Mega Zoé
Estudio #0534Iglesia en las casas

Cuando Estamos Contentos Con Lo Que Somos Aprendemos A Disfrutar

Cuando Estamos Contentos Con Lo Que Somos Aprendemos A Disfrutar enseña a cuidar la vida del hogar delante de Dios y servir fielmente al Señor.

Nuevo TestamentoMateo6 min lectura

Ser un eunuco en aquellos tiempos bíblicos implicaba vivir en una negación completa de todo aquello que era placer, era morir totalmente al yo para rendir un servicio a un rey, a una reina o a cualquier otra persona o causa por toda la vida. En ese tiempo un hombre podía ser seleccionado para ser un eunuco y estar en la corte de un rey. Pero, un eunuco vivía impedido de reproducirse como los demás hombres, por lo tanto no tenían la oportunidad como la tenían los demás hombres de que alguien los admirara, ni los aplaudiera pues en aquellos tiempos era de orgullo procrear y tener familia. Estos eunucos eran castrados de sus órganos reproductores. Los gobernantes que tenían un harén le hacían esto porque a los eunucos se les encargaba específicamente de cuidar a las mujeres y la manera de impedir que ellos se interesaran en ellas era castrándolos.

En la Biblia se destacan también aquellos hombres que voluntariamente se hacían eunucos a sí mismos por causa del reino de los cielos. Eran hombres sin defecto físico de nacimiento, ni con defecto hecho por mano humana, ellos se podían reproducir como cualquier otro hombre, pero decidían voluntariamente abstenerse de mujer no dándose al casamiento y dedicando así toda su vida y fuerzas solamente al Señor.

Hay cosas que uno como humano las ve en otras personas y las mide como grandes y maravillosas. Medimos muchas cosas de acuerdo a lo que son nuestras propias ambiciones humanas. Pero, cuando de Dios se trata, no podemos seguir viéndolas así. En muchas ocasiones estamos lejos del pensamiento de Dios y no logramos entender sus designios. Si lográramos ver realizados los planes de Dios en cada persona veríamos lo grande de Dios en cada uno. Pero, siempre se mide lo que es la fama y éxito humanos. Pero, la bendición de Dios no es dada de la manera como nosotros damos mérito o recompensamos hoy día a las personas. En el cielo está la recompensa para los mansos y los humildes. No podemos medir a las personas por los éxitos, ni por lo grande que parecen ser a nuestros ojos o a los ojos de los demás. Cuando nos medimos a nosotros mismos y nos miramos que no nos sentimos capaces de hacer esto o aquello, entonces nos castigamos. Pero, esa no es la forma en que Dios nos ve. En muchas ocasiones nos maravillamos y nos volvemos locos por la luz con la que brillan los demás. Entonces comenzamos a medirnos, pero cada cual va a brillar por la luz que Dios le da a cada cual. No vamos a tener más o menos luz de la que nos toca recibir de Dios. Si entendiéramos eso estaríamos localizados en el lugar donde Dios nos quiere tener.

A cada uno Dios le da la luz que tiene. Dios escribió su designio para nosotros antes de la fundación de la tierra. Tenemos que cumplir nuestra historia que ha estado en la mente de Dios. Inspirémonos en lo que Dios quiere y comencémonos a mover en eso perfecto. Tenemos que estar claros y convencidos de que cada uno de nosotros tenemos que ser lo que Dios quiere que seamos. Cada vez que invadimos el terreno de otras personas, menospreciamos nuestro propio valor a los ojos del Creador. Comencemos a amarnos a nosotros mismos. Es amar lo que Dios hizo. En ocasiones comenzamos a descender en nuestra fe en vez de crecer más en la fe respecto a lo que nos toca hacer. No podemos ser ni más ni menos. Sino lo que Dios quiere, lo que nos toca hacer. No nos metamos donde no nos pertenece. Cada cual a lo que Dios le llamó. Si cada uno está en el lugar apropiado, no se convierte en carga lo que nos toca hacer. Efesios 4: 16 Dios nos ama mucho por lo que somos.

En esta Isla de Puerto Rico y a cada creyente en su país donde vive, Dios nos coloca para hacer lo que Él quiere. Él nos capacita y nos da la luz que necesitamos para brillar donde estamos. Si pensamos que somos pequeños debido al servicio nuestro en el reino de Dios, entonces, ¡aprendamos de los eunucos! No hay una luz más grande que otra en la casa de Dios, a cada cual Dios lo ha colocado de acuerdo a la capacidad que Dios le ha dado. Todos juntos alumbramos. Tenemos una gran ventaja aquí en la Iglesia y es que no hay grandes o pequeños, aquí todos somos uno. No hay una vara para medirnos entre nosotros; a todos y a cada uno Dios nos pide lo que tenemos que dar. Decir: "no sirvo" es de Satanás y es él quien en verdad no sirve.

Dios quiere que seamos uno para que todos podamos andar en el camino que Él ha trazado para cada uno. Todos tenemos un poco para hacer. Si pensamos que tenemos más de lo que en realidad tenemos, no vamos a poder con la carga. Nunca dejemos nuestro lugar. Y menos, por mucho tiempo. Tenemos que ser fieles a lo poco o a lo mucho que nos toca dar. Cuando nos echamos para un lado no damos ese poco que nos toca dar, entonces hay un vacío en la Iglesia. ¿Qué hay en el pensamiento del que se echa a un lado y no se mueve con nosotros? Hay menosprecio de sí mismo, va huyendo, escondiéndose. La vida hay que conquistarla día a día llenándonos de amor, dándonos totalmente. Cuando nos menospreciamos nos detenemos. El poco valor que nos damos no deja que seamos nosotros mismos, que seamos lo que Dios quiere. Cuando estamos contentos con lo que somos aprendemos a disfrutar y nunca estamos pendientes de lo que está a nuestro alrededor.

Levítico 21: 18 La ley establecía que era prohibido que entrara a la congregación aquel hombre que era eunuco, mutilado. Se decía del eunuco que era árbol seco, no tenía fruto, por tal razón no se nombraba muy bien, no podían estar en la casa de Dios.

Hechos 8:27 Aquel eunuco de la reina se encontró con Felipe y se bautizó. Nosotros éramos árboles secos porque no teníamos nada que darle a Dios, éramos estériles, no había en nosotros nada bueno y al creer en el Señor Jesús todos aquellos que éramos desechados comenzamos a entrar a una vida nueva. No tenemos nada que dejarle a nadie solamente lo que viene de parte de Dios. Entonces, por qué no hacerlo, por qué tardarnos tanto y darle tanta larga a eso. Jesús murió para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Tenemos mucho valor, aunque nos burle la gente. Porque los que aman a Dios tienen mucho valor. Nuestro valor es por lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. La Iglesia del Señor vive privilegiada por Él. El Padre nos dio valor y por eso le damos valor a todo el que está a nuestro alrededor. Dios nos sacó de ser secos y nos colocó en su casa; protegidos y bendecidos por Él, somos hijos y tenemos que darle a Dios siendo fieles. El valor y talento que tenemos de parte de Dios no lo podemos menospreciar y alejarnos teniéndolo en poco. Si no damos el poco que nos toca dar vamos a llorar mucho. Sirvamos ahora en el reino de Dios con honra y obtendremos la eternidad. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz