A veces, lo que buscamos es querer estar más alto entre los demás hombres. Pero, entendamos, en el Cielo tenemos al Dios vivo que nos ve el corazón. Así que no es nuestro razonamiento o lo que pensamos lo que nos toca, porque al fin y al cabo sin Dios no somos nada. Cuando nos santificamos y vamos conociendo a Dios cada día podemos hablar más de Él. Mientras más nos santifiquemos más conoceremos a Dios y más entenderemos cómo debe ser la vida para cada uno. Cada uno va a entender por sí solo porque Dios trabaja con cada uno. Mientra más buscamos de Dios mejor se escribirá de nosotros en el Cielo. A veces, no caminamos satisfechos porque deseamos vivir lo de otro. Siempre estamos buscando lo que vimos en aquella otra persona, pero no lo que nos corresponde. Dejamos de hacer lo que nos corresponde buscando hacer lo que ya otro hizo y vivimos una vida en muchas ocasiones en grandes peligros. Para llegar en nuestras vidas a donde Dios nos quiere tenemos que pasar por un grande proceso. El ser humano es bien complicado y muchas veces nos queremos meter en la vida de otros. Debemos entender que el éxito o satisfacción que podemos sentir debe ser el propósito de Dios solamente y exclusivamente en nuestras vidas.
Por ejemplo, aquel hombre o mujer de Dios que le toca trabajar por un pueblo que es extremadamente pobre no puede brincar de un lado al otro pretendiendo las grandezas de pueblos ricos, porque al hacerlo es desear ser y estar en aquello que nunca será para él o ella. Entonces, se convierte la vida del cristiano en un vivir insatisfecho. Por eso, no podemos mirar y anciar lo que no nos toca. Mirar lo que nos corresponde nos produce alegría, satisfacción y eso es lo que nos va a dar el éxito. Lo que nos toca vivir es lo que tenemos que mirar. Debemos entender nuestros tiempos. El castigo más horrible que podemos tener es que Dios nos separe de Él.
Todo en la vida tiene un fin. Todo aquello que parece ser para disfrutar en este mundo es el horror del mañana. ¿Hemos nosotros de envidiar al impío? A éste Dios le ha puesto en ruina. Si hemos de proceder en la envidia es posible que tengamos la misma horca que tuvo Amán. Ester 7: 10 Seamos felices con lo que Dios nos ha dado. El hombre malvado mientras más alto se levanta más profunda y dolorosa es la caída. No se puede vivir en paz cuando nos metemos en otro terreno. La desolación, destrucción, ruina viene para los que se exaltan indebidamente. Como los árboles derribados por un rayo y así como son las ruinas de Babilonia, los juicios de Dios se revelan en grandeza de desolación contra los que se exaltan indebidamente.
Es bien peligroso cuando viene sobre nuestras vidas el querer lo de otro. Si no hay el cuidado de querer lo que no nos corresponde y se busca toda esa gloria de vanidad, de ella se caerá, se carecerá de gracia y la exaltación será borrada y consumida en un instante. Es bien peligroso cuando pretendemos y queremos estar donde no nos toca. Las caídas no son buenas para nadie. Pero, cuidado porque el ojo nunca se sacia. Dios menosprecia el tener envidia de la apariencia de otros. Cuando se anhela lo que no correponde se llena de amargura el alma. El corazón se pone agrio al estar mirando aquello a lo que se le tiene envidia. Vivamos una vida agradable para Dios. El conocimiento que adquirimos de Dios es lo que mueve su mano a favor nuestro.
Nosotros somos manantiales de los cuales fluyen agua, pero si en nuestro corazón hay amargura cuando hablamos nuestras aguas van a ser amargas. Si hay un espíritu amargo se vive levantando el puño contra Dios. Entonces, no movemos Su mano porque que de nosotros mana la amargura. Ya no le vemos nada bueno a nadie y nada nos satisface. Cuando se habla con esa melancolía y complejo no se ve a Dios sino que se actúa como una bestia que no tiene razonamiento. Es como permitirle a la mente que ocupe todos nuestros sentidos, se apodera y ésta abusa como bestia que parece que nos está hundiendo. Dios nos ha dado, Él es nuestra providencia; nunca va a fallar o a equivocarse. A veces nos olvidamos de esa providencia infalible para nuestras vidas.
Fue una confesión bien humilde la de Asaf. Una descripción perfecta de la condición humana. El justo dice cual será su condición. Dependamos completamente de la gracia de Dios. No nos sintamos dejados de la mano de Dios en el momento malo. No renunciemos a la fe aunque reconozcamos nuestra necesidad. Se llega a consumar el pecado cuando se es querido, deseado y lo aceptamos. Entonces, nos debilitamos y éste nos separa del Señor. Pero cuando nos lamentamos sinceramente, el Señor no se separará nunca de nosotros. No hay nada que nos pueda apartar del amor de Dios. Romanos 8: 38, 39 Busquemos al que tenemos en el cielo. Es lo más grande que tenemos en nuestras vidas. ¡Para que desear otra cosa! En la tierra no hay ningún bien para nosotros. Dios es nuestra porción. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Para Que Desear Lo De Otra Persona! Dios Es Mi Porción
Salmos 73:18-26
“¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.”
Muchas veces no caminamos satisfechos porque deseamos vivir lo de otro, y dejamos de hacer lo que nos corresponde. Asaf lo confesó con humildad: se le llenó de amargura el alma, pero descubrió que Dios es su porción para siempre. Estos son los puntos para la semana.
- Sin Dios no somos nada. Mientras más nos santificamos y buscamos a Dios cada día, más lo conocemos y mejor entendemos cómo debe ser la vida que Él tiene para cada uno.
- El que siempre busca lo que vio en otra persona, y no lo que le corresponde, vive insatisfecho y en grandes peligros. Mirar lo que nos toca vivir produce alegría, satisfacción y éxito.
- Todo en la vida tiene un fin, y lo que parece para disfrutar en este mundo es el horror del mañana. El malvado, mientras más alto se levanta, más profunda y dolorosa es su caída.
- Si procedemos en la envidia, podemos terminar en la misma horca que tuvo Amán. La exaltación indebida se consume en un instante, el ojo nunca se sacia, y Dios menosprecia la envidia de la apariencia de otros.
- Somos manantiales: si hay amargura en el corazón, nuestras aguas salen amargas. El espíritu amargo vive levantando el puño contra Dios, ya no le ve nada bueno a nadie y actúa como bestia sin razonamiento.
- Dios es nuestra providencia y nunca falla ni se equivoca. No nos sintamos dejados de su mano en el momento malo: cuando nos lamentamos sinceramente, Él no se separa de nosotros, y nada nos aparta de su amor.
- Busquemos al que tenemos en el cielo, que es lo más grande de nuestra vida. ¿Para qué desear otra cosa? En la tierra no hay ningún bien para nosotros fuera de Él: Dios es nuestra porción.
Cada vez que te sorprendas mirando con deseo lo que tiene otro, detente y dale gracias a Dios por una cosa concreta que Él te ha dado a ti.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
El Manantial de Agua Amarga
Salmos 73:18-26
Para leer en voz alta con los niños
“¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: Asaf descubrió que, teniendo a Dios, no necesitaba nada más en el mundo. El estudio dice que somos como un manantial de agua: si el corazón está lleno de envidia y amargura, el agua que sale de nosotros sale amarga.
- A veces miramos lo que tiene otro niño —un juguete, unos tenis, una casa grande— y dejamos de disfrutar lo que Dios nos dio a nosotros. Eso se llama envidia.
- El que siempre quiere lo de otro nunca está contento. Pero el que mira lo que Dios le dio a él vive alegre y satisfecho.
- La envidia pone agrio el corazón. Entonces las palabras salen amargas, como agua mala de un manantial, y ya nada ni nadie nos parece bueno.
- Cuidado: la envidia trae consecuencias. En la Biblia, Amán quiso lo que no le tocaba y terminó cayendo en la misma trampa que había preparado para otro.
- Asaf se sintió amargado, pero se lo contó a Dios con sinceridad. Y descubrió que Dios nunca lo soltó: siempre lo tuvo tomado de la mano derecha.
- Dios ve tu corazón. Si le pides perdón de verdad cuando sientes envidia, Él no se aparta de ti, y nada te puede separar de su amor.
¿Qué cosa de otra persona has deseado tener?
Esta semana, cada noche antes de dormir, dale gracias a Dios por tres cosas que Él ya te dio.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
