A nadie le gusta ser castigado con azotes. Los malos mayordomos serán castigados así. Lucas 12: 47
Entonces, lo mejor para un siervo es obrar bien para su señor y no mal. La Palabra es para todos, para ir
creciendo como Iglesia fieles y prudentes. Busquemos conocernos a nosotros mismos para llegar a ser buenos
administradores de nuestra vida para Dios. Si algo está tramando siempre el diablo en contra nuestra es que
estemos amarrados a esta Tierra con algo. Lucas 12: 22 No nos afanemos, abramos bien los ojos porque a veces
nos aferramos a esta Tierra. Y en vez de estar en un nivel espiritual de búsqueda nos cuesta orar, leer la Palabra,
etc. La Palabra es para que vivamos con los ojos bien abiertos y conozcamos. Si Dios tiene cuidado de los
cuervos que no siegan ni siembran, ese mismo Dios nos alimentará, entonces dependamos completamente de Él.
La palabra dice: "tened vuestros lomos ceñidos, las lámparas encendidas". Debemos estar preparados
para cuando haya que salir corriendo. Si no tenemos los lomos ceñidos, cuando tengamos que salir corriendo
vamos a tropezar. Si nuestra lámpara no está encendida no podremos ver en la oscuridad. Si sabemos
alumbrar bien nuestros pies nada ni nadie nos harán tropezar. Tengamos mucho cuidado porque se nos olvida
que viene Jesús. Hay muchas cosas que nos hacen tropezar amarrándonos aquí en la tierra. Aprendamos a
descansar completamente en Dios. Según van pasando los años, algunos cristianos se van alejando cada vez más
del conocimiento de las Escrituras. Por eso tenemos que velar. Velar significa, darle seguimiento a algo que
queremos para nosotros. Somos personas traídas a esta Tierra para los propósitos de Dios. El siervo está alerta
todo el tiempo, en la segunda y tercera vigilia. Lucas 12: 38 Velemos en los momentos más difíciles cuando
todo está oscuro. El diablo nos quiere atar con cualquier cosa que nos parezca ser algo natural. Si dejamos de
vigilar nos vamos a entretener con las cosas de aquí, con lo material, etc. Dios no nos llamó a eso sino a estar
pendientes, etc. ¿Para qué nos tiene Dios aquí? ¿Para estar entretenidos, enojados, chismeando, etc.? No
cambiemos lo de Dios por ninguna cosa de esta Tierra. Seamos capaces de mirar adentro nuestro. Que esté
siempre amarrada nuestra cintura para poder correr.
A Jesús lo estamos esperando. Algunos están tan atados a lo que es esta Tierra que no esperan la pronta
venida de Cristo. No saben que Él puede venir en la segunda o tercera vigilia. Como creyentes debemos estar
preparados cada día. Comencemos a buscar lo que hay que arreglar en nosotros porque habrá unas bodas.
Seamos mayordomos fieles y prudentes. ¡Que difícil le es al hombre ser fiel! Por eso tenemos que buscar de
Dios como hay que buscarle. El pueblo de Dios tiene que ser prudente cuidándose en todo. Dios nos ha hecho
mayordomos de los dones, de la gracia, del bienestar recibido como Iglesia. Mientras más prudentes y fieles
seamos nadie nos va a tumbar. Vivamos por todo lo que Dios ha puesto en nuestras manos. Todos los que
profesamos ser mayordomos de Dios estamos puestos sobre la casa del Señor y damos ración al pueblo. Como
Iglesia debemos estar velando debidamente. Somos mayordomos del Señor trabajando con seres humanos, es lo
más difícil. Pero, es un privilegio bregar con personas y no con cosas. Como pueblo debemos estar dispuestos a
padecer, porque trabajamos con personas. Por eso hay que dar lo mejor como mayordomos prudentes. Somos
discípulos, soldados preparados para sufrir en nombre de Cristo formando a otros.
Jesús les habla a los discípulos que tengan cuidado con el materialismo, con la codicia. A la vez que la
codicia les llega a los hombres, ni siquiera comen para ir guardando. Pero cuando se les pide el alma, ¿para
quién es todo lo que han guardado? Cuando nos apegamos a las cosas de esta tierra nuestros pensamientos están
en lo nuestro y no en lo de Dios. Si el siervo deja de velar la segunda y tercera vigilia por no estar esperando al
Señor, le vendrán los azotes. Cuando abrimos la boca para no hacer bien tiramos fango a lo santo. En el altar
hemos formado nuestra vida espiritual, ¿cómo vamos a echarle fango a lo santo si fuimos llamados a ser
mayordomos de este Evangelio? Dejamos de ser mayordomos fieles por estar pensando que el Señor se tarda.
Nos echamos a comer, a embriagarnos, a dormir echando fango a la casa de Dios. El mayordomo se cuida de lo
que no debe hacer. A veces algunos dicen ser creyentes, pero sus actos son de impíos, no creen. Sus hechos
dicen que están caminando día y noche en sus placeres, apegados a cosas de esta tierra, cómodos, sin ceñir sus
lomos, viviendo en lo mundano. Fijémonos en nuestros hechos. Como Iglesia tenemos que saber vigilar.
Versículo 46 El Señor castigará y podrá con los infieles a aquellos que fueron llamados a ser
mayordomos y hacen uso injusto de los privilegios dados por Dios. Aquel siervo conociendo la voluntad de
Dios y no se preparó, por eso no dio la medida que tenía que dar y se le duplicaron los azotes. Dios nos ha dado
privilegios y nos ha llamado a hacer su voluntad. Cuanto mayor sea nuestro privilegio tanto mayor es nuestra
responsabilidad. Dios nos ha dado muchas cosas buenas y privilegios. Mientras más lugar tenemos como
mayordomos más responsabilidad tenemos. Hay muchas vidas que esperan por nosotros y que necesitan de
hombres y mujeres temerosos de Dios. El pastorado es un don de mucho privilegio y responsabilidad. A
mayor honor más responsabilidad. Son largas horas de silencio y lágrimas que se viven. Si Dios nos reclama a
nosotros tenemos que ser buenos mayordomos. Ser buenos mayordomos representa vivir días de lucha. Por eso,
nos es necesario prepararnos tan fuerte, pero a algunos escapan a esto y les gusta esconderse.
Aquel que es llamado a ser mayordomo tiene que prepararse en la Palabra, amar las vidas, entregarse a
ellos hasta gastarse. Nuestro respaldo de Dios lo vamos a tener según nuestras rodillas se doblen a orar. No es
hacer nuestra voluntad a nuestro antojo sino saber hacer la voluntad de Dios. Al no hacerla, entonces se nos
duplicarán los azotes y no son buenos para nadie. Los que han llegado a conocer la voluntad de Dios tal como se
nos revela en las Escrituras, están en la gran responsabilidad de obedecerla. La voluntad de Dios es la que es, no
es la nuestra. Dios no necesita nuestro consejo e ideas, Él solo quiere que nos entreguemos en sus manos. Al
que se le ha dado mucho, mucho se le va a exigir. ¡Es un privilegio tan grande su llamado! Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
