La FE es lo que nos puede librar de todo lo que nos puede hacer mal o daño. Conforme a nuestra FE será hecho lo que pedimos. (Mateo 9:29 "Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho.") Necesitamos FE para dirigirnos a Dios y pedirle o rogarle sobre algo que queremos que Él haga. Así que para obtener respuesta de Dios lo que hay que tener es FE. Tener esa confianza de que Él hará. Bien dicen las Escrituras en Hechos 11:6: "Pero, sin FE es imposible agradar a Dios…" También dice en Lucas 18:8 "Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará FE en la tierra?" ¿Hallará FE en la tierra? Jesús dio una mirada hacia el futuro y pudo notar que al final de los días existirían las condiciones para permitir que esto fuera cierto. El mundo se ha cerrado para las Escrituras, no quieren los Mandamientos, no conocen el Evangelio y además citan algunos dichos como si fueran versículos. LA FE involucra una evidencia en el corazón sobre las cosas que no se ven. Es tener la fe de un día o de años mientras que el problema todavía no se resuelve; es esperar creyendo que Dios mirará nuestra aflicción y llegará a salir por uno para bien.
Aunque Jesús en aquellos momentos se quería esconder de la gente, no pudo. Marcos 7:24 "Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse." ¡La necesidad que tenía una mujer lo descubrió! Marcos 7:25, 26 "Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de Él vino y se postró a sus pies. La mujer era griega y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio." Tu necesidad descubre donde está Él para que haga su poderosa obra en aquello que te agobia. Jesús había ido a la región norteña de Tiro y Sidón, eran aquellas tierras territorio gentil. Jesús estaría por allá hacia el norte buscando un escape temporal. Sin embargo, podría ser que estaba buscando un encuentro con alguien que estaba desesperada y que necesitaba de su poder. Los suyos, el pueblo judío, lo habían marcado como si fuera un pecador. Claro, según ellos alguien que era un pecador no podía ayudarlos. Aquella gente se creía lo más grande y por eso rechazaron al Justo, al Enviado de Dios, al Mesías, al Salvador.
Pero, la mujer gentil sí acudió a Jesús para pedirle por su hija. Ella no hizo como algunos hacen, que cuando más deben acercarse a Jesús más huyen de Su presencia. Se hace eso por miedo de que Jesús nos rechace, por miedo de decir lo que nos sucede, ¡qué terribles somos! Jesús le habló a aquella mujer y le dijo que no estaba bien quitarles el pan a los hijos para dárselo a "los perros." Marcos 7:27 "Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos." Así que, de primera, Jesús no le concedió lo que ella quería. Tendría que convencer al Señor de que tenía fe en Él, convencerlo de que le creía. Esto se parece a lo que vivimos cada uno de nosotros. Aquello que le dijo Jesús parecía una respuesta negativa y dolorosa. Pero, Jesús cuando mencionó a los perrillos dejó entrever una pequeña esperanza, como si dijera: "pero puede haber algo para ti." Aunque pareciera que fuera lo poco que pudiera recoger, aunque fueran migajas. Jesús le dijo que la comida no podía darla a los perrillos y ella supo contestarle; lo hizo con tanta fe y humillación delante del gran Rey. ¡Se hizo una mujer sabia!
Aquella mujer sirofenicia, que no era judía sino gentil, conocía el corazón de quién tenía al frente; ella sabía que Aquel no era cualquier hombre: ¡ERA Dios! Era alguien que podía dominar los demonios, era nuestro Jesús quien domina los demonios, quien ama, quien cuida y escucha a alguien frágil como ella. Marcos 7:28 "Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos debajo de la mesa comen de las migajas de los hijos." Ella le respondió algo así: "¡Dame aunque sean migajas, porque las migajas para mí serán lo más grande de mi vida si vienen de ti!" Ella sabía que Jesús le hablaba con una sonrisa para ella, sabía que la puerta estaba entre abierta para entrar y conseguir lo anhelado. Ella supo empujar aquella puerta de fe y abrirse paso hacia el milagro que necesitaba. ¡ASÍ ES COMO SE DEBE IR A JESÚS! ¡Empuja tú también la puerta! ¡Una gran sonrisa de tu Creador encontrarás!
Para ese tiempo y lugar se comía con las manos, se tomaba un pedazo de pan y se le tiraba después algo a los perrillos de la casa. Así que la mujer pareció decir: "Yo sé que a los hijos se les da a comer primero, pero: "¿no me vas a dejar a mí alguna migaja de las sobras de los hijos?" A Jesús le encantó aquella respuesta. Marcos 7:29, 30 "Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija. Y cuando llegó ella a su casa halló que el demonio había salido y a la hija acostada en la cama." ¡JESÚS HALLÓ FE EN AQUELLA MUJER GRIEGA Y SIROFENICIA DE NACIÓN! Una fe luminosa que no aceptaba la negativa como respuesta. Era una mujer con la tragedia de una hija desdichada y aunque su fe había sido sometida a prueba había salido triunfante. ¡Su oración había sido contestada afirmativamente! ¡No había demonio que pudiera resistir tanta fe en una mujer hacia su Señor! ¡SE HACEN NADA LAS COSAS NEGATIVAS Y ADVERSAS ANTE TANTA FE EN EL PODEROSO SEÑOR! ¡Tengamos una fe así, que no se rinde! Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
