Si Jesús es la luz de nuestras vidas las tenemos todas a ganar. A veces vamos a Jesús buscando mucho bienestar y Él tiene lo mejor para nosotros. Tendremos en Él la luz de la vida, nada de tinieblas porque Él es la luz. Pero, si Jesús no está vamos a tener tinieblas y no tendremos ningún bien. Sin la luz de la vida nunca vamos a tener a donde dirigirnos, pero cuando la Luz llega a nuestras vidas ya no tendremos ignorancia y por consecuencia ya no estará en nosotros la infidelidad ni el pecado.
El pecador habla como ignorante. Desconoce lo espiritual. De lo creado, sabemos que el Sol es la fuente de la luz que tenemos en la Tierra. Es la luz del Sol la que nos ayuda a la vida por su vivificante influencia en los seres humanos, animales, vegetales, etc. Si el Sol no saliera como lo hace fielmente cada día iríamos pereciendo poco a poco. Así sucede cuando nuestro amado Jesús no es la luz de nuestras vidas, si Él no estuviera moriríamos espiritualmente pues es Él quien sustenta nuestras vidas cada día.
Malaquías 4:2 Jesús es la fuente de vida eterna para nosotros y los que andan en su luz tienen la plenitud de vida. Un creyente no puede ser infiel porque la infidelidad no es un principio de Aquel que alumbra nuestras vidas. Por eso somos fieles en todo. Jesús ha estado al frente como líder de muchas personas, pero lamentablemente, ellos no han querido que Jesús sea su luz todos los días. Así, que tenemos que buscar lo que hay en nuestro corazón, por eso debemos aprender a conocerlo bien para poder llevarlo a Dios y que Él nos lo transforme y perfeccione. El que tiene a Jesús tiene entendimiento, ha crecido. Sin Jesús nada podemos hacer.
Jesús hizo silencio delante de Herodes y eso mismo debemos hacer nosotros en muchas ocasiones de prueba. Ya Herodes se había echado su suerte, la suerte que él se quiso echar. Si nosotros estamos en luz, entonces vivimos bien, sin tropiezos. Jesús promete que todo el que lo sigue de ningún modo estará en tinieblas, ni por problemas ni por circunstancias. Nunca más andará en tinieblas porque Él es su luz. Antes mirábamos a oscuras, no sabíamos por donde caminar, pero cuando llegó Jesús llegó la luz y ya no hay ninguna razón para tropezar en este mundo.
Cuando decidimos seguir a Jesús fue para creer en Él completamente. Jesús nunca se esconderá y siempre va a ser luz para nosotros. Nadie en la Tierra puede ser luz como nuestro señor Jesucristo. Nadie puede morir ni resucitar como Él lo hizo por nosotros. Nunca vamos a tener oscuridad si creemos en Él. Seguir a Jesús significa acudir a Él con arrepentimiento, comenzar una nueva vida. Para nosotros conquistar debemos saber que en nuestras vidas tiene que haber un arrepentimiento de todo lo que fuimos, aborrecer lo que nos separa de Dios. No podremos vivir como Jesús vivió, ni obtener la luz que Él da, si en nosotros no hay primero un arrepentimiento y luego consagremos nuestras propias vidas a Él. Consagrarnos a Él porque estamos en el mundo, pero no pertenecemos al mundo. Nuestra vida es para consagrarla a Él, porque si Jesús no es vida en nosotros, luego del sepulcro no habrá nada bueno.
Juan 4:46 Este oficial pertenecía al estado romano, estaba a las órdenes del rey Herodes. Era un oficial de alto rango de la corte de Herodes. Herodes sabía de los milagros de Jesús porque tenía a su servicio a éste oficial que estaba muy cercano a él. Éste oficial fue donde Jesús, no le importó la distancia porque había escuchado de los milagros y se acerca al Señor porque tenía una necesidad. El ir donde Jesús fue un gesto de humillación de su parte, porque buscaba una sanidad y a todo el que venía a Él buscando sanidad Jesús se le convertía en su luz al momento.
Cuando el hombre se encuentra con Jesús lo menos que quiere es volver a pecar, pero eso depende de cómo veamos a Jesús. En la casa del justo no hay plagas, éstas tienen que pasar por encima.
Juan 4: 48 Según leemos en la Biblia Jesús le dijo a aquel hombre: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis, pero aun así éste se volvió a humillar y Jesús entendió que de verdad estaba dispuesto a creer. Jesús se hizo la luz de aquel hombre y creyó él y toda su casa (versículo 53). Antes del milagro hubo una humillación, un arrepentimiento un creer y les llegó la luz. Cuando entendemos que en absoluto Él es la luz, aun cuando nos digan lo que nos digan, Él es el que nos traerá bien y nos librará de toda condenación. Él es la luz, el que tiene las cosas claras y conoce todas nuestras intenciones. Si a aquel oficial le daba el placer de enojarse y molestarse con Jesús su hijo moriría en ese preciso momento. Cuando creemos hay vida, si ponemos resistencia hay muerte. En aquella entrevista de Jesús con Herodes Jesús nunca perdió, el perdedor lo fue Herodes.
Cuando uno reconoce a Cristo y la necesidad que uno tiene de Él, personalmente nos consagramos y buscamos también que se consagre toda nuestra familia. Herodes deseaba mucho ver a Jesús porque había escuchado de Él y esto le provocaba conocer a Aquel que hacía milagros y prodigios, que libertaba a los oprimidos. Quería verle hacer milagros. Jesús no habló nada a Herodes y esto fue un peligro para su alma porque lo que Él quería era un espectáculo. Quería ver lo que había para Él, porque lo menos que quería era consagrar su vida, pero para Herodes no había nada. Lo menos que quería Herodes era aprender de Jesús. A Jesús se busca no para que nos sane o quite el dolor sino para que Él sea nuestra luz y porque necesitamos un arrepentimiento. A Jesús no se busca por mera conveniencia. A Jesús nosotros lo activamos con nuestra fe. Dios no hace para que nosotros veamos, sino porque nuestra fe es la que lo mueve, porque somos hijos y la fe del justo es la que mueve la mano de Dios.
Herodes lo que quería era satisfacer su curiosidad. Jesús hizo silencio para Herodes, no tenía nada que negociar ni aun su muerte. Jesús no hace milagros para satisfacer la curiosidad de los hombres. Él si estuvo dispuesto para sacarlos de la necesidad. Un verdadero creyente sabe que nadie nos tiene en sus manos y que Jesús nos llevará a la eternidad. Herodes no tuvo un gran aprecio del día de la visitación de Jesús y eso fue muy peligroso para aquel hombre de la tierra. Los milagros no son una baratija para tirarlos a los pies de nadie. Dios hace milagros en aquel que reconoce que Él es la luz. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
