jesús es su Señor y no le conoce su voz, y no le conoce su rostro en oración no podrá tolerar el ataque de Satanás. Iglesia, levántate hoy, toma tu lebrillo y lava tus pies.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Jesús lava los pies de los discípulos
Juan 13:1-17
“El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.”
Satanás busca un nido donde poner el huevo del pecado: un corazón lleno de contienda y maldad, como el de Judas. Jesús le lavó los pies aun al traidor, y nos enseñó que el que ya está limpio, en este caminar se ensucia los pies y tiene que volver a lavarlos. Estos son los puntos para la semana.
- Satanás identificó a Judas como el personaje ideal, porque andaba con el Maestro y tenía en su corazón terreno fértil: ambiciones, deseos y disposición a la maldad. Allí depositó su semilla pecaminosa.
- Cuando María ungió los pies de Jesús con su mejor perfume, Judas la criticó, y ya daba indicios de lo que había en su corazón. Aun así, el Maestro lo incluyó en el lavatorio de pies.
- Satanás, cuando quiere hacer daño, comienza con uno para ir trabajando el grupo. Pedro estaba ajeno a la maquinación que se planificaba contra él, y esa misma madrugada negó al Maestro.
- Judas vio a Lázaro levantarse de los muertos y el pan multiplicarse, igual que Pedro, y decidió ser discípulo de Satanás. No se contaminó de un día para otro: se le fue tejiendo en la mente y bajó al corazón.
- Cuando recibimos al Señor quedamos limpios, y los pecados se fueron al fondo del mar. Pero en este mundo hay envidia y mentira dondequiera, y en el caminar se nos ensucian los pies.
- El orgullo es el peor sucio que tiene la iglesia en sus pies: hace caer grandes ministerios y ensucia también a otros. Cuando te pasa, dejas de abrazar, y lo que antes no costaba hoy te pesa.
- Pedro negó al Maestro y lloró amargamente. Un pueblo que dice que Jesús es su Señor y no le conoce la voz ni el rostro en oración no podrá tolerar el ataque de Satanás.
Cuando sientas los pies sucios, no huyas ni te escondas de la iglesia: toma tu lebrillo y corre al altar esta semana, para que el Señor te los lave.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
El Lebrillo y la Toalla
Juan 13:1-17
Para leer en voz alta con los niños
“El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: el que ya le entregó su vida a Jesús está limpio, pero en el camino se le ensucian los pies y necesita lavarlos otra vez. Jesús se amarró una toalla, echó agua en un lebrillo y les lavó los pies a sus discípulos, hasta a Judas.
- Jesús era el Maestro y el Señor, pero se arrodilló como un siervo a lavar pies llenos de polvo. Así nos enseñó a servirnos unos a otros sin creernos más que nadie.
- Judas andaba con Jesús y vio sus milagros, pero dejó que pensamientos malos crecieran en su mente poquito a poquito, hasta que bajaron al corazón y traicionó al Maestro.
- Lo malo no llega de golpe. Un pensamiento feo que guardas y guardas crece como una semilla escondida. Por eso hay que llevarle la mente a Jesús todos los días.
- Pedro también falló: esa misma noche dijo que no conocía a Jesús. Pero lloró arrepentido y volvió. Judas no volvió, y lo que escogió terminó muy mal.
- Cuando caminas por el mundo se te pegan cosas: envidia, mentiras, orgullo. El orgullo es el sucio más feo, porque te hace creer que eres mejor que los demás.
- Si se te ensucian los pies, no te escondas de Dios. Corre a Él en oración, pídele perdón, y Él te limpia.
¿Qué cosa fea se te pegó esta semana, como el orgullo o una mentira?
Cada noche antes de dormir, pídele a Jesús que te limpie.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
