El que busca a Jehová es guardado del día del enojo. En la vida todo es vano, pasajero; un trabajo, un carro,
una casa pasan. Pero Dios nunca pasa, Él no es historia, Él es el mismo hoy, ayer y por los siglos. Él siempre
estará presente en todo lo creado. Por eso es que Dios es el único que puede librar del día del juicio al que gusta
agradarle. El deseo mayor que debe tener todo ser humano es agradar a Dios porque si estamos vivos es porque
Dios nos ha dado la vida, Él es Dios y le place sanarnos y librarnos. Todo lo material que podemos poseer ha
corrido y corre de mano en mano al pasar los años y las edades, nada terrenal nos es dado para siempre. No nos
aferremos a nada aquí en la tierra pues no será para siempre. El amor al dinero es malo porque transforma las
vidas, los hace tontos, se extravían de la fe y les trae muchos dolores. 1 Timoteo 6: 10 De esta tierra nada es
nuestro, hoy tenemos, pero mañana no, todo pasa. Debemos pesar la esencia de lo que es la vida, entonces le
vamos a dar a Dios nuestro corazón, para poder disfrutarla completamente en Él.
Debemos conocer el carácter de Dios. Cuando lo hacemos, entonces ese conocimiento se hace en nosotros
una convicción que nos libra para ya no volver a pecar. Cuando Dios está dentro de nosotros aquellos que nos
conocen también quieren conocer al Dios al que le servimos. El día que nos convertimos comenzamos a
conocer el carácter de ese Dios de amor, grande, glorioso y también temible. Mientras más conozcamos el
carácter de Dios mejor nos va a ir y será nuestro Jehová "Jireh" (Proveedor), "Rohi" (Pastor), "Shama"
(Presente), "Shalom" (Paz), etc., ese es el carácter de Dios, ese es Dios. Mientras más lo conozcamos mejor
vamos a caminar en esta tierra. Lo mejor es conocer a Jehová, al Dios poderoso, glorioso y temible.
El carácter es lo propio de alguien, lo particular, es lo que nos distingue de los demás. Dios se distingue en
su soberanía, en su grandeza. Desde esa realidad es que debemos conocerlo. Si decidiéramos conocer más a
Dios no hubiera tantos problemas en las vidas. Los muchos problemas vienen porque no hay más dedicación
para conocer a Dios con más profundidad. Es necesario conocer a Dios porque la vida es difícil. Conocer a
Dios es lo más grande. Mientras más decidimos conocerlo, Él comenzará a moverse a favor nuestro. Cuando
nos vemos limitados lo que Dios espera es que demos un paso, que nos movamos en fe, solamente un paso de fe
y lo demás Él lo hará. Dios siempre ha salido a nuestro favor porque hemos movido la fe. Él lo que quiere es
que sepamos que Él va a obrar, que va a hacer. Dios quiere que conozcamos lo grande y poderoso que es.
Dios es eterno. El conocer a Dios es saber cómo el actúa, qué siente, es conocer lo que se susurra en el
Cielo. El quiere que vivamos en fe, que nuestro sentir sea del Espíritu Santo. Dios no se equivoca, no va con
sentimientos. Tenemos que conocer a Dios y comenzaremos a vivir como Él. El gran problema es que algunos
viven como mejor les parece. Han dejado de conocer quien es Dios porque en ellos no hay humildad. El
hombre humilde es el que sabe que carece de fuerzas. No nos podemos sentir autosuficientes delante de Dios,
si es así es porque no hemos conocido su carácter. Cuando dependemos de Dios completamente es porque le
conocemos. Cuando hay mansedumbre y humildad se ve la fe que hay en el hombre.
Cuando no se conoce a Dios se vive con la fuerza de uno mismo. Entonces ¿quién nos puede librar del día
del enojo de Jehová? De las puertas de la Iglesia hacia afuera es cuando dejamos ver quién es este Dios.
Cuando decidimos conocer a Dios le vamos a amar.
1 Pedro 4:17, 18 Si el justo se salva con dificultad, más claro vemos que debemos conocer el carácter de
Dios. El juicio va y entra por la casa. Todo juicio viene del Cielo. No nos podemos quejar de lo que
padecemos. Santiago 3:13 Aquel que conoce a Dios y conoce su carácter día a día se hace sabio y experto
demostrando con su buena conducta, con obras hechas en humildad que le teme y que tiene conciencia de su
gran responsabilidad. Nuestra responsabilidad con Dios es lo primero. Un día tendremos que presentarnos
delante del Tribunal de Cristo y dar cuenta de lo que hicimos. 2 Corintios 5: 10 El no cumplir con nuestra
responsabilidad por no conocer a Dios sería un gran mal en nuestras vidas. Nuestra conducta es la gran clave
porque dice lo que hay dentro. Lo que hemos conocido y aprendido, la forma en que nos conducimos, nuestras
obras, dejan ver la fe que hay en nosotros. Según la fe que tengamos así serán nuestras obras. El fruto de
nuestras vidas dice si tenemos fe o no. Nuestro fruto es nuestra fe. Este fruto es eterno. Hoy día muchos
carecen de buena conducta. Cuando hay la sabia mansedumbre se gime, se pide perdón a Dios. Pero, la sabia
mansedumbre no la hay en el que no conoce a Dios. Cuando el manso es sorprendido se muere de vergüenza.
Lo más complicado en nosotros es el alma. El alma vive turbada, por eso Jesús vino a salvarla, a salvar
nuestra alma perdida. Hay que ver la inmundicia que hay en el alma y desecharla porque somos mansos y
sabios, conocedores del carácter de Dios. Todo lo que sea un vestido sucio en nuestras vidas desechémoslo. El
mundo vive en todo tipo de impureza mental, moral y física. Pero, Dios es Santo, tres veces Santo, todo lo que
es inmundo nos separa de Él y entonces viene la muerte, la destrucción. Toda impureza aleja a la persona de
Dios, y si sucede así es porque no se conoce a Dios. La abundancia de malicia los residuos del viejo hombre
cuando éramos inconversos saquémoslo. Efesios 4: 22 Amemos todo lo justo, lo verdadero, amemos el
carácter de Dios y respetemos que nos vamos a presentar delante de Él. El pecado que sale de alguien le hace
daño a la persona misma y a los que están a su alrededor.
Seamos apacibles, mansos, sencillos para la Palabra de Dios. Al no tener mansedumbre la Palabra no se
recibe. Si no hay mansedumbre la Palabra no puede ser metida dentro de uno. La soberbia lo impide. Pero, la
Palabra implantada puede salvar nuestra alma. Solo aquellos con espíritu dócil, manso pueden experimentar el
máximo beneficio de las Escrituras. Para que la Palabra sea implantada hay que tener espíritu de mansedumbre.
Isaías 66:2 La Palabra es un sagrado depósito para el que nace de nuevo. Es el manual del bien que tenemos
sobre esta Tierra para conducir nuestras vidas a donde tenemos que ir. Es lo que Dios emplea en nuestro nuevo
nacimiento para enseñarnos. Ella nos libra de todo el daño de esta vida. Si la conocemos nadie nos engaña. La
Palabra nadie la cambia y puede sanar nuestra alma. El Diablo no quiere que nuestra alma se salve. Seremos
guardados en el día del enojo de Jehová porque el justo vive cuidando su vida todos los días. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
