Mega Zoé
Estudio #0444Iglesia en las casas

No Dejaré Que Nadie Me Impida Ir A Mi Jerusalén, Allí Moriré Y Resucitaré

No Dejaré Que Nadie Me Impida Ir A Mi Jerusalén, Allí Moriré Y Resucitaré enseña a afirmarse en la resurrección de Cristo y caminar con sabiduría espiritual.

Nuevo TestamentoMateo6 min lectura

No queremos padecer ni estamos dispuestos a hacerlo, pero si un grano de trigo no cae y muere no puede dar fruto. Por eso, como el grano de trigo, tenemos que caer a la tierra y levantarnos a una vida espiritual nueva. Cuando nos levantemos siendo espirituales entonces entenderemos a donde nos es necesario ir. Jesús vino a la tierra para librarnos y por eso fue perseguido. Nosotros como Él debemos ser perseguidos y morir al viejo hombre y "resucitar." Efesios 4: 22 Colosenses 3: 5 Se nos tiene que matar la carne porque ésta es voluntariosa y tiende al pecado. No nos gusta morir a la carne, ¿cómo entonces "resucitaremos" a una vida espiritual? Para "resucitar" y que haya gozo hay que morir al viejo hombre. Por eso tenemos que tener persecuciones y enfrentarnos a ellas sin ningún miedo. Cuando "muramos" vamos a resucitar a lo que es espiritual. Es un proceso, no le huyamos a tales procesos. El que vence en el proceso de enfrentarse a la persecución, a la muerte del yo y de la carne, aprenderá mucho y vivirá una vida espiritual agradable a Dios y victoriosa. Tenemos que estar aprendiendo todo los días. Es mejor morir a la carne y no morir al Espíritu Santo, porque por mucho que hagamos si no es en el sentir del Espíritu Santo en vano será nuestro trabajo.

Jesús le habló unas verdades fuertes a Pedro. Mateo 16: 21 Los discípulos estaban esperando a aquel Mesías, la promesa de un guerrero que los libertaría y que restauraría el trono David, pero Jesús no vendría así. Jesús no era como ese gran Mesías que ellos estaban esperando porque no vino con ropas espléndidas ni con grandes armas. A nosotros nos pasa lo mismo, porque hemos visto la gloria de Dios en nuestras vidas en muchas ocasiones y cuando nos pasa algo malo comenzamos a actuar igual que ellos. Si aprendemos cuál es la trayectoria de esta vida entenderemos lo necesario que es ser espirituales. A veces nos obstinamos a ser tan naturales y carnales luchando para ser como queremos y no como Dios quiere. Entonces vemos que nos agrietamos, que nos hacemos pedazos por dentro y nos atribulamos. Lo mejor para nuestras vidas es entender lo que es la vida espiritual y así lograr amar. Y para amar como el Señor nos manda hay que poner empeño. Por eso, para romper esa dureza se necesita ser maltratados y quebrantados. Jesús tuvo que poner la cabeza en alto y decidir con firmeza que tenía que ir a Jerusalén, sabiendo que no le convenía ir en ese tiempo porque lo iban a matar. Nosotros también tenemos que ir a nuestra "Jerusalén" aunque nos maten, porque allí vamos a "resucitar", allí vamos a aprender a ser espirituales. La persecución, el dolor y su muerte no fue lo grande para Jesús, lo grande era que iba a resucitar glorioso y no quedaría como un derrotado. Hagamos igual.

Para algunos les es bueno esconderse para huir y mientras lo hacen están supuestamente bien porque no van a la boca del león, no van a la muerte, pero tampoco van a tener resurrección. Vayamos a nuestra Jerusalén. A veces nos escondemos detrás de muchas cosas y así no llegaremos a ningún lado. Mejor es estar dispuestos a hacer lo que tenemos que hacer, no tenemos porque huir. ¿Cómo nos esconderemos al proceso de Dios? El que no quebranta la carne no puede resucitar y es necesario que la carne caiga, nos levantemos y demos el fruto. Estamos en la conquista de lo que es nuestra Jerusalén y debemos saber que nuestra carne debe morir para saber movernos en Dios. En ocasiones nos toman aparte los nuestros, nuestros amigos y nos dicen que no muramos. El enemigo no nos busca un extraño sino a aquellos que están más cercanos a nosotros. No nos podemos dejar que nos escondan aquellos que nos aman, tenemos que ir a Jerusalén y hacer la voluntad de Dios.

Pedro fue llamado. Jesús, el que lo llamó es mayor. Pero, Pedro quería persuadir a Jesús para que no pasara el proceso de Dios. Pedro pretendía interrumpir lo que era la voluntad de Dios. Jesús sabía que quien no quería que pasara aquel proceso era Satanás y al final Pedro también lo logró entender. Jesús no estaba mirando a Pedro cuando le hablaba sino a Satanás que estaba detrás de Pedro y éste repitiendo, era el eco de la voz de Satanás quien no quería que Jesús fuera a la cruz. Pedro lo entendió. No permitamos que nadie ni nada nos impida lo que tenemos que vivir. El sentimiento quiere amarrar, por eso el diablo busca que nos venga a detener alguien de los nuestros y no un extraño. El plan del diablo de aprovecharse del sentimiento de Pedro fracasó.

Que nada ni nadie nos conquiste sino el Padre, Él si sabe donde nos va a llevar. No nos dejemos controlar de la voz del diablo. Si vemos al hombre y tropezamos con éste, movámonos y miremos lo que está detrás porque la voz que está hablando es la de Satanás. Cuando conozcamos quien es el que está hablando vamos a decir como Jesús, "vete de mi Satanás" No nos equivoquemos del camino y no nos levantemos en contra del hombre de la tierra. Esta lucha no es contra hombre sino contra Satanás que se levanta. Lo que tenemos que hacer como pueblo hagámoslo. Jesús dijo: "Quítate…, me eres tropiezo". Que nuestra alma no se abata cuando se nos diga algo así. Pedro había estado caminando con Jesús en todo lo que era éxito, pero ahora le era necesario "morir" para luego alcanzar. Cuando venimos a Jesús queremos la prosperidad y todo bueno. Pero, recordemos que Jesús tuvo persecución, muerte y resurrección. Y Él dijo que nos neguemos a nosotros mismos, que también tomemos nuestra cruz y le sigamos. Lucas 9: 23 Necesitamos entender lo que es tomar nuestra cruz, tenemos que negarnos porque muchas veces somos obstinados con nosotros mismos. Tomemos la cruz y sigámosle y no nos lamentaremos nunca.

Hay que ir a Jerusalén donde Dios no nos dejará solos. El valiente toma su cruz, es capaz de negarse a sí mismo. Mientras más vivamos para nuestra carne, para lo nuestro, más interrumpiremos y detendremos el proceso de lo que Dios quiere. La carne se descompone, pero el Espíritu no. Al vivir en el Espíritu sabemos que vamos a tener consolación, pero al vivir en la carne se vive en desquite, rebeldía y en hablar en contra de Dios. Muramos a la carne, pues el valiente tiene recompensa. Nuestra confianza no puede estar en nuestras fuerzas sino en Dios, que nos ama. La vida es riesgo, Jesús vivió sus riesgos. Cuando aceptamos la persecución como parte del proceso para morir y resucitar tendremos recompensa en la gloria con el Padre. Para hacer la obra para Dios hay que negarse a uno mismo. Él vendrá y grandes recompensas nos dará por la obra de nuestras manos. De Él vendrá nuestra recompensa, el pago. Si hemos vivido en el Espíritu tendremos buen pago, tendremos una buena recompensa. Hermano, en nuestra fe Dios se hace grande. Dejemos de cuidarnos tanto y hagamos la voluntad del Señor, hagamos lo que Él quiere, vayamos a Jerusalén. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz