Mega Zoé
Estudio #0501Iglesia en las casas

Cuando Uno Es Piadoso Ama La Presencia de Dios En Su Casa

Cuando Uno Es Piadoso Ama La Presencia de Dios En Su Casa llama a cuidar la vida del hogar delante de Dios y perseverar en la oración.

Antiguo Testamento1 Samuel6 min lectura

Cuando uno es piadoso ama la casa de Dios y vive deseando la presencia de Dios en ella. El pueblo de Dios tiene que buscar la manifestación de la gloria del Señor, por eso tenemos que estar concientes de qué es lo que hacemos. Si queremos que la gloria de Dios se manifieste tenemos que hacer lo que nos corresponde, pero para esto hay unos requisitos de valores espirituales. A veces según va pasando el tiempo vamos adquiriendo muchas mañas, se pierde la fe y llega la turbación, por tal razón lo mejor es conocer las Escrituras. Hoy día en muchas de las iglesias se ha tomado como costumbre hacer festejos sociales con motivo de cualquier cosa, entonces la gloria de Dios no puede estar allí. La casa de Dios es para adorarlo a Él y Él descender. Entonces, de esa manera equivocada se le va quitando el honor a Dios poco a poco. Nosotros tenemos que cuidar lo santo y lo reverente que es la casa de Dios porque ese es el lugar donde vamos a adorarle y bendecirlo, es el lugar donde vamos a oír Su palabra. Es el lugar que Dios nos ha dado para Él glorificarse, donde nos sana y nos bendice. Cuando entendemos el valor de todo lo que Dios ha hecho en nuestras vidas y vemos que Él está presente no estaremos buscando Su misericordia sino Su gracia; así encontramos el favor de Dios. La nuera de Elí estaba encinta y no pudo aguantar el impacto de las malas noticias que recibió porque se estaba hablando de lo sagrado, el Arca de Dios había sido quitada de Israel. La gloria de Dios siempre estará, porque no es por nuestro estado de ánimo que Dios se manifestará a su pueblo, ni por nuestra enfermedad que lo pueda impedir, porque Dios es Dios, Él es grande y se hará presente como Él quiere hacerlo. La nuera de Elí era una mujer piadosa, independientemente de lo impío que era su esposo aunque era un sacerdote del pueblo de Israel. Ese hombre y su hermano tenían un desorden con todo; menospreciaban lo santo, eran adúlteros, perversos, pero esta esposa no se había contaminado para nada sino que amaba lo que era Dios. Es triste que las consecuencias del pecado afecten al piadoso. Ya Dios había hablado de que les iba a quitar el sacerdocio, pero a ellos no les importaba nada. Nosotros no podemos pensar que como cristianos estamos en el templo del Señor sino que en todo tiempo debemos entender que estamos en el Señor del templo. El Arca para los filisteos no era un amuleto al que Dios tenía que respaldar. Él era el Dios de Israel. Pero, los Filisteos se llevaron el Arca. Y la nuera de Elí como amaba lo santo así dejó ver lo piadosa que era. En ese momento, ella sentía que lo había perdido todo. Tenía un espíritu noble, sensible. Elí representaba para ella el sumo sacerdote, la máxima autoridad. El afecto natural que ella podía tener hacia Elí era real, perder a su esposo también, pero había algo que era mayor que la pérdida de su familia, había perdido el Arca de Jehová. Aquella mujer amaba las cosas que eran sagradas, fue traspasada la gloria de Jehová, se le dio a otros y ésta se volvió loca porque ella sabía que ese era el sentir de Dios. Por eso su temor fue tan fuerte que murió, no hubo palabras de aliento, en ella no había consuelo. Su hijo nació en un lugar donde el Arca se la habían llevado. Entonces, por eso antes de morir le puso por nombre Icabod, que significa: ¡Traspasada es la gloria de Israel! ¿Pensamos que la vida con Dios es un juego? Ella entendió que si ahora los filisteos tenían el Arca ya Dios no estaba presente en Israel, entonces ¿qué provecho había para sus hijos, si los beneficios estaban cuando la gloria de Dios descendía? Aquella mujer moribunda dijo: "Traspasada ha sido la gloria de Dios." Con tanta calamidad y vergüenza fue traspasada la gloria de Dios. Si algo tenemos que aprender es que mientras nos mantenemos buscando a Dios en oración y ayuno la gloria de Dios estará, no es por la cantidad de personas sino por lo que sentimos por Dios. Si se marcha la gloria de Dios, con ella se va toda fuente de bien. No vendamos la gloria de Dios por nada ni por nadie. Busquemos la fuente de Dios en nuestras vidas Tengamos toda fuente de bendición de parte de Dios. Los hijos de Eli no temían a Dios para nada, por eso murieron. Salmos 26:8 David amaba el lugar donde estaba Jehová. El rey David hacía que Dios se manifestara. Debemos amar cada pedazo, cada esquina de la casa de Dios porque en este lugar hemos recibido toda fuente de bendición para nuestras vidas. La iglesia congrega a los santos y escogidos de la Tierra. A veces se piensa dejar al Señor y dejar de congregarse. ¡Cuidado!. Debemos honrar a Dios también en público. Salmos 27:4 En el templo investigamos, examinamos todo el beneficio que hay de parte de Dios para nosotros. El hombre que tiene este pensamiento muy adentro de sí triunfa. Todo nuestro sentir se debe reunir hacia las cosas celestiales. Que lo que pidamos, que lo que busquemos que sea estar en la casa de Jehová todos los días de nuestras vidas. Si eso es así en nosotros, siempre contemplaremos la gloria de Jehová y su grandeza. Hoy día se piden tantas cosas, se pide la prosperidad, pero el Cielo es nuestra morada, entonces ¿cómo no hemos de amar su casa? Aún la muerte para los creyentes, para los santos es algo deleitosa. Si amamos el Cielo lo vamos a conocer viviendo en la casa de Dios para ver lo hermoso, amable y deleitoso de Dios, su santidad. Para David era un deleite ver todo lo santo, era su costumbre con temor y reverencia examinar e investigar lo de Dios en su templo. Escudriñar la predicación, saber y provocar que Dios descienda debe ser nuestra costumbre. El único sacrifico que Dios espera de nosotros es la alabanza. Aquella mujer, esposa del hijo de Elí, ya no tenía nada más que examinar pues el Arca no estaba, la gloria de Dios había sido traspasada de Israel, así que prefirió morir. Las ropas de los sacerdotes se les fueron quitadas y también se les quitó a ellos la bondad de Dios. Ya Dios no estaba entre aquellos hombres. Los buenos creyentes saben que la seguridad no está en el templo sino en el Dios del templo, en la santificación y en la comunión con Él. A veces pensamos que para llegar a la casa de Jehová no se necesita santificación, pero para tener la gloria de Dios hay que santificarse. Los hijos de Elí echaron por el piso lo santo y el poder de Dios. Buscaron el mal, lo de ellos, se burlaron. Por eso perecieron y provocaron la ira de Dios. Amemos a Dios, su casa, Dios nos ha dado tantas bendiciones. Amemos lo que tenemos y cuidémoslo, y su gracia y favor estará con nosotros siempre. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz