Cuando Dios nos habla, según actuemos así será nuestra recompensa. Cuanto más el hombre se aleja así comienzan los grandes problemas porque se pierden fuerzas. Todo el que se aleja de Dios deja a sus mejores amigos. Esta tierra sin Dios es un fastidio, en ella no hay nada bueno que nos produzca felicidad ni bienestar permanente. Aquel que dice que nos ama mañana nos pone un precio. Cuando el hombre se aleja no quiere oír la voz de Dios porque ya no le interesa. Nosotros necesitamos y nos conviene la voz de Dios en nuestras vidas porque con ella conocemos cómo nos vamos a mover y caminar. En muchas ocasiones el hombre se siente más poderoso que Dios, levantándose en contra de Él, profanando lo santo. Quiere hacer las cosas a su manera, a su forma y pensando que lo hace todo hasta mejor que Dios.
Romanos 9:17 El exceso de la gracia nos hace pensar que en ningún momento Jehová desecha al hombre, pero es éste mismo el que busca que Jehová lo deseche. Dios no tiene ningún empeño en hacerlo. Faraón era un gran rey poderoso, tomaba las decisiones de matar y dar vida a quien el quería porque gobernaba como se le antojaba. Los hijos de Jacob eran pastores y ese oficio no agradaba a los egipcios. Siendo Faraón ese gran rey fuerte, Jehová dejaría ver que Él era el grande y poderoso. El pueblo de Israel llegó a ser un pueblo esclavo para los egipcios, pero Dios era su Dios y el se exaltaría sobre Faraón. Dios le había prometido que los sacaría de la esclavitud. Nunca pongamos nuestros ojos en el hombre sino en Dios. Meterse con el pueblo de Israel era meterse con Dios.
El hombre no está para debatir con Dios para poner en tela de juicio su sabiduría, ni dudar de la rectitud de sus caminos. Por mucho tiempo Faraón se dio el lujo de endurecer su corazón, pero luego fue Jehová quien se lo endureció. Un corazón endurecido por Jehová se va a obstinar en hacer lo que piensa. Faraón no pudo salir del gran problema sino que se aferró en ir en contra de lo que Dios quería y al final vivió lo peor y así pasa cuando buscamos guerra con Dios. Meterse con el pueblo de Dios es meterse con Dios mismo porque Él cuida a los suyos. El que se mantiene manso siempre va a tener al Señor a su favor. Faraón no se estaba encontrando con un Moisés común, sino con el escogido, separado, amado y cuidado por Dios. Dios estaba con Moisés y éste estaba metido con Dios.
Cuando amamos a Dios con todo nuestro corazón Dios está en nosotros y no caminamos como una persona común. Nunca Dios se va a ver pequeño. Nunca pensemos que Dios se va a hacer pequeño a cuenta de nuestros caprichos. Procuremos que Él sea grande sobre nosotros. Dios nunca le permitirá a alguien hacerlo ver a Él pequeño. Dios había dicho que ese pueblo era su pueblo y que Él se iba a hacer grande. Jehová hizo pacto con ellos. Dios le había prometido a Abraham que ese iba a ser su pueblo. En su eternidad es que Él se glorifica y va a cumplir sus propósitos. Nunca nos debemos meter en medio de los propósitos de Dios.
Dios nos llama y escoge para bendecirnos. Faraón se quiso adueñar de lo que le pertenece a Dios. Cuando Dios llama y bendice al hombre no importan las circunstancias. El impío ha podido reconocer que sobre aquel pueblo estaba Dios. Cuando Dios llama para Él, no lo hace para engrandecer al hombre sino para poner sobre éste cargas, lágrimas, dolor, desespero, para ponerlo en brecha, porque a Él le agradó; para que gima y Él contestarle. Jehová llama a un pueblo para glorificarse y hacerse grande sobre él. Aquel era un pueblo cuidado por Dios.
Toda persona que se resiste al poder de Dios se encontrará como faraón. No busquemos que Dios nos suplique porque los que tenemos que suplicar somos nosotros no Dios. Necesitamos que en todo Él se deje sentir. Faraón no sabía la intención que Dios tenia. Dios se iba a dejar ver grande. El pueblo de Israel podía parecer un pueblo débil, pero tenía un Dios grande. Un pueblo puede ser débil, pero después que creamos, Dios es poderoso para contestar. Si no sabemos esperar en Dios vamos a desgraciar las cosas porque Dios va a hacer. Al llenarse Faraón de maldad y orgullo dejó de oír la voz de Dios.
Jesús visitó la cruz, lo crucificaron. Él ha visto en nosotros una esperanza. Jesús nos cuida, ama nuestras almas, nos libra de todo mal entonces ¿por que nos ha de visitar el orgullo? Juntos están el orgullo, la soberbia. El humilde espera que Jehová le bendiga y salga por él. El orgullo destroza y no deja oír lo que Dios quiere decir. Aquel pueblo no le pertenecía a ningún rey ni a ningún gobierno, le pertenecía a Dios.
Nosotros pertenecemos a Jehová. Dios le habla y le advierte a Faraón antes de hacer los justos juicios. Dios habla y el que sabe escuchar sabe responder y actuar. ¡Temblemos delante de Dios cuando Jehová habla! Mejor es humillarse para no perderse. Dios habla para que se le tema a su Palabra. El que le teme a la palabra de Dios se le ve en su caminar, lo demuestra con sus hechos. El que teme actuará y tendrá bien sobre en su vida. Cuando Dios habla el hombre que sabe que Dios le habla sabe ordenar su vida. Cuando escuchamos la voz de Dios digamos: "Sí y amén" y aprendamos a temer. El que teme a la palabra de Dios sabe lo que tiene que hacer. El que teme es sabio y no tiene pérdidas sino ganancias. No era Moisés ni Aarón quienes estaban hablando sino Dios. Cuando Dios habla salgamos corriendo a hacer lo que Dios dice. El que no obedece expone a los suyos al dolor y al sufrir, pero el que teme a la voz de Dios se esconde en el momento del juicio. Dios habla antes del juicio, pero a veces no estamos atentos a su voz. Cuado vemos que Dios está hablando debe haber una acción de inmediato. El que teme oye y no hace igual que Faraón.
El pueblo de Egipto estaba completamente destruido. ¿Es que no hay ojos para ver y oídos para oír? Cuando hay temor de Dios huimos de donde está el juicio. Mejor es caminar en temor y huir de los justos juicios. No estemos en ellos. Jehová vomita al tibio y éste no tiene el favor de Dios en su vida. A veces acampamos donde está el mal porque ahí esta el pecado y Jehová aborrece el pecado. ¡Qué mucho hay para defenderse, murmurar y asfixiar la voz de Dios! A veces con el pasar del tiempo nos vamos endureciendo más y se pasa por alto la Palabra de Dios. El que no pone la palabra de Dios en su corazón deja todo en descuido, en peligro. A veces dejamos en grandes peligros lo que es nuestro por falta de poner la palabra de Jehová en nuestro corazón, en todo nuestro ser; lo dejamos en área de peligro y habrá muerte. ¿De qué nos descansamos? No resolvemos nada con solamente pasar al altar sino poniendo nuestros pies listos. La rebeldía deja que pase el tiempo y no se le huye a las cosas de las que hay que protegerse del peligro. Trabajemos mucho metiéndonos en oración y búsqueda para que cuando venga el juicio no destroce a los nuestros. Hay dolores que vivir, pero Dios es nuestro lugar de refugio. Está en nosotros hacer o no. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
