Mega Zoé
Estudio #0557Iglesia en las casas

Quebremos El Vaso De Alabastro De Nuestras Vidas

Quebremos El Vaso De Alabastro De Nuestras Vidas llama a servir fielmente al Señor y servir con humildad.

Nuevo TestamentoJuan6 min lectura

Juan 12:1-8 Judas fue llamado a ser apóstol, pero en ningún momento quería darle a Jesús lo que le pertenecía. Judas había pasado un par de años caminando junto al Maestro, pero ya Jesús no era para él aquel que lo había llamado; había perdido la visión de cómo mirar a Jesús y eso es muy peligroso. Los hombres se amarran a lo terrenal y dan de lo que tienen a otros hombres como ellos, pero nada a Jesús. Eso es lo que le pasa a muchos que fueron llamados por Jesús y ya no lo ven como lo veían el día que se convirtieron. Cuando se pierde aquella primera forma de ver a Jesús es fácil caer en lo que cayó Judas.

Mateo 26:6 ¡Con cuanta frecuencia la apariencia de caridad sirve para tapar u ocultar la codicia! Parecía que en Judas había un interés por los pobres, pero lo que había en él era su propia codicia. Jesús había confiado en Judas, puso en sus manos la bolsa del dinero de todos ellos, porque tal vez quería salvarlo. El corazón de Jesús era poderoso en amor y generoso.

Como en el caso de Judas, muchos despojan a Dios de lo que le corresponde con algún pretexto caritativo y lo retienen para sí mismos. No hay ninguna intención de dar para los pobres o para otra buena causa. Judas se degradó delante de Dios y desde aquel momento fue conocido como un traidor tanto por cristianos e impíos por aquella degradación y el querer tomar lo que no le correspondía.

A Dios le debemos entregar lo mejor de nosotros. A veces parecemos que damos, pero se vive en una queja. Si nos vamos a dar hagámoslo con intensidad y sin reproches. Cuando Dios nos da la oportunidad para que administremos algo, no lo hace para que rompamos las reglas que tenemos en las Sagradas Escrituras. Cuando tomamos esas malas decisiones como lo hizo Judas, es porque detrás de todo hay la gravedad de la codicia, se despoja a Dios de lo que le pertenece y eso es pecado. Dios nos ha dado dones, ministerios de acuerdo a la capacidad de cada cual, pero debemos entender que todo lo que se nos ha dado es para el servicio a Él, para nada lo veamos como algo para nosotros. Lo podemos ver en el servicio al Señor. Mientras más Dios nos corrige y nos reprende más nos haremos personas que temeremos a Dios. Cuando un hombre cae, no se sabe cuán grande se dejará ver esa maldad delante del mundo entero.

Era el tiempo de Jesús morir por amor a nuestra vida y había una mujer, María, que estaba dispuesta a hacer la voluntad de Dios, tenía que ungir el cuerpo del Maestro. Tenemos que estar dispuestos cuando Jesús nos llama para hacer lo que Él quiere. Ese día determinado María hizo la voluntad de Dios. No le preocupaba lo que todos podrían opinar. Porque podía ser rechazada por los demás, no podría recuperar su perfume costoso y su reputación estaba en entredicho. Pero, para ella era como una despedida de Jesús en lo físico y por eso no pensó ni razonó en lo que estaba para perder porque tenía a su Maestro ahí, delante de ella para que Él la amara. Había en ella la disposición de una pérdida absoluta del orgullo personal. Estaba dispuesta a perderlo todo por Jesús, no sumó sino que restó para ella. Cuidémonos de que en nuestra vanidad no le demos a Dios lo que le corresponde pensando que perdemos. Cuando nos damos a Dios no pensemos que hay pérdida porque Él se mete en todo lo que es nuestro. Cuando nosotros nos convertimos fue para darle a Dios todo nuestro servicio. A veces, cuando le damos un servicio a alguien pensamos que es grande o poco lo que hacemos, pero servir una mesa tiene gran valor, no es un descrédito.

Era la última cena con Jesús, era como si María lo supiera. Por eso fue y quebró el frasco de alabastro, derramó todo el contenido, no se reservó ni una gota. El problema es cuando nos reservamos algo para nosotros. Hermano, no nos quedemos con nada planificando sin saciarnos. El hombre y la mujer de Dios dice: "basta" porque con Dios no tenemos pérdidas sino ganancias, pero cuando tenemos reservas entonces comenzamos a tener pérdidas. Quebremos nuestro frasco para darle a Jesús lo mejor de nuestras vidas. Para María fue suficiente ungüento para ungir al Señor, nada de estrechez hubo en ella. Los que en verdad aman a Jesús van a poner a sus pies lo mejor que poseen, el todo. Algunos lamentablemente, le han dado a Dios su propia y personal vanidad. Debemos ponerle todo a sus pies. Pongámosle a Jesús el todo de nuestras vidas. Hay cosas que ya debemos entregar. ¿Seremos esas columnas donde Jesús puede recostarse y seguir construyendo sobre nosotros? Tengamos cuidado. Seamos como María. Si somos como ella no vamos a reservarnos nada. Hay que quebrar lo que hay que quebrar, lo más preciado por nosotros porque es Jesús el que se nos reveló a nuestras vidas.

El amor no es amor si calculamos meticulosamente todo lo que damos. No calculemos nuestra entrega con Dios. La humildad del amor lo podemos ver en María, porque era común en aquellos tiempos honrar ungiendo solamente la cabeza, pero ella ungió sus pies. Cuando se ama vemos la naturalidad del amor. Estaba rompiendo con lo que estaba establecido. No midió consecuencias y lo que le iba a venir después. No le importó lo que pensara o dijeran. Si en nuestras vidas le damos el lugar que le corresponde a Jesús nuestra casa espiritual va a estar llena de perfume. No hay nada mejor que tener el aroma de nuestra santidad donde quiera que nos movamos. ¿Cual es nuestra gloria? María demostró su amor por Jesús con su propia vida. Quedó en memoria como ejemplo para nuestras vidas. A Jesús le hace falta de nosotros que le amemos con todas nuestras fuerzas. Él quiere nuestras vidas por completo sin ninguna reserva. A Jesús no le quitaron la vida por la fuerza sino que la entregó de gratis porque le agradó hacerlo. Prefirió sufrir por nosotros. ¡Qué maravilloso amor el de nuestro Maestro!

A primera vista, nos puede parecer un imposible que alguien que siguió a Cristo durante tres años, que oyó sus enseñanzas, que recibió repetidas bondades de su parte, que fue un apóstol, al final resultara corrompido de corazón. Judas mostró claramente que esto puede resultar así en cualquier otra persona. Cuidemos nuestro corazón para que jamás se corrompa y que como María le demos lo mejor al Señor sin reservas y sin esperar nada a cambio. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz