Dios trata con nuestras vidas y Él hace de acuerdo a como le contestamos. Si le tomamos en poco, ¡ay, de nosotros!, porque Dios no se detiene, lo que Él dice que debe suceder, sucederá quiera el hombre o no. A fin y al cabo quien pierde es la criatura y no el Creador. Nadie va a detener las promesas de lo que Él ha prometido para nuestras vidas en su Evangelio, Él lo va a hacer. Vivamos lo fácil o lo difícil que tengamos que vivir, pero nunca con rebelión, ni coraje, ni molestia sino con mansedumbre y agradecimiento, porque Jehová siempre hará.
Dios comenzó a tratar con Faraón, rey de Egipto y vería el Señor cómo le iba a responder. Sabía el Señor que el corazón de Faraón era duro, altivo, prepotente y fue tratando lentamente con él.
Dios quiere despertar lo que hay dentro del hombre para que muera a eso y le agrademos. Faraón se quiso presentar como un Dios y comenzó a desafiar al Dios único y verdadero. Faraón no tomó en cuenta que hay un solo Dios. A veces pensamos que somos pequeños dioses. Faraón era dueño de una potencia, Egipto. Tenía riquezas, hechiceros, ejércitos y además tenía como esclavos a los hebreos, al pueblo de Dios. Parecía que Faraón lo tenía todo aquí en la tierra. Pero, Moisés tenía a Dios. ¿Lo tienes tú? Es importante que lo tengas como tu Dios.
Tenemos que conocer a Dios y para eso tenemos la Palabra, las Sagradas Escrituras donde Él nos enseña quien es Él. Faraón puso toda su confianza en lo que tenía a su alrededor. No pongamos nuestras fuerzas y esperanza en lo que tenemos porque tal vez hoy estamos bien, pero mañana no. La tierra la mueve Dios, entonces dejémonos mover a lo que Dios quiere, coloquémonos en el lugar donde Dios quiere. Dios tenía unos propósitos con Faraón. Dios lleva un orden. A veces nos desesperamos, pero tenemos que aprender a vivir como vivió Moisés. Hay cosas que vivir y padecer para obtener la victoria, pararnos en el lugar donde Dios quiere, en el momento preciso. Pero como somos desesperados y no conocemos los tratos de Dios nos ponemos rebeldes y queremos que Dios nos trate diferente. La vida es dura y cambia a las personas para nunca más volver a ser iguales. Nunca tengamos ninguna reserva con Dios, entendamos su voz y no sigamos tras nuestros caprichos.
Cuando lleguemos a la casa de Dios no vayamos con nuestra vida mezclada con lo del mundo. Pensamos que podemos vivir en dos aguas y no es así. Faraón comenzó a ver las plagas de Dios una a una, poco a poco. Comenzó una guerra con Moisés de pecho a pecho, de hombre a hombre, pero Faraón guerreaba con Dios. Moisés luchaba por lo que Dios quería. Se santificaba día a día, así tenemos que vivir porque representamos a Dios. Lo triste es que el hombre en vez de ablandarse ante Dios se pone más duro, más torpe y no reacciona. La vida de poca sensibilidad nos aleja de Dios, se deja de ver a Dios, no se reacciona, se deja de sentir y después viene el ¡ay!
Faraón se hizo rebelde con Dios. Le dijo a Moisés que hiciera sacrificio en aquella tierra y Dios lo llamó para que hiciera sacrificio en el monte. A veces el hombre cree que podemos tranzar, negociar con el Señor, pero en Dios no se tranza porque Él siempre es. Si queremos agradar a Dios para nuestra vida y ser efectivos para Dios, que nuestra casa salga hacia adelante y tener el poder de Dios, nos tenemos que alejar de lo mundano. El mundo, sus pecados y males nos ensucian después de ser limpios por Jesús. Lo mundano no nos permite llegar a Dios. La Iglesia no va a lo mundano sino que lo mundano llega a la casa de Dios para buscarlo y cambiar. Si Dios no acepta lo de Satanás entonces porque aceptarlo nosotros. No tengamos parte ni suerte con Satanás. Si queremos agradar a Dios no hay mitades sino hacer y vivir la vida de Dios completamente.
No permitamos que el fuego del mundo esté metido en el fuego de nuestro sacrificio para Dios. Jehová promete que Él nos va a redimir. Mientras queramos sacrificar en lo mundano Jehová no va a cuidarnos. Pero el que anhela remontarse con Dios tiene que pelear contra las tinieblas hasta el día que Jesús nos venga a buscar. La tierra de Egipto fue corrompida, destruida. ¿Dónde quedó la gloria de Egipto? ¡Cuán pasajera y ligera es la vida!
Faraón vio como poco el mal. Así somos nosotros. Parecía que era el final de su dureza, que se había conmovido por los suyos. Si nosotros no amamos no nos conmovemos por nadie sino solamente por nuestras propias ambiciones. Un verdadero creyente nunca piensa en sí mismo.
A veces nosotros queremos obedecer más los requisitos de Faraón, los requisitos que nos quiere imponer este mundo que los requisitos de Dios. Faraón se quiso pasar de listo, pero Moisés estaba claro. Estemos claros para lo que Dios tiene para nuestras vidas. No es la confusión de esta tierra. Para mover el poder de Dios tenemos que estar dispuestos a apartarnos de todo lo mundano. Faraón nos habla, pero el Espíritu Santo que está en nosotros nos dice que no lo hagamos. Conozcamos a Dios como Moisés lo conoció. Faraón quería turbar la voz de Dios en Moisés. La voz de Dios decía que tenían que ir tres días de camino para hacer sacrificio a Jehová. Moisés había conocido muy claro lo que era la mente de Faraón. Aprendamos a conocer la mente del malvado. Debemos conocer bien quien es el mundo y al Dios a quien servimos. ¿Por qué ofrecerle a Jehová nuestro Dios las abominaciones del mundo? Moisés había decidido la pureza con Dios. ¿Hemos decidido la pureza con Dios? El que conoce a Dios sabe lo que Él aborrece. Si lo sabemos es porque el Espíritu Santo en nosotros nos lo dice.
En medio de la idolatría era imposible que Moisés llevara sacrificio a Dios. Lo puro no va a lo inmundo. Si hemos decidido la pureza, entonces lo que Dios aborrece lo debemos aborrecer nosotros. Mientas más conocemos a Dios más vamos a aborrecer lo que Él aborrece. Jehová aborrece la idolatría, le disgusta. Dios no está en la impiedad. Hoy día se pretende lo santo en medio de la abominación. El hombre y la mujer que conoce a Dios no hacen sacrificio en aquello que Dios aborrece. No vendamos la pureza que Dios nos ha dado, no nos convirtamos en Faraón porque entonces Dios nos quita lo que nos dio y después nos quita a nosotros. Ser quitado del lugar que Dios nos pone no es necesariamente la muerte sino que Dios desecha. Cuando Dios se va es cortada toda bendición. Lo santo no se mete en lo inmundo. El que conoce a Dios sabe donde está la condenación. Para Moisés todo Egipto era abominación. Ellos adoraban las ovejas, las cabras, etc. ¿Por qué meternos donde nos van a destruir, donde hay abominación si Dios no está allí y los ángeles no se meten en esas áreas? Nuestro orgullo, obedecer a nuestra carne pecaminosa es abominación a Jehová. ¿Cómo vamos a sacar el mal de nuestra casa si éste está en nosotros? Lo santo se hace en santidad, en altura y no en medio del mundo. Nos libre Dios de mezclarnos con la abominación que Jehová detesta, porque luego vendrá el dolor. Seré como Moisés, no como Faraón. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
