Somos plantío de Jehová; fuimos creados para su gloria. Cuando Él nos creo estábamos en el pensamiento de Dios desde antes de la fundación del mundo. No hay nada más grande en la tierra que el amor, es lo único que nos sostiene. Nuestra lucha es hasta el final de esta carrera. Somos un plantío de Jehová para gloria suya. Cuando Dios nos mira ve su gloria no a nosotros. Él no puede que somos "pequeñitos" o "pobrecitos" sino que somos gloria suya. No somos árboles silvestres sino un plantío seleccionado por Jehová. Nunca un hombre puede decir que la iglesia es suya sino plantío de Jehová para gloria suya. A Él le satisface porque somos olor grato y nosotros tenemos que entender que tenemos que glorificarle constantemente.
Levítico 10:3 En medio de todo un pueblo Jehová es glorificado. En los que a Dios se acercan Él se santificará. Así que si nos acercamos a Dios Él se santificará. Cuando nos acercamos a Dios sucede algo. Dios busca de nosotros la santidad porque un Dios santo tiene un pueblo santo. A los hijos de Aarón se les olvidó que Dios se santificaría en ellos si lo buscaban en santidad. A veces bajo tanta gracia pasan los días y se nos olvida que le servimos a Dios. El pecado y la murmuración hacen que un pueblo completo se detenga. Los hijos de Aarón se convirtieron en cenizas delante de Dios y Aarón no pudo hacer nada por detenerlo, ni siquiera se le permitió llorar o defender porque cualquier palabra suya era levantarse en contra del Dios vivo. Cuando Dios ordena es peligroso, cuando no podemos ver cuando las cosas son santas hay juicios horrorosos y temibles. Cuando no se hacen las cosas como Dios ha mandado es quitarle a la Palabra de Dios. Añadirle o quitarle a la Palabra es pecar, a Jehová le desagrada. Los juicios de Dios son fuertes. Nosotros no tenemos nada por derecho sino porque Dios nos lo ha dado por su buena voluntad, por amor, no por derecho. Tenemos todo por la gracia de Jesús. Ninguno de nosotros tenemos derecho a quitarle o a añadirle al plan de Dios para nuestras vidas.
Salmos 1:3 En el creyente no hay esclavitud de nada. Lo que hagamos va a prosperar. El pueblo de Dios camina hacia adelante. Somos árboles plantados no árboles silvestres. Somos un plantío donde Dios se tomó todo el esfuerzo en hacer un hoyo profundo y plantarnos, somos árboles escogidos de su propiedad. Dios que nos tomó, plantó, sembró, somos de su propiedad, protegidos y cultivados por Él. No estamos aquí de puro gusto sino porque Él nos escogió. Somos árboles donde Jehová nos buscó, nos sembró, nos dio forma y nos libró de tanto mal. No somos la escoria de esta tierra sino un plantío para gloria de Él. En el poder de Dios nada está fuera de su alcance. Toda planta que el Padre no ha plantado será quitada. Dios nos plantó junto a corrientes de aguas entonces no tenemos por qué estar secos ni carecer de nada ni morir.
Hay ríos que fluyen como el perdón, la gracia y hay promesas para nosotros. No somos cualquier cosa, somos árboles. Este plantío es lo que nos lleva a la eternidad, pero si no estamos plantados como árboles no vamos a tener eternidad. En la vida del creyente hay provisiones que no fallan nunca porque nuestro Dios siempre da provisión. Él da su fruto en su tiempo. Cuando el hombre se deleita en la Palabra de Dios recibe instrucciones. El "árbol" que lee la Palabra de Dios va a saber que tiene instrucciones de ella. El que da su fruto en su tiempo es aquel que usa de paciencia en la hora del sufrimiento. En nuestras pruebas debemos tener fe, la certeza de lo que no se espera, la convicción de lo que no se ve.
El hombre que tiene gracia da fruto y ese fruto es la sazón para el que lo come. Debemos saber que si somos árboles damos fruto y sazonamos la casa de Dios. No hay ninguna razón para que el árbol se vaya alejando del que lo plantó. El que quiere salir del plantío es porque deja a Dios y no quiere darle de su fruto a nadie. Cuando un árbol no está en aguas profundas se va alejando de la casa de Dios y eso es triste. El que tiene profundidad su hoja no cae. Tenemos que dar nuestro fruto. Somos un plantío, pero para algunos le es mejor decir que están fuera y nunca hacen el compromiso de unirse, no hay ningún sentido de responsabilidad.
Debemos dar fruto porque somos parte del plantío. Un árbol no se come su propio fruto sino que es para el que lo desea. Para que Dios se glorifique tenemos que ser un árbol fuerte con buenas raíces. Aquel que da su fruto nunca deja podrir el fruto en su árbol sino que lo reparte y mientras más da el fruto más va a prosperar. Hay bendiciones para nosotros, pero muchas están escondidas en la cruz que tenemos que llevar, en la aflicción. Nuestras luchas nos preparan para poder obtener. En lo que vivimos está escondido nuestro prosperar, pero si huimos o nos quejamos no podemos prosperar. Nuestras pruebas y tribulaciones pertenecen a la provisión del Cielo. Todo eso viene de Dios, por eso tenemos que vivir en fe y con mucha paciencia,
Salmos 92:12 El justo florecerá como palmera y crecerá como cedro; el justo tiene promesa. El verdor de las ramas es un honor para la raíz. Las ramas le dan honor al trabajo eficiente de la raíz. Nuestra raíz dice qué fruto damos. Nuestro hermano necesita de nuestro fruto. Nuestro fruto no nos pertenece a nosotros. A veces permitimos que los grandes chorros vengan a arrebatarnos nuestro fruto. A veces en nuestro sufrimiento no permitimos que nuestro árbol siga creciendo porque no queremos tener paciencia y se nos olvida que somos árboles, plantío de Jehová para gloria suya. Jesús fue destrozado para que nosotros fuéramos un plantío que diera fruto y curemos las heridas producidas por el pecado. Entonces, ¿por qué no hemos de dar el fruto y ser esos árboles frondosos que debiéramos haber dado fruto ya?
Judas 12 Un buen árbol nunca más abre puertas a la rebelión sino que sabe lo que quiere.
Jeremías 17:7,8 Nosotros estamos plantados junto a las aguas entonces qué nos puede sacar de Jehová. Mientras más se levantan contra nosotros nos hacen más fuertes y ponemos un carácter más determinado una convicción determinada porque el que confía en Jehová será como árbol plantado junto a las aguas. Nosotros debemos ser un árbol escogido en el que se ha puesto mucho interés para plantarlo en el mejor terreno y junto a las corrientes. Este árbol no le teme al calor ni al día de la sequía porque tiene suficiente agua. Como árbol tenemos que ser hermosos para la vida, para los demás. El árbol que siempre tiene hojas es el que va a dar fruto. Si tenemos la fuente no hace falta la cisterna. Nuestro árbol no puede depender de la cisterna porque un día ésta deja de ser. Dejemos de ir a las cisternas vayamos a Dios. Nosotros tenemos que llevar ese fruto siempre. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Somos Plantío De Jehová
Isaías 61:3
“y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.”
No somos árboles silvestres: somos un plantío que Jehová escogió, plantó junto a corrientes de aguas y cuida para gloria suya. Y un árbol plantado por Dios tiene que dar fruto. Estos son los puntos del estudio para llevarlos toda la semana.
- Somos plantío de Jehová, creados para su gloria desde antes de la fundación del mundo. Cuando Dios nos mira no ve pequeñitos ni pobrecitos: ve su gloria, y ningún hombre puede decir que la iglesia es suya.
- En los que a Dios se acercan Él se santificará (Levítico 10:3). Los hijos de Aarón lo olvidaron y fueron hechos cenizas: añadirle o quitarle a lo que Dios mandó es pecado, y sus juicios son fuertes.
- Dios se tomó el esfuerzo de hacer un hoyo profundo y plantarnos junto a corrientes de aguas (Salmos 1:3). Somos árboles escogidos, protegidos y cultivados por Él; no tenemos por qué estar secos ni carecer de nada.
- El árbol da su fruto en su tiempo. El que se deleita en la Palabra recibe instrucciones, y el que usa de paciencia en la hora del sufrimiento es el que da fruto.
- Un árbol no se come su propio fruto: lo reparte, y mientras más da, más prospera. Nuestro hermano necesita de nuestro fruto; el que se aleja del plantío es porque deja a Dios y no quiere darle fruto a nadie.
- Muchas bendiciones están escondidas en la cruz que llevamos y en la aflicción. Si huimos o nos quejamos no podemos prosperar, porque nuestras pruebas también pertenecen a la provisión del Cielo.
- El que confía en Jehová es como árbol plantado junto a las aguas (Jeremías 17:7-8): no teme al calor ni a la sequía. Si tenemos la fuente no hace falta la cisterna, porque un día la cisterna deja de ser.
Mira qué fruto tienes guardado —tiempo, ayuda, una palabra— y repártelo esta semana a un hermano que lo necesite, en vez de dejarlo podrir en el árbol.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Dios Planta un Arbolito
Isaías 61:3
Para leer en voz alta con los niños
“y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: Dios dice que su pueblo es como un huerto de árboles que Él mismo sembró, para que se vea lo grande que es Él. El estudio dice que Dios hizo un hoyo profundo y nos plantó junto al río.
- Tú no eres un árbol silvestre que salió por casualidad en el monte. Dios te pensó desde antes de crear el mundo, te escogió y te plantó con cuidado.
- Dios es santo, y quiere que el que se acerca a Él lo haga con respeto. Los hijos de Aarón no hicieron lo que Dios mandó, y eso les costó la vida.
- Un árbol plantado junto al agua no se seca. Cuando lees la Biblia y oras, es como si tus raíces tomaran agua fresca del río de Dios.
- Un árbol no se come sus propias frutas: las regala a los que tienen hambre. Tu fruto es para compartirlo: una ayuda, una sonrisa, una palabra buena.
- Pero cuidado: la fruta que no se reparte se pudre en la rama, y el árbol que se aleja del agua se va secando poco a poco.
- A veces viene el calor fuerte, que son los días difíciles. No te quejes ni salgas corriendo: con paciencia, el árbol que confía en Dios sigue verde y da fruto.
¿Qué fruto bueno puedes regalar esta semana en tu casa?
Escoge a una persona de tu familia y ayúdala en algo todos los días, sin que te lo pidan.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
