El hombre y la mujer que Dios llama están para conquistar, para ganar reinos. Por fe aquellos hombres conquistaron reinos, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, se hicieron fuertes en batalla, etc. Daniel 6:16, 22 Todo aquel que vive en fe tiene que saber que hay promesas que alcanzar. David hizo justicia en todo según se movía, aun cuando lloraba por la muerte de su hijo Absalón y Dios se encargó de hacerle justicia a él. Dios nos ha dado promesas a todos los que creemos en Él. Así que el que busca a Dios sabe que Dios le ha dado promesas individuales, únicas y solamente las alcanzarán aquellos que se conservan en fe y en oración, porque éstas dos van unidas a las promesas. La fe orienta, ella habla, dice con exactitud y nos anima a la oración. Cuando sabemos que hay promesas nadie nos toma el pelo porque por la fe estamos bien orientados hacia la conquista. Hay que vivir bien el presente en una vida de fe para tener un buen futuro. Cuando el presente se toma en poco no se vive muy bien, luego no se puede recoger. Por eso tenemos que estar orientados hacia algo, a conquistar según Sus promesas. A veces tomamos las cosas en poco, en lo natural, pero cuando logramos ver que las cosas se consiguen porque hay una orientación por medio de la fe; Dios habla. Cuando creemos y buscamos sabemos lo que pedimos y hacia donde vamos. Hay promesas que son de cumplimiento inmediato. Jueces 7:13-15 Gedeón puso toda su fe y caminó conforme a lo que Dios le había dado para alcanzar sus promesas. Hay promesas para un año, otras para meses y otras de un día para otro. Según nos mantengamos en comunión con Dios vamos a alcanzar las promesas. El que tiene promesas camina detrás de ellas en oración porque tiene que alcanzar lo que se le ha prometido. Cuando tenemos el conocimiento de Cristo no hay argumentos que se puedan levantar contra esa fe. Ese conocimiento es como una roca en nuestras vidas, es saber para donde vamos. Por eso tenemos que cuidarnos porque sobre nosotros hay unas promesas. Aquel que barre la verdad conocida se convierte en un apóstata, un rebelde de la verdad pues ya no hay fe en él y sin ésta no se pueden alcanzar las promesas. No se puede entonces conquistar reinos, hacer justicia, tapar boca de leones porque se derrochó la grande bondad de Dios. La apostasía es desviarse de la verdad, es pecar deliberadamente, perder la fe en el que nos llamó. Cuidado. Nosotros recibimos lo que es el conocimiento de la verdad. No podemos ser como Judas que la rechazó habiendo también tenido parte y llamado como los demás once discípulos. Si hemos recibido el conocimiento y luego se repudia el nombre de Cristo con toda conciencia, se derrocha la misericordia y ya no queda más sacrificio por los pecados. El que es apóstata es imposible renovarlo y llevarlo al arrepentimiento. Su porción será hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios, es una horrenda expectación de juicio. El que conoce a Jesús, el que entiende quién es el que le ha dado vida eterna sabe su obligación, de lo que es la santificación y emprende este camino que escogió con amor y valentía. El unirnos a una iglesia para santificarnos no significa que seamos salvos por eso, sino que lo somos por la sangre de Cristo. Para ser salvos hay que creer en una verdad que es Cristo y que no podemos estar pecando como en el pasado. Nuestra salvación es por Cristo y hemos decidido vivir nuestra vida en fe luchando porque hay mucho que alcanzar. El Espíritu de Dios que nos trae a nuestra vida las buenas nuevas de salvación es quien nos convence de pecado, nos revela a Cristo y nos dice que Él es el único refugio de nuestras vidas perdidas. Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo. El temor de lo que es la palabra tiene que morar en nuestras vidas. Hagamos memoria de todo lo que hemos pasado. Para unos somos espectáculo, somos burla, pero para otros somos sus compañeros en la batalla de la fe. Luchamos con fe pues no queremos los juicios, ni que el fuego nos devore. Isaías 66:24 Compañeros somos de aquellos que nos defienden, que pelean por la verdad, entonces ¿qué nos puede detener para batallar por la verdad? Nada, ciertamente. Bueno es ser compañeros de los que están esperando las promesas aquí en la tierra. Tenemos todos que vivir santificándonos porque tenemos que poseer y alcanzar nuestras promesas. No podemos perder la confianza porque hay grandes galardones en la cercanía. Al justo lo vivido le tiene que fortalecer más para lo que será el buen presente de fe y de lucha. No podemos echar para atrás. "No perdamos la cosecha de nuestras lágrimas." El que tiene lágrimas tiene buena siembra. Las pequeñas zorras tumban las flores en ciernes de la vid. Cantares 2: 15 Si dejamos que eso suceda en nuestra viña, el día de recoger la cosecha no llegará. Tenemos que velar para no perder la cosecha de nuestras lágrimas. Más cerca está el cumplimiento de las promesas de Dios para nuestras vidas de lo que estaban antes. Por eso tenemos que tener cuidado y entendamos que no es el momento para volver atrás sino de tener los pies más firmes. Para aquí y para la eternidad tenemos promesas, riquezas en gloria, mucho que poseer. Habiendo hecho la voluntad de Dios, así será de la única forma en que alcanzaremos las promesas. ¡Cuán impetuosos somos los seres humanos! y ¡cuánta concupiscencia mora en un cuerpo! Por eso tenemos que estar gimiendo para hacer la voluntad de Dios. 1 Corintios 9: 27 Cuan hermosa es la voluntad de Dios. ¡Cuánto debemos conservar y cuidar la fe! Por que ésta es la que agrada a Dios y sin ella no podemos vivir ni conquistar reinos. ¡Ojo! ¿En qué juego el diablo nos quiere entretener? Nosotros decidimos si queremos conquistar o no. En Dios alcanzamos promesas, se mueve su reino, su justicia y ésta ha de ser manifiesta aunque haya pruebas. ¡Cuán glorioso es saber que nuestro caminar es hacia arriba! El Espíritu de gracia está en nosotros para santificarnos. El que quiere ver sus promesas nunca puede tomar por inmunda la sangre de Cristo la cual nos santifica. Cada cual debe saber lo que le corresponde conquistar. Promesas alcanzadas, ese es nuestro camino. ¡A luchar vehemente con fe en su Palabra! Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
