Mega Zoé
Estudio #0539Iglesia en las casas

Estaré Siempre Al Lado De Jesús, No Lo Perderé En El Templo

Estaré Siempre Al Lado De Jesús, No Lo Perderé En El Templo llama a caminar con sabiduría espiritual y perseverar en la oración.

Nuevo TestamentoLucas6 min lectura

Hay cosas que no entendemos pues a veces se es insensible a lo de Dios. En algunas personas hay una dureza que no les permite en sus vidas el razonamiento y por eso no pueden vivir una vida mansa para con Dios. Cada día se les hace más difícil la dedicación a Dios, porque según ellos hay que trabajar mucho, tienen mucha prisa por la vida. La vida diaria y sus afanes destrozan la vida del creyente. Para lo que se vive hoy día es para hacer cosas, para ejercitarse, trabajar, pasear, etc. Hoy día no hay quien se vuelva loco de pasión para vivir para Dios. Hay muchas cosas afuera que lamentablemente ocupan mente y corazón y por ellas no estamos dispuestos a mirarlo a Él. Entonces, al pasar los años la dedicación es algo que para algunos les es cuesta arriba.

A María y a José se les había olvidado que Jesús estaba en el templo. Esto les pareció a ellos un despiste de Jesús, pero en realidad así era la vida de entrega de Jesús. A la luz de esto podríamos decir, que al pasar los años, las personas van tomando el camino que les lleva a las comodidades y dejan a Jesús en el templo. El deber de María y José era caminar con Jesús, estar allí con Él. También es nuestro deber hacerlo y saber que Jesús escogió ese lugar donde enseñar, el Templo. Allí es donde Él siempre enseña, allí es donde nosotros podemos conocer más. Ahora, en este tiempo, ese lugar es la casa de Dios. Estar en el templo para Jesús era un gran placer. También debe serlo para nosotros. Tenemos una gran necesidad de conocer y eso debe ser una sed en nosotros.

Hoy día, como les pasó a José y María, a los creyentes se les pierde Jesús en el templo, porque se miran otras cosas y se pone confianza en ellas. Se dedica la vida a cosas vanas cuando nuestra vida le pertenece a Dios. Se va perdiendo el cuidado de nuestro Amado, el que siempre está a nuestro lado. Él siempre se mantiene ahí con su verdad. A veces se nos hace tan fácil abandonar a Jesús, y lo hacemos como si nada.

A Jesús nadie lo va a mover, porque Él vino a sanarnos, libertarnos y a traernos la buenas nuevas de salvación. Él no se contamina con nada. Nadie se aleja de Jesús por otra razón, sino por el pecado. A veces pensamos que Jesús va en la caravana donde nosotros estamos caminando, pero Él no camina igual que nosotros sino que estará en el templo en los negocios de su Padre. Para algunos ya no hay amor por el templo, porque se han cansado y se les pierde el contacto con Jesús. La razón es, por pecados ocultos no confesados.

El tiempo habla con grande voz. Pareciera que se había interrumpido la comunicación con Jesús, pero no era así. Ese era el ministerio de Jesús y era de amarlo y cuidarlo. A veces se nos olvida y dejamos a Jesús en el templo por seguir en lo nuestro. Jesús nos llamó para sentarnos con Él y enseñarnos, nos llamó para amarnos. Hay que volver al Señor. Para volver a Él hay que ver donde es que se interrumpió la comunión y entonces confesar y abandonar el pecado. La esencia de la vida es abandonar el pecado porque no nos trae mal solamente a nosotros, sino también a los que están a nuestro alrededor. Cuidado con los planes que hacemos. Sucede que Jesús pesa nuestros corazones y conoce nuestras intenciones. Al parecer ya no nos es un deleite sentarnos ante Él; Jesús está en el templo y nosotros en lo nuestro. Tengamos por seguro que nada de lo que hemos buscado fuera de Jesús permanecerá. El descuido hace que se pierda el placer de las divinas alabanzas en la congregación.

A María le correspondía adorar a Jesús desde su vientre. A Jesús no lo podemos tener perdido como María y José lo perdieron, Él tiene que estar cerca siempre. Pensamos que es deber de Jesús estar a nuestro lado. Sin embargo, es nuestra la apatía. La alabanza es la expresión máxima de nuestro amor. No es el deber de Jesús estar a nuestro lado, sino que es deber nuestro. Jesús estaba en los negocios del Padre. Él estaba muy claro de cuales eran los negocios de su Padre. No vivamos pajareando. Jesús se interesaba por los asuntos del Padre. Dios nos creó para lo mismo. No nos confundamos con Jesús, Él si conoce los negocios del Padre. Debemos nosotros conocerlos y estar en ellos al igual que lo hace nuestro Maestro.

Nos gusta tomar nuestras propias decisiones sin conocer los asuntos del Padre. María y José por la ansiedad acumulada, por los días de búsqueda y molestia le preguntan a Jesús que donde estaba. A nosotros nos corresponde saber dónde está Jesús. Cada cual deja a Jesús por lo escondido que hay dentro de sí. La verdad es que se deja a Jesús por rebeldía y por estar en pecado. Dejan a Jesús en los negocios del Padre, porque a Él nadie lo mueve de eso que ama. Andemos listos y como el Maestro, busquemos dónde están los negocios del Padre. Jesús sabe donde Él debe estar, nosotros como iglesia debemos saber también dónde es que debemos estar.

Jesús estaba muy claro de su misión divina. Los negocios de María y José debieron ser estar con Jesús. A María se le había olvidado que estando ella en su casa se le había aparecido un ángel que le dijo que lo que estaba en su vientre era del Espíritu Santo. Ella sabía que los magos le llevaron todo lo que Él iba a necesitar y que los pastores le adoraron. Ese era Jesús, Dios en la Tierra. Y de la misma manera nos pasa a nosotros, se nos olvida que Jesús dio su vida por nosotros y que ahora tenemos vida y no muerte. Si somos salvos por Él ¿por qué queremos vivir como vive todo el mundo?

¿Se nos ha perdido Jesús? Lo vamos a encontrar ocupado en los asuntos del Padre. Tirémonos a orar y a ayunar, a leer la Palabra. Nosotros debemos estar en los asuntos del Padre, pero a algunos no les gusta. Jesús no es alguien más en nuestras vidas. Él es Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Se nos olvida y dejamos de amar los asuntos del Padre. El principal objetivo de Jesús era ese aquí en la tierra. María y José, más que nadie tenían que adorarle y no reprenderle. Él no necesitaba atención ni que lo cuidaran porque era Dios en la Tierra. No cometamos los mismos errores. No reprendamos a Jesús con nuestras quejas. María no pudo comprender la palabra que Jesús hablaba. Buscar lo nuestro, es lo propio del ser humano y dejan ver que no le gustan los asuntos del Padre y perdiendo de vista a Jesús. Era lógico que el entendimiento de Jesús a los 12 años sobrepasara el de José y María. La incapacidad de entender los asuntos del Padre es cuando no hay entendimiento. Jesús sobrepasa todo entendimiento, todo pensamiento. El entendimiento y los pensamientos de Jesús son altos. Hay que conocer a Jesús más de cerca para poder hacer los asuntos del Padre. El diablo planifica para matar y para destruir, mientras algunos se entretienen en la pelea con su carne. El conocer y amar los asuntos del Padre es lo que debemos buscar y entregarnos completamente. Así estaremos cerca y haremos lo que a Él le agrada. Es la manera para ver abundantes frutos y gozarnos en su presencia. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz