El objetivo de la Iglesia es que cada miembro alcance un crecimiento y para llegar a ese crecimiento debe medirse para que sea conforme a la plenitud de Cristo. Es producir hombres y mujeres que sean el reflejo perfecto de Jesucristo mismo. Siempre se ha pensando que la iglesia solo es el lugar para reunirse y donde se nos resuelvan las cosas. Pero es algo mucho más que eso, en ella se forman hombres y mujeres que sean como Cristo. Somos seres en los que Cristo vuelve a vivir. Es sentir que Cristo nos tome y nos posea por completo. Somos criaturas donde Cristo volvió a nacer, por eso pagó un alto precio. Cuando Cristo está en nuestras vidas nunca debemos dejar de creer, sino que debemos ir a esa plenitud. Esa plenitud, totalidad e integridad que podemos obtener de Cristo se convierte en la total madurez y potencia que nosotros necesitamos. Hemos madurado porque Cristo tiene una relación íntima con nosotros y nosotros con Él.
Tenemos que menguar para que Cristo crezca. No hay nada mejor que Cristo viva en nosotros porque hay una paz y un descanso que no viene de ningún otro lado. El fin es perfeccionar a los santos para la obra del ministerio para el servicio y el trabajo. Nos es muy importante la perfección para la obra del ministerio. Es en el ministerio donde hay mucho sacrificio. Hay un edificar en el cuerpo de Cristo, hay mucho trabajo que hacer. Los dones hacen equipar a los santos. El Señor nos ha preparado, por eso hay mucho trabajo que hacer. Los santos son para el servicio. A nosotros Dios nos llamó para el servicio y eso es trabajo, sacrificio por amor. Jesús hizo un sacrificio máximo y aun está a la diestra del Padre intercediendo por nosotros para equipar la iglesia en el ministerio, en el servicio, de acuerdo a la necesidad que va a haber en cada momento. Lo que sucede es que lo que nos gusta es cuán grande sea el ministerio. Nunca eso debe ser así. De acuerdo con la misericordia con que se trabaja, esa misma nos será dada. El servicio es silencioso y se hace porque se ama. Jesús vivía siempre trabajando con mucho amor y silencio.
Ministerio, sencillamente es servicio. Todo el cuerpo tiene que funcionar. Los dones son repartidos por Dios, se regalan, se dan. Lo que tenemos nos lo dio Dios. Jesús vino a la tierra, cumplió, murió, llevó cautiva la cautividad; Él lo llenó todo para nosotros. Nosotros no podemos disponer de lo que tenemos, los dones los pagó Cristo. Por eso, no tenemos voz ni voto en lo que Dios nos dio. Solamente le puede dar de Dios a otros aquel que ha sido pleno en Cristo Jesús. Dios nos pone a cada uno en lugares para ese servicio. Necesitamos ser personas que amemos mucho, que hagamos bien, que nos guste el trabajo y el servicio. Se dan dones para perfeccionar, equipar y así edificar el cuerpo de Cristo. Cada cristiano debe dar un servicio a tiempo completo para Dios. Todos somos útiles para el ministerio y el servicio del cuerpo de Cristo. A la medida de la estatura, de la totalidad de Cristo así es nuestra medida. Nosotros tenemos que crecer a la medida de Cristo. La iglesia debe estar llena del conocimiento de Cristo con la unidad de la fe para llegar a un pleno acuerdo. Cuando no estamos de acuerdo, no podemos ser funcionales ni hacer ese servicio a la persona que tiene la necesidad en el momento. Cuando estamos unidos es porque sabemos completamente lo que Jesús ha establecido para nosotros. No pensamos como queremos sino como Jesús, entonces vamos a ser buenos servidores.
Jesús nunca se limitó, sino que hizo lo que tenía que hacer. Jesús tuvo un sacrificio entero. Cuando en nosotros está el servicio no necesitamos dones como para que caiga fuego del cielo, sino compasión y amor. Necesitamos la medida de la estatura de esa plenitud, esa totalidad para que seamos hechos conforme a Él. ¿A quién queremos parecernos? Seamos hechos conforme a Cristo. Si conocemos la plenitud, la totalidad y cómo era Cristo vamos a ser conforme a Él. Él no buscó ninguna gloria, porque Él amaba. A la mayoría de la gente no le interesa ser conforme a Cristo. Pero, nosotros lo anhelamos y lo necesitamos. Debemos buscar un desarrollo completo de Cristo en nosotros, el cumplimiento del plan de Dios para nuestro crecimiento. El sacrificio y trabajo que había en Cristo es lo que debemos imitar. Jesús se presentó a la tierra como un servidor de todos. Él era el que siempre estaba dando. Cuando logramos obtener ese crecimiento, esa estatura, cuando dejamos de ser niños es porque ya hemos decidido crecer. Los creyentes que no se involucran en un agresivo servicio para Cristo nunca salen de la condición de niños espirituales. Un adulto actúa cabalmente y mantiene su sobriedad. Cuando no se trabaja en el ministerio que se nos ha dado, es de entender que de la labor de niño no se ha salido. Cuando estamos faltos del desarrollo para el servicio es por falta de amor. El que sirve nunca espera el amor de otros, simplemente él ama. No hemos alcanzado más por falta de amor a trabajar.
Por tener inestabilidad es que viene el viento de doctrina, por falta de conocimiento, amor y sacrificio. Por tal razón, no nos hemos convertido en esas personas que el Señor ha querido. Los inmaduros son vulnerables ante los falsos engañadores, que son muy profesionales. Entonces, se puede caer en falsas enseñanzas porque no se ha crecido por falta del amor al servicio. Luego, se la pasan de iglesia en iglesia, se hacen nómadas. Si se creciera a la medida de Cristo no hubiera tanto engaño. Se necesita una iglesia, un cuerpo con el conocimiento de Cristo para que si alguien está engañado, haya un valiente que lo lleve a la verdad. La verdad es un elemento donde siempre debemos movernos y crecer. Tenemos que llenarnos de mucho amor en todo. Mientras los dones nos equipan, nos dedicamos al servicio activo. Cristo es la meta y el objetivo del crecimiento, para que en cada área nos vayamos haciendo más semejantes a Él. La cabeza, que es Cristo, lleva a cabo sus propósitos en la iglesia. Debemos tener muy presente que las coyunturas se ayudan mutuamente para mover todo el cuerpo. Cada uno está diseñado para su propio lugar y función; perfectamente unidos. Cuando uno ama hace las cosas tranquilo y en paz. Cuando comenzamos a dividirnos es porque no tenemos una unidad y así dejamos de ser un organismo vivo. Unidos entre sí por las coyunturas que se ayudan mutuamente. Nos tenemos que ayudar el uno al otro. El más humilde creyente es necesario que ame, sacrifique y haga mucho trabajo, porque según cada creyente cumple con su trabajo apropiado, el cuerpo de Cristo, la iglesia va creciendo en unidad y en armonía para una edificación en amor. Crezcamos a la medida de la plenitud de Cristo y hagamos nuestro trabajo en el servicio. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
