En aquella ocasión el Maestro se dirigía a la casa de uno llamado Jairo, y había una multitud que le
seguía y le rodeaba. Todos querían tocar a Jesús, así que a Él no se le hacía fácil caminar entre aquella
multitud. Pero, el Maestro quería salvar, sanar a la hija de aquel hombre que vino humillado delante de Él.
Muchos le lloraban y le gritaban. A veces vivimos gritando y atribulados. El ser humano se complica mucho las
cosas, pero podemos ver el amor del Padre sobre nosotros, cuánto nos ha tolerado en nuestro andar, porque ve
en nosotros un deseo y lucha hacia la perfección la cual vamos a alcanzar. Jesús estuvo un promedio de tres
años sobre la tierra. La gente iba a Él para que los sanara, para que le supliera las necesidades que tenían y nada
más. Así no podemos ser nosotros, vayamos a Él y comencemos a amarlo con todas nuestra fuerzas.
Según el vs. 24, Jesús iba camino a la casa de Jairo y mientras eso sucedía había también una mujer que
con ligereza y gustando de mucha astucia se acercó a Él y le tocó. No eran los planes de Jesús detenerse en
aquel momento para nada. Él sabía a lo que venía y lo que quería, pues Jesús era muy estable. Iba camino a
hacer bien a la hija de Jairo y aquella mujer se le metió al medio, le interrumpió y Jesús no pudo caminar más.
Aquella niña, la hija de Jairo había muerto. Pero, Jairo llegó a Jesús con mucha fe. Al igual que Jairo, la
mujer también tenía mucha fe. La fe le impartía un gran valor a aquella mujer que había gastado todo lo que
tenía en su enfermedad. Su fe provocó en ella atrevimiento. Ella ya no tenía nada que le ayudara a poder
conservar su vida, sino solo la fe en Jesús. Vs. 26 Y por su fe cambió el rumbo del Señor. Fueron doce años de
enfermedad. Vs. 25 Parece que ella había escuchado sobre los milagros de Jesús. Sucede que de acuerdo a lo
que oímos, eso es lo que provoca la fe en el ser humano. Y Jesús no se cansa de hacer, pero los hombres sí.
Nadie puede romper las cadenas que atan al hombre, nadie nos puede consolar de verdad, ni sanarnos, etc.,
pero Jesús sí puede. Por eso, ésta mujer interceptó a Jesús, se le metió al medio y así lo tenemos que hacer
nosotros. El diablo pretende estorbar este camino con chismes de aquel y del otro para interrumpir nuestro
caminar. No se lo permitamos. En aquella mujer había fe y por eso dijo la frase: "si tocare tan solamente su
manto…" Ella tenía una fe violenta dentro de su ser, una fe más poderosa que el mal que podía tener en su
cuerpo. Por eso, tuvo que aligerar sus pasos y viendo la multitud una sola cosa quería, tocar el borde de su
manto. ¡Eso es fe! A veces se tiene a Jesús crucificado y muerto y nada más. Pero, por el oír la Palabra viene la
fe. Ella estaba resuelta por su fe, por lo que había escuchado hablar acerca del Señor, por la palabra y por el
testimonio de Jesús. Por eso tenemos que tener cuidado porque si algo debemos hablar es en fe. Hay temas que
solo son para endurecer el corazón y conversaciones que solo sirven para traer mucho mal. Si aquella mujer
hubiera escuchado hablar mal de Jesús no hubiera corrido a buscar el milagro. Si como iglesia hablamos de este
poder y de como la gente se ha estado convirtiendo provocamos que otros sean sanados y salvados y que
nuestra fe se mantenga activa. Estemos siempre llenos de fe y corramos detrás de Jesús.
Como ella estaba resuelta en su fe hizo lo que planeaba, tocó el borde del manto de Jesús. De aquel
intento se vio coronada con éxito, quedó completamente sana. Ella sabía a donde llegar y nosotros también
tenemos que saber a donde llegar. Nuestro mapa está en nuestras rodillas y tenemos que ir descubriendo cada
día cual es nuestro rumbo. Ella quería que todo fuera secretamente, pero en el corazón de Jesús aquella sanidad
no quedó en secreto. Algo sucedió y Jesús no la iba a dejar ir, quería dejarle ver que Él era su salvador. Jesús
sabía que de Él había salido poder divino cuando ella lo tocó. Había salido poder, virtud que los que caminaban
con Él no habían provocado. No olvidemos que Jesús está a la diestra de Dios siempre intercediendo por
nosotros. Es creerle sabiendo que de Él sale el poder para sanar y llenar la iglesia de su gloria. Jesús sabía que
era ella quien lo había tocado y quería sacarla de la multitud, tenerla frente a frente. Tenemos que salir de lo
que nos está atormentando y mirar a Jesús porque Él está dispuesto a hacer. De Él viene la sanidad. Ella pudo
decir que su fe no fue en vano. La fe causa grandes milagros. No nos acostemos angustiados sino con fe. En los
problemas, en la angustia tengamos fe en Él. Agradamos a Jesús cuando mantenemos activa nuestra fe.
Los discípulos le cuestionaron que preguntara quien lo había tocado. Vs. 31 Tanta familiaridad en ellos
degeneró en cuestionamientos al Hijo de Dios. Cuidémonos, mantengamos una distancia. A veces se hace
costumbre ver los milagros y por la familiaridad se degenera en desprecio a lo santo, cuidemos y conservemos
lo sublime, lo santo de Dios. Ellos pensaron que aquella pregunta de Jesús no tenía sentido. Tenían que derribar
todo argumento para tener la mente de Cristo. Los argumentos se hacen nuestros maestros y nos embrutecemos.
El que tiene anhelo y vive en fe mueve a Dios. Con fe provocamos que Él sepa que estamos cerca y haga el
milagro. Ellos no podían saber quién era aquella mujer en quien hubo el milagro. Jesús estaba esperando que
ella lo dijera y su mirada tierna, llena de amor la siguió buscando entre la multitud hasta que ella no pudo más.
El sabía que de Él había salido poder, no le iba a reprochar sino a alagar su fe. Aquella mujer se echó a sus
pies e hizo su confesión delante de todos. No porque Jesús lo necesitara sino para que aquella multitud supiera
que no han cesado los milagros. Jesús lo conoce todo. Necesitamos ver milagros porque hay cosas que no se
compran. Un milagro viene de Jesús quien murió por nosotros. Llega la salvación por creerle. Las palabras de
Jesús fueron bien consoladoras para aquella mujer. Ella salió de su casa sin saber si Jesús podía detenerse por
ella, pero se esforzó y encontró finalmente una salvación. Fue salva con fe, tuvo paz, fue sanada, encontró más
de lo que había pensado. Ella no conocía mucho, pero por su atrevimiento, determinación y deseo encontró
más. En Él hay abundancia, lo llena todo. Aquella mujer llegó sin nada y se fue llena de todo. Así que vale la
pena luchar, luchemos y activemos nuestra fe tal como lo hizo ella. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
