Somos capaces de atrevernos a pedir a nuestro gusto desechando lo que Dios nos ha querido dar, lo hacemos sin considerar la pureza y la buena voluntad de Dios para con nosotros. Así que pedimos lo que sea, dándolo como bueno para nosotros. Pedimos y pedimos. Pero, en nuestras bocas no está darle gracias a Dios en todo momento por lo que Él nos ha dado. Pareciera que hay una insatisfacción en uno por todo. Lo vemos cuando el hombre critica a sus propios hijos, a la esposa, o ella critica al esposo, se critica a los padres, se critica y se lamentan por la casa en que se vive, por el trabajo que se tiene, etc. Es más, podemos llegar al extremo de hacer burla con lo que Dios nos ha dado. Cuando eso sucede, es porque hay un espíritu de altivez que lleva a la persona hasta el extremo de criticar lo que Dios le ha dado. Rechazan lo de Dios porque quieren o prefieren otras cosas, cosas que según ellos serían más atractivas a la exigencia humana. Pero, nadie podría darnos lo mejor sino Dios.
Ponemos a Dios en tentación en las situaciones que vivimos en nuestras vidas. No te hablo de enfermedades ni de grandes dificultades, porque Dios se compadece y no nos permite pasar tan grandes estragos sin su intervención, porque Él sale a favor tuyo y mío. Sino que te hablo de otras situaciones que en sí mismas dejan ver la inconformidad y la altivez del ser humano. En el Salmos 78:18 dice, "Pues tentaron a Dios en su corazón…" Dios no fue tentado porque no puede serlo por nadie. Ellos actuaron a propósito para tentarle. Dios nos planta o coloca en un lugar específico y en una situación específica para que así veamos lo que hay dentro de nosotros. La vida está llena de peligros y nuestra conducta provoca más peligros. Hay que ver lo que hay dentro de nosotros y Dios quiere que lo sepamos para que seamos liberados del mal que hay en el corazón. De la forma cómo actuamos es lo que evidencia lo que hay dentro. No se puede excusar ni explicar lo malo que hicimos sino aceptar la falta y corregir nuestros hechos, nuestra conducta. Es la forma de mejorar, de crecer y de encaminarnos a agradar a Dios.
El pueblo de Israel exigía a Dios en aquella hora y en aquel lugar lo que Dios sabía que no les convenía. Estaban pidiendo a su gusto. Aquello que pedían era desordenado. El maná que Dios les estaba dando era sano, agradable y abundante. Pero eso no les satisfacía. Como se piensa que se sabe más que Dios, entonces pedimos a nuestro gusto y no según lo que Dios quiere darnos. Aquellos hombres hablaron contra Dios diciendo: ¿podrá poner mesa en el desierto? ¡Qué osadía! ¡Qué atrevimiento! Se les reventó y salió lo que había dentro de ellos. Este pueblo llegó a pensar mal de Dios, pensaron que después que el Señor los había sacado de Egipto permitiría que les faltara lo necesario para alimentarse y que por ello no llegarían con vida a Canaán. No era pecado que tuvieran hambre o sed pues sabemos que son necesidades naturales, pero, sí se peca cuando se duda de Dios pensando que si sigue Su dirección se carecerá de lo necesario.
La fe se prueba en tales situaciones y en ese momento es peligroso murmurar. Es necesario sufrir un tiempo para que podamos ser corroborados y ver lo satisfechos que estamos con lo dado por Dios. Ellos dudaron del poder de Dios, de la omnipotencia divina. Pensaron mal de Dios, como si fueran a ser considerados por el Señor como nada, como si Dios se fuera a negar a satisfacer sus deseos carnales. La incredulidad está tan arraigada en el corazón humano que cuando el Señor ejecuta milagros en la tierra la incredulidad aflora. ¡Querían mesa en el desierto! ¿Quien puede decir que vive agradecido de su amigo por una bondad pasada si en el futuro alberga una opinión desfavorable sobre él? Esto fue lo que el ingrato pueblo de Israel devolvió a Dios por el hecho milagroso de hacer brotar agua de la peña para apagar su sed (Salmos 78: 15, 16). "He aquí ha herido la peña, y brotaron aguas, y torrentes inundaron la tierra; ¿Podrá dar también pan? ¿Dispondrá carne para su pueblo? Por tanto, oyó Jehová, y se indignó; Se encendió el fuego contra Jacob, y el furor subió también contra Israel, por cuanto no habían creído a Dios, ni habían confiado en su salvación (Salmos 78: 20-22).
El hombre más agradecido es el que atesora las misericordias de Dios en su mente y puede alimentar su fe con lo que Dios ha hecho por él de modo que sea corroborado con ellas en sus apuros presentes. Pero, los hombres de Israel no habían creído a Dios. Porque se quiere no lo de Dios, sino lo de uno. El no creer, de los hombres que dicen que siguen a Dios, es lo que le cierra la puerta del cielo a otros millones que no le conocen. Falta de fe es no creer en el poder de Dios.
Dios tiene demasiado en el Cielo para darnos. Hay tanto allá arriba que en aquella ocasión los cielos dejaban caer alimento y las nubes reventaban por lo repletas que estaban para favorecer al pueblo de Dios. Bastaba que el pueblo recogiera el maná allí mismo. El maná de Dios era apto para nutrir a todo aquel pueblo numeroso ¿Qué era? ¿Orgullo? Tengamos fe y creamos a Dios siempre viviendo agradecidos por lo que hace por nosotros cada día.
¡Que Dios con su trato justo ahuyente la malvada incredulidad de uno! "Nosotros nos alimentamos de ti, ¡Oh Dios! y recibimos de ti seguridad." Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Creer, Creer Es Nuestro Sustento
Salmos 78:18,19
“Pues tentaron a Dios en su corazón, Pidiendo comida a su gusto. Y hablaron contra Dios, Diciendo: ¿Podrá poner mesa en el desierto?”
Israel tenía maná sano y abundante, pero pidió comida a su gusto y dudó de que Dios pudiera poner mesa en el desierto. Pedir sin agradecer y dudar de Dios es tentarlo en el corazón. Estos son los puntos para la semana.
- Nos atrevemos a pedir a nuestro gusto desechando lo que Dios nos ha dado, y en la boca no está darle gracias. Esa insatisfacción se ve cuando criticamos a la familia, la casa y el trabajo.
- Criticar y hasta burlarse de lo que Dios nos dio viene de un espíritu de altivez que prefiere lo que atrae al gusto humano. Pero nadie puede darnos lo mejor sino Dios.
- Dios nos coloca en un lugar y una situación específica para que veamos lo que hay dentro de nosotros. Lo malo no se excusa: se acepta la falta y se corrige la conducta.
- No era pecado tener hambre ni sed, que son necesidades naturales. Se peca cuando se duda de Dios, pensando que si uno sigue su dirección le va a faltar lo necesario.
- Aunque Dios hizo brotar agua de la peña, preguntaron si podría dar pan. Por no creerle ni confiar en su salvación, se encendió el furor de Dios contra Israel.
- El más agradecido atesora las misericordias de Dios y alimenta su fe con lo que Dios ya hizo. La incredulidad de los que dicen seguirle cierra la puerta del cielo a millones que no le conocen.
- Dios tiene demasiado en el cielo para darnos: las nubes dejaban caer el maná y bastaba recogerlo. Tengamos fe y vivamos agradecidos por lo que hace por nosotros cada día.
Esta semana, cada vez que te salga una queja sobre tu casa, tu familia o tu trabajo, cámbiala en voz alta por una gracia a Dios por algo que ya te dio.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Una Mesa en el Desierto
Salmos 78:18,19
Para leer en voz alta con los niños
“Pues tentaron a Dios en su corazón, Pidiendo comida a su gusto. Y hablaron contra Dios, Diciendo: ¿Podrá poner mesa en el desierto?”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: el pueblo de Israel no le dio gracias a Dios por la comida y dudó de que Él pudiera poner una mesa en el desierto. Y Dios les mandaba cada mañana pan del cielo: el maná.
- Dios le daba al pueblo maná todos los días: comida sana, rica y suficiente para todos. Solo tenían que salir a recogerlo.
- Pero ellos querían otra comida, la que a ellos les gustaba. En vez de dar gracias, se quejaron y hablaron contra Dios.
- Tener hambre no es pecado. Lo malo fue pensar que Dios los iba a dejar sin nada, después de que ya había sacado agua de una roca para ellos.
- Por no creerle, Dios se enojó con su pueblo. Quejarse de lo que Dios nos da no es un juego: Él escucha lo que decimos en el corazón.
- A veces nos quejamos de la comida, de la casa, de los hermanitos o de la ropa. Eso es lo mismo que hizo Israel en el desierto.
- El que se acuerda de todo lo que Dios ya hizo, le cree más fácil. Dios tiene muchísimo en el cielo para darte.
¿De qué cosa te quejas más en casa?
Esta semana, antes de cada comida, da gracias a Dios por algo que tienes.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
