Daniel 11:32
¡Si pudiéramos entender este versículo y comprender lo que estaba sucediendo con aquel pueblo de Israel! Éstos estaban en pleno cautiverio y Dios les estaba hablando a través del profeta de lo próximo que les iba a ocurrir. Le estaba advirtiendo a Daniel lo que ocurriría, pues Daniel estaba preparado para escuchar, él estaba muy cerca de Dios y podía entender su voz. Daniel era un hombre que buscaba a su Dios en oración y en todo tiempo. Él también tuvo que vivir días malos. Es que cuando nos arrepentimos y queremos vivir una vida santa, sabemos que todo lo que fue nuestro mal y nuestro pecado nos es de vergüenza, y no queremos volver a tomarlo. Sino que morimos a todo eso y hemos de seguir este camino de nueva vida agradando a Dios. Cuando nos arrepentimos no queremos volver atrás nunca. Los escogidos de Dios y los que lo aman saben que tienen que luchar hasta el fin y nada los vencerá porque ningún hombre los puede destruir.
Cada creyente decide lo que hará con su vida. Cuando un creyente se aparta es porque corre detrás de su propia concupiscencia, detrás de su desgracia y destrucción. No corramos detrás de lo que puede ser nuestra destrucción, corramos delante de Dios porque un día nos presentaremos delante de Él cara a cara y no nos podremos esconder detrás de nadie. Límpiate del mal y del pecado, porque con adulación nos quiere seducir Satanás para que permanezcamos con los pies en el mal. No te quedes ahí en el fango. Sucede que cuando la vida es vana y no se hace de peso, somos seducidos por todo lo que está a nuestro alrededor. No caminemos con soberbia pues fácil se olvida el hombre que fue limpiado con la sangre preciosa de Jesús. Lucas 17: 17,18
La adulación entra por los oídos lentamente, llega a la mente y se deposita en el corazón, luego es enviada al ego vanidoso (a la carne) y toda esa seducción levanta el orgullo haciendo una barrera para que no tengamos comunión con Dios. Luego de esto, no se puede amar como Dios porque sólo vemos en todo el mundo las faltas. Ya no hay aceptación, no hay amor. Cuando alguien se llena de orgullo no puede oír ni ver a Dios ni a su obra, sólo ve su propio yo, su grandeza. Tenemos que entender que en el creyente no hay aplausos y sí hay una cruz. Tampoco podemos pretender que todos nos amen, ni pretendamos ser aceptados por todos. Muchas veces se pretenden muchas otras cosas al hacer el ministerio, al hacer la obra de Dios. En vez de llenarnos del Espíritu y vivir quebrantados en nuestro yo, se lucha para obtener por orgullo. En ocasiones queremos demostrar que hacemos más que nadie, para que nos den adulación. Y la adulación espera una recompensa. Hermano, piensa que si te dan la recompensa aquí en la Tierra no la tendrás en el Cielo. Toda recompensa de esta tierra se seca, no llena ni satisface plenamente. Muchas veces se lucha por orgullo no por amor. Si no hay amor no hay fruto. Pues, irán sembrando con lágrimas los que llevan este evangelio (Salmos 126:5) y se recogerá con regocijo, porque el amor no espera ni riquezas ni adulación.
No pretendamos obtener lisonjas, ni alabanzas de nadie. Hermano, en Dios cada día somos más pequeños porque delante de Él sólo buscamos humillarnos ante su majestad. Una sola cosa tenemos que hacer delante de Él y es buscarlo y amarlo con todas nuestras fuerzas. El Padre no permite que la sangre de su Hijo sea menospreciada, por eso tenemos que caminar con mucha dignidad, pues esa sangre no puede ser tenida en poco. No podemos violentar los pactos de Dios con el hombre y dejarnos adular. Los violadores del pacto son seducidos por la adulación y son sacados de la carrera. El diablo usa a alguien para que haga adulación y esa adulación tiene un precio muy alto. No lo escuches, pues toda alabanza hacia nuestra persona tiene un interés detrás. "Mas el pueblo que conoce a Dios se esforzará." Conocer a Dios, a ese Dios que se invoca todos los días. Ese Dios que está en el Tercer cielo que tiene un trono y frente al trono un río que cruza lleno de fuego (Daniel 7:10.) Ese Dios, que millares de millares están delante de Él y le dan gloria y alabanza. Conocer su grandeza, su soberanía, su majestuosidad, su poder, su señorío. Mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará todos los días para alcanzar la perfección y obrar según Su voluntad.
Conocer a Dios es tener comunión con Él, entender su pensamiento, que es alto y el impío no lo entiende. Pero tú como pueblo, debes conocer su pensamiento porque Jesús murió y fue quitado de la Tierra y luego llegó el Espíritu Santo para enseñarnos los misterios que están en el Tercer cielo. Al espiritual se le revelan las cosas del Cielo. Por eso el pueblo de Dios sabe que se tiene que esforzar porque es un pueblo de reto y mucha lucha. Al pueblo de Dios nunca la adulación le debe de llamar la atención. Cuando no te interesan las adulaciones es porque has muerto a ti mismo y vive Dios en ti. Y para que la carne muera hay que ir en oración. No se busca lo suyo propio porque cuando buscamos lo de uno se rompe el pacto con Dios.
El que conoce a Dios se esfuerza en un intento más fuerte de lo normal para conseguir algo. Nosotros tenemos que esforzarnos porque todavía tenemos que conseguir más; porque hay almas que ganar. Todavía hay mucho trabajo, mucho que hacer. Pero el que es seducido por la adulación no se puede esforzar para conseguir lo que le toca alcanzar, pues éste tropieza en el camino con la adulación que llega a la mente, cae al corazón, se llena el ego, se levanta una barrera y no se puede buscar a Dios. Pero el pueblo que tiene fe se esfuerza porque le cree a Dios y entiende que tiene que caminar su segunda milla. Entonces, cuando se esfuerza actúa. Tendremos que ejercer funciones propias de nuestro ministerio. El que se esfuerza y actúa va a hacer la voluntad del Padre y camina de acuerdo a lo que ha escrito Dios de cada uno de nosotros. Nosotros nos esforzamos, caminamos y cumplimos porque no nos debemos a hombres, nos debemos al Soberano Dios.
En poco o en mucho, hermano, no esperes adulación, esfuérzate y sé valiente, no temas. Hazlo!!! Amén
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
No te dejes seducir con lisonjas, esfuérzate y actúa
Daniel 11:32
“Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará.”
Daniel estaba cerca de Dios y podía entender su voz, aun en pleno cautiverio. Satanás quiere seducirnos con adulación para dejarnos con los pies en el mal, pero el pueblo que conoce a su Dios se esfuerza y actúa. Estos son los puntos para la semana.
- Cada creyente decide lo que hará con su vida. El que se aparta corre detrás de su propia concupiscencia y destrucción; nosotros corremos delante de Dios, ante quien un día estaremos cara a cara.
- La adulación entra por los oídos, llega a la mente, se deposita en el corazón y llena el ego. Ese orgullo levanta una barrera que no nos deja tener comunión con Dios.
- El orgulloso ya no puede amar como Dios: solo ve las faltas de todo el mundo y su propio yo. En el creyente no hay aplausos; hay una cruz.
- A veces queremos demostrar que hacemos más que nadie para que nos adulen. Si te dan la recompensa aquí en la Tierra, no la tendrás en el Cielo; y si no hay amor, no hay fruto.
- Toda alabanza hacia nuestra persona tiene un interés detrás, y los violadores del pacto son seducidos y sacados de la carrera. La sangre de Cristo no puede ser tenida en poco.
- Conocer a Dios es tener comunión con Él, entender su pensamiento y su grandeza. Cuando ya no te interesan las adulaciones es porque has muerto a ti mismo, y eso se logra en oración.
- El que conoce a Dios se esfuerza más de lo normal, porque todavía hay almas que ganar, y cuando se esfuerza, actúa. No nos debemos a hombres, sino al Soberano Dios.
Cada vez que esta semana te llegue un halago, devuélvele la gloria a Dios en oración y no lo repitas a nadie.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Un Muro de Orgullo
Daniel 11:32
Para leer en voz alta con los niños
“Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: con palabras bonitas y halagos, el enemigo engaña a los que se apartan de Dios; pero los que conocen a Dios trabajan duro y hacen lo que Él manda. Los halagos entran por el oído y, si los dejas, levantan un muro de orgullo entre tú y Dios.
- Daniel estaba preso en un país lejano, pero oraba siempre. Por eso estaba cerca de Dios y podía entender lo que Dios le decía.
- Cuando alguien te dice «¡tú eres el mejor, nadie lo hace como tú!», ten cuidado. Esas palabras pueden entrar por tu oído, llegar a tu corazón y ponerte orgulloso.
- El orgulloso levanta un muro: ya no escucha a Dios, solo se fija en los errores de los demás y en lo grande que se cree.
- Pero cuidado: el que hace las cosas para que lo aplaudan ya recibió su premio aquí. El premio de Dios es para el que sirve con amor, aunque nadie lo vea.
- Conocer a Dios es hablar con Él y saber lo que a Él le gusta. Y el que conoce a Dios no se queda sentado: se esfuerza y actúa.
- Todavía hay mucho que hacer para Dios. Sé valiente, no tengas miedo y hazlo, aunque nadie te diga «¡qué bien!».
¿Te gusta que te aplaudan cuando haces algo bueno?
Esta semana ayuda en algo sin decírselo a nadie, y guárdalo como un secreto entre tú y Dios.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
