Al pasar de caliente a tibio se empieza a hacer las cosas que no haríamos y a vivir de un modo bueno a
regular. Lo tibio es abominable a Jehová. Cuando estamos bien y vamos camino a lo regular también se
comienza a cambiar la forma de hablar. Cuando vivimos bien ante Dios vivimos de fe, se habla bien, pero
cuando vivimos regular comenzamos a vivir como pequeñas víctimas y el justo no puede vivir como víctima.
Se cae de bueno a regular. Cuando dejamos de hacer las cosas que Dios nos ha mandado tenemos muchas
excusas. Amar a Dios es consagrarse para Él porque es dueño de la Tierra. Cuando dejamos de hacer lo que
Dios manda buscamos defendemos en vez de decir que somos los responsables.
Cuando nos convertimos en tibios nuestro hablar va decayendo y lo que nuestra boca habla es de lo que
tenemos. Cuando dejamos de amar buscamos muchas razones para defendemos, buscamos excusas y así
sucede cuando dejamos el amo_r por el Señor. Dios nos llamó y es hasta la muerte. Mientras más nos
santificamos no nos vamos a perder. Nos santificamos porque al Dios que le servimos es tres veces Santo.
Cuando dejamos de amar se peca. Dios nos llamó para que le amemos; de lo lejos que estábamos para aquello
para lo que Él nos quiere. Entonces nos corresponde santificamos para aquello para lo que Él nos llama.
Estábamos bien lejos, entonces Dios nos llamó para acercamos a Él.
Estando Moisés bien lejos comenzó Dios a tratar con Él hasta que llegó al llamado completo. El ser
humano es muy inestable de carácter, vulnerable ante las circunstancias que estamos pasando; así que trabajar
con los seres humanos no era fácil para Moisés. Estando solo en el monte Dios lo llama. Dios nos saca de este
mundo que estamos tan lejos y nos llama para santificamos para Él. Grande es el privilegio de ser escogido por
lo tanto Él caminará con nosotros para siempre. Dios nos llamó, nos sacó de nuestro pecado, escasez,
enfermedad, etc. El no miró lo que había externo, nuestro pecado sino que buscó algo pequeño en nosotros, una
buena intención, de no ser así no hubiéramos sido llamados. Nos llamó para que entráramos al proceso de la
perfección, Él sabe hacia donde nos lleva, qué quiere para nosotros. Dios nos escogió y nos dijo que tenemos
que santificamos porque hay otros que tienen necesidad.
Dios se le apareció a Moisés. El trato de Dios con nosotros no es lo más dulce. Dios se molestó con Moisés
al final de sus días. Aquella zarza que ardía le provocó a Moisés algo. Él entendía que allí estaba metido Dios.
Se cree que era Jesús. Dios atrapa a Moisés. Cuando Dios nos llamó lo hace con fuego no con tibieza.
Entonces nosotros tenemos que responderle a ese llamado con fu.ego también. Dios llama a Moisés desde
el fuego. En nosotros no puede haber tibieza. Nosotros somos capaces a veces a reducir ese fuego con el que
Dios nos llamó, lo reducimos a un triste pábilo que humea por causa de nuestra carne. Nuestra carne es el agua
que apaga el fuego del llamado de Dios para nuestras vidas. Dios llama con fuego y este es para siempre.
El hombre es infiel e ingrato. Nadie nos puede apagar el fuego el empeño de hacer la obra de Dios.
Nosotros ardemos porque Dios está dentro de nosotros. La zarza no puede arder por sí misma. Cuando
venimos al Señor Jesús vienen personas que nos hacen comentarios y nos dicen que no nos afanemos, que no
oremos tanto. El fuego de Dios no consume sino que da vida. Lo que consume es la tibieza, la falta de fuego.
Moisés respondió a su llamado tal vez por curiosidad. Se nos olvida que nuestros oídos escucharon la voz
de un Dios santo. Moisés se asomó curioso para ver qué pasaba en la llama; que había en ella. Nuestro fuego
es mayor que aquello que se levanta en contra nuestra. Eso malo que viene, nuestro fuego lo quema. Nuestros
problemas no pueden ser una llama más grande. Nunca nos consuman los fuegos extraños sino quemémoslo
con nuestro fuego. Cuando Dios nos llamó fue para que nos santifiquemos para Él y para que en nosotros haya
amor. Nuestro llamado no es para grandeza ni vanagloria sino para amar a los demás. Cuando Dios llama no
sabemos lo que vamos a hacer mañana, pero mientras tenemos que mantener nuestro fuego. El día que Dios
nos llamó fué hasta la muerte y ésta es la única que nos puede separar de su llamado. Nosotros esperamos que
sea Él quien haga en nosotros.
Moisés respondió: "heme aquí" y eso respondimos nosotros. Si Dios nos llamó para maestros nuestro
deber es preparamos para responderle. Cuando Dios nos llama lo primero que tenemos que hacer es
responderle y lo segundo es quitarnos el calzado de nuestros pies, todo lo que nos aleja de Él. Nunca dejemos
de pensar que el llamado de Dios es santo. Cuando hemos decidido quitarnos nuestro calzado es porque hemos
reconocido que es Santo. Nunca miremos a nuestro alrededor, mirémonos nosotros. Abandonemos la tibieza,
la falta de oración. Si nos entregamos en amor nos damos por otros. Cuando nos damos a nuestro ministerio,
nos damos con nuestra vida. Cuando somos capaces de desprendemos de nosotros mismos, de la tibieza, es
porque amamos. Nadie puede hacemos cómodo el llamado de Dios porque hay mucho sufrimiento y padecer.
No puede haber sentimientos, el alma no puede dominamos, porque hay mucho que enfrentar y responder. El
mapa de lo que debemos hacer está en las rodillas de cada uno de nosotros. Para el fuego, hombres y mujeres
dispuestos. Demos lo que Dios pide de nosotros. En lo sencillo dejamos ver lo que Dios quiere. Si no nos
desprendemos de nosotros mismos entonces viene la caída.
Si Dios nos llamó, nunca digamos que si no nos salen bien las cosas nos vamos enojados, porque entonces,
¡cuánto daño hacemos a los demás!
Moisés cubrió su rostro porque temió que estaba delante de Dios, porque su gloria es grande. Eso debemos
hacer nosotros. Dios nos llamó para librar al que está cautivo. Se necesitan hombres y mujeres dispuestos a
negarse a ellos mismos para hacer bien a otros. A nosotros también nos llega la llama de fuego de Dios. No
podemos hacer bien a otros sin limpiamos nuestros pies. El hombre que tiene a Dios tiene que taparse el rostro
porque somos santos y la gente lo tiene que saber.
Capitulo 3:11 Moisés se encontró insuficiente. Tal vez nosotros nos sentimos igual, pero nosotros
representamos a un Dios que no es insuficiente. Capitulo 4:10, 14 Jehová se enojó contra Moisés. Dios trabaja
todo, Él no es insuficiente como nosotros. No hagamos enojar a Dios. Si Dios llamó, Él responderá. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
