Los discípulos estaban en grandes problemas, pero ellos tomaron la decisión de que todos fueran una sola familia e irían creciendo en la Palabra. Los días para ellos no eran días buenos ni favorables porque el Mesías les había sido quitado y había para ellos grandes sufrimientos. Hablar del Señor es algo que trae mucho alivio al que nos escucha, al que está necesitado y vacío. Mientras crecía la Palabra del Señor, crecía un pueblo. Mientras más la llevamos habrá un bien para nuestras vidas. Un verdadero creyente es alguien que constantemente habla y enseña la Palabra, pero para hacerlo hay que estar convencido porque mientras más crecemos en la palabra más la enseñamos, más se conoce y más discípulos hay. La Palabra es algo que entra por nuestros oídos y se nos activa la fe. El verdadero creyente sabe que hay un poder que es divino que alcanzamos por nuestra fe a través de la Palabra. Cuando se conoce el poder de la Palabra, ésta llega y las vidas son completamente transformadas, redimidas y vivirán en una máxima plenitud del poder de ella. La Palabra de Dios tiene que crecer. Si nos llenamos de otras cosas en esta vida no vamos a tener ese conocimiento de ella y viviremos estancados. Esta crece en nuestras vidas y se lleva a otro lugar.
A veces con el pasar los años se llena uno de la vanidad de este mundo. Para bregar en las vidas no podemos hacerlo de acuerdo a lo que vivimos, a lo nuestro, sino de acuerdo al poder de la Palabra. Tenemos que tener en nuestras vidas un crecimiento de la Palabra para poder hacer más discípulos. En ocasiones no entendemos que hay una necesidad de que la Palabra crezca y esto fue recibido para que haya milagros. Es una necesidad vivir bajo milagros.
Los discípulos tomaron dominio en Jerusalén al llevar la Palabra. Se comenzó a ordenar la iglesia, se escogieron diáconos. Para poder obtener lo que Dios tiene para nuestras vidas, para lo que viene, de la única forma es cuando como iglesia decimos: "nos tenemos que ordenar". Por esa razón crecía la Palabra; se extendió el conocimiento del Evangelio. En silencio nada se extiende. La Palabra comenzó a crecer y esos hombres comenzaron a ser distintos. Tomar por poco la Palabra de Dios es un gran problema que tienen los creyentes hoy día. Se alcanza el dominio cuando hay un crecimiento de la Palabra del Señor hablada, expandida. Mientras más buscamos más podemos dar. A la vez que nos estancamos no hay crecimiento porque no hay fe. Cuando se comienzan a hablar cosas que son útiles, ¡cuán edificantes somos! Cuando se deja de vivir una vida plena es porque carecemos de poder y por eso tenemos que estar buscando aquellos que lo tienen cuando debemos ser nosotros. Cuando comenzamos a hablar cosas útiles y la Palabra se predica hacemos mucho bien.
El ministro se prepara para los que lo escuchan para que adquieran, tomen y posean las mejores armas para nuestras necesidades, problemas con los hijos, etc. Debemos prepararnos en lo que es el conocimiento de la palabra, crecer y entonces seremos más útiles. La Palabra es nuestra para todo lo que nos toca vivir, para todo lo que viene. La Palabra es útil para tomar nuestras decisiones. Mientras más luz tenemos con la Palabra, más bien vamos a vivir y mover la mano de Dios. Los diáconos eran para tomar parte en los asuntos materiales de la iglesia. Se escogió a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo. Movamos la mano de Dios con nuestra fe. Los hombres llenos de fe y del Espíritu Santo mueven una vida distinta a lo que es lo común de los demás. Cuando está la Palabra comenzamos a repartir un conocimiento y sabemos movernos y a mover a otros. A veces no le damos valor a la Palabra que escuchamos sino que nos llenamos de lo propio, de lo que está al frente. Se necesita un poder para llevar la Palabra. Mientras más exponemos la Palabra, más discípulos creen y más se extiende. Cuando no hay cristianos que prediquen la Palabra de Dios nos es extraño que ésta escasee. Cuando la Palabra escasea viene la destrucción de la Iglesia. Cuando desaparecen aquellos que tienen el derecho a tener la Palabra en su boca se carece de todo. Entre el pueblo común todos conocían el Evangelio porque la Palabra iba creciendo. Cuando se está sediento, esa sed amarra la Palabra para uno. Mientras en nosotros hay hambre de que la Palabra crezca, hay muchos que van a conocer de ella. Cuando el diablo logra callar la boca en vanidad, chismes, etc. entonces la Palabra no va a crecer. Si paramos lo que el diablo quiere hacer, le haremos mucho bien a los que están atados. El poder está en la Palabra. No es solo oír, sino que necesitamos hacer la Palabra y eso es crecimiento. Entendamos lo que es el poder de la Palabra. Mientras más conocimiento hay de la Palabra hay más milagros. Hay cosas y temas que no son de nosotros los creyentes.
Ellos habían resistido a los milagros del Señor, pero se rindieron a la doctrina de su muerte y resurrección. Los sacerdotes comenzaron a obedecer a la fe. Las personas por lo que se convierten es por la predicación de la Palabra de que Cristo murió por nuestras transgresiones, pecados y que resucitó. Si se levantan hombres poderosos se hace que la fe de muchos cambie. Esteban era un hombre diligente y fiel en el desempeño de su oficio. Se movió con poder, prodigios y señales. Fue fiel en lo poco y se le puso en grande. Mientras más se expandía el Evangelio más Israel cambió. Por fe nos vaciamos de nosotros mismos. Cuando uno es desobediente no hay fe, no se ama a los demás, no se sirve, entonces por fe tenemos que vomitarnos a nosotros mismos. Esteban se convirtió en un defensor de la causa de Cristo. Cuando se lleva la Palabra vienen los contratiempos. Así se nos prueba. Por no gustarnos los contratiempos es que no hemos alcanzado. Esteban fue solamente capacitado por Dios. El poder con el que decía la Palabra era irresistible, no podían callarle la boca. En los contratiempos seguimos con los prodigios y los milagros. En ellos es que nos acobardamos y nos echamos a morir. Esteban amaba a Moisés como parte de él. Sabía que su alma terminaba en esa defensa. Esteban era un hombre espléndido.
Versículo 15 Los que allí estaban vieron como el rostro de un ángel que resplandecía, pureza y bien. Si queremos ser personas habladores de la Palabra, tenemos que saber que los contratiempos van a venir. Si se ven en nuestro rostro coraje, ira, molestia, desilusiones, etc. entonces no podemos esparcir y dar el crecimiento de la Palabra. Esteban encontró la perfección, por eso el Señor se lo llevó. Vieron algo de la gloria del Señor reflejada en su resplandeciente rostro. De su consagrado seguidor vemos una vida rendida al Señor, decidido a proclamar la Palabra. Que en nuestro rostro se vea que hay un Dios santo y que por tal razón es llevada la Palabra. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
