La Biblia dice que nuestro corazón es engañoso, bien voluntarioso. Y de la abundancia del corazón habla la boca. Por lo tanto, hay que disciplinar el corazón para Dios. Así edificamos bien nuestra vida. Tenemos que edificar lo nuestro aún con el exceso de trabajo en que vivimos o aunque estemos enfermos. A veces pensamos que como tenemos problemas o exceso de trabajo, podemos descuidar el corazón. Cuando Dios nos escogió desde antes de la fundación del mundo, organizó muy bien como es que tenemos que edificar y construir nuestra vida.
Según leemos en el Salmos, David sabía muy claro lo que era el alma. Cuando nuestra alma no está donde debe estar entonces comienzan los grandes problemas y se comienza a alejarse de Dios. Cuando llegan las muchas aguas éstas entran y fatigan el alma. Es bien fácil entretenerse en esta vida. Tenemos que ver cuánto cuidado debemos tener en este camino del Señor, el único camino de la verdad, el mejor camino. Caminamos según marcan los pies del Maestro y Él es nuestro abogado para lo que es pecado. Tenemos que ver, conocer, entender cual es la verdad para nuestra vida. Miremos cómo el diablo lucha día tras día para que la verdad no esté en nosotros para ahogarnos y que perezcamos. Mientras nos entretenemos podemos perder la vida de Dios y caer en la maldad de los impíos.
Cuando nosotros razonamos y conocemos al Maestro debemos saber que no somos mayores a nuestro Maestro y tenemos que padecer como lo hizo Él. Juan 14:6 Nadie viene al Padre si no es por Jesús. Estar en este camino es saber que vamos a un lugar; al Padre y al Él nadie lo ha visto ni lo verá en carne. Vamos a Dios por Jesús porque Él nos lleva al Padre directamente. Jesús es quien intercede por nosotros. Es de la única forma que nosotros llegamos al Padre, por Cristo. Tenemos que entender que nadie puede ir al Padre sino por Él.
Jesús llevó afrenta y sufrió por amor a nosotros. Él ha escogido un camino para nosotros, nos ha llamado. Entonces tenemos que darle el valor que le corresponde. A veces le damos más valor a lo que está a nuestro alrededor que a Jesús. Tenemos que darle más valor a Dios que a nadie. Jesús tuvo muchos sucesos de vergüenza, humillación, deshonra y ofensas contra sí mismo. Él no tenía que pasar ninguna y las pasó todas por amor a nosotros. Tengamos cuidado en qué nos entretenemos. Si por amor a nosotros Él pasó todo y nosotros no somos capaces de pasar por nada, ¿entonces? No somos mayores que el Maestro quien vino como hombre a esta tierra siendo Dios. Tenemos que llegar a Dios a través de Jesús para entender cual es el camino que debemos caminar.
A veces todo lo que está a nuestro alrededor nos quiere confundir, guiar, pero quien quiere guiar nuestras vidas es Dios. A veces comenzamos a cambiar, hay mal humor por los problemas y en vez de tener la voluntad de Dios en nuestra boca comienzan los reproches como si Dios tuviera la culpa. Quien sufrió por nosotros fue Jesús quien llevó dolor, circunstancias y muerte. Entonces tenemos que entender la soberanía de Dios e inclinarnos a Él.
Nosotros escogimos en Él: el camino, la verdad y la vida. Él es quien nos va a llevar al Padre. Tomó nuestro pecado para que pudiéramos llegar al Padre, pasó por sufrimientos, nosotros también padeceremos porque no somos mayores que Él. El sufrimiento no es excusa, no nos puede alejar de Dios. Nosotros tomamos este camino y tenemos que escoger lo que Él nos dio. Este es el camino que nos conduce a Dios. Jesús sufrió vergüenza, humillación y ofensa. Tenemos que estar dispuestos a pasar vergüenzas porque Jesús las pasó por nosotros y estamos en su camino. Si somos discípulos tenemos que estar en su mismo camino. Lucas 14: 27 1 Juan 2: 6
Dios nos ha dado demasiado y tal vez como Iglesia nos honren, pero no siempre nos darán honra, muchas veces hablarán ofensas contar nosotros. Cuando se vive en tanta altura no queremos ser corregidos, disciplinados porque pensamos que no necesitamos de nadie y nos olvidamos que escogimos este camino donde también hay afrenta. El rostro de Jesús fue lleno de vergüenza, de confusión por nosotros. Su cara fue cubierta de vergüenza por nosotros. Cuando hay confusión en nuestra vida es porque nos llegó una mezcla de cosas y entonces pensamos, ¿por qué tenemos que estar padeciendo esto? Y fue porque escogimos este camino. En momentos nos turbamos, pero, cuando el rostro se llena de humillación hasta lo sumo, entenderemos que así fue la humillación de Jesús. Entonces, ¿por qué alarmarnos cuando tenemos que pasar por un sinnúmero de cosas que nos causen dolor o humillación?
Hermano, cuando contra nosotros se levanten no tratemos de arreglar nada, pues si tenemos que padecer, recibámoslo. Si tenemos que llorar tenemos que hacerlo. El llorar no nos quitará de ser más o ser menos. No olvides que la autoridad delegada por Dios no se quita de nosotros porque haya lágrimas. Dios nos llamó.
El gran predicador Spurgeon decía: "No hay nada que una naturaleza noble aborrezca más que la vergüenza, porque el honor es una chispa de la imagen de Dios". Jesús sufrió hasta el máximo el menosprecio de su honor por el pecado del hombre. Somos lo que somos porque Jesús permitió que rebajaran su honor. Así Jesús pasó aquellos días. Había una mezcla de lo puro y lo despreciado del hombre. Jesús siendo puro, lo despreciado de nuestra vida estaba sobre su cuerpo. Lo llevaba todo por amor a nosotros, entonces ¿por qué confundirnos en este camino?
En su pureza, Jesús se dejó crucificar por nuestra maldad. Tomó sobre sí mismo afrenta, confusión, humillación, vergüenza por mí. Lo que sucede es que no conocemos bien este camino. A Jesús no le importó ese desprecio. Fue extraño a sus hermanos. Juan 7: 5 A los suyos vino y los suyos no le recibieron. Juan 1: 11 Esto estaba planificado antes de la eternidad. Jesús había planificado y los suyos no lo quisieron. Jesús no vino a una nación poderosa sino a Israel. Todo estaba muy bien ordenado; lo sabían millones de millares de ángeles, arcángeles, etc. En ese momento el trono al lado del Padre estaba vacío porque se convirtió en un pequeño niño, nacido de una mujer por obra del Espíritu Santo. Lo que los judíos le dieron fue ofensa, confundieron su rostro, lo vendieron, lo negaron entre juramento y maldición. Jesús padeció más que nosotros. Fue desconocido para sus hermanos quienes no creyeron en Él. Llenó su rostro de vergüenza. Fue despreciado por todos por amor a nosotros. Entonces ¿por qué no darle 15, 30 o una hora de oración de nuestro día? No le importó que no lo quisieran sus hermanos, le importamos nosotros. Así de cruel fue su vida para darnos un camino. A nosotros nos toca caminar sin dudar de Él.
Hay que caminar como Él. Entendamos el poder y lo grande de este camino. El Señor que nosotros escogimos pasó todas las afrentas por nosotros y no miró nuestro pecado. ¿A qué Señor hemos decidido servir? Él sufrió afrentas, confusión, cubrió su rostro y fue extraño y desconocido ante sus hermanos, pero no le importó por amor a ti y a mí. Por eso, viviremos para Él, le amaremos más y más y no nos importará padecer por su nombre. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
