Mega Zoé
Estudio #0610Iglesia en las casas

Que Mi Fruto Sea Para Dios Como El Higo Dulce

Que Mi Fruto Sea Para Dios Como El Higo Dulce enseña a servir con humildad y permanecer en la verdad.

Antiguo TestamentoJeremíasSEMANA DEL 28 DE SEPTIEMBRE @ 5 DE OCTUBRE DE 20096 min lectura

La iglesia es una escuela donde aprendemos. Es en ella donde adoramos y sentimos a Dios muy cerca. Allí nos preparamos, crecemos espiritualmente y servimos a Dios como frutos agradables. Cuando lleguemos al cielo llevaremos el fruto que dimos aquí en la tierra. El fruto nuestro se puede comparar con el fruto que aquí en la tierra da la higuera, el higo. Los higos son frutas dulces y agradables al paladar. Procuremos que nuestros frutos sean como son los higos, que sean dulces y gratos para Dios. Si así somos para Él, también lo seremos para los hombres de la tierra. Por eso, tenemos que ser como un higo que sea dulce al paladar, para tener calidad aún estando en cautiverio, problemas y aflicción. Vivamos lo que vivamos hemos de ser dulces al paladar de Dios para que cuando nos presentemos como iglesia delante de Él le seamos gratos. Con nuestra vida, con nuestros actos dejamos ver cómo somos, higos dulces o amargos. Nosotros decidimos lo que queremos ser.

Dios había abastecido completamente a aquel pueblo de Israel, Él los había bendecido en todas las cosas. Así es Dios con sus hijos, Él está pendiente de nosotros hasta en lo más mínimo. El Señor siempre ha buscado estar muy cerca de cada uno de nosotros, quiere estar en nuestro corazón. Cada vez que le damos lugar al corazón para otras cosas nos separamos de Dios. El alma que está llena de emociones y sentimientos turba nuestras vidas, por eso debemos tener cuidado con ella. Dios nos salva, pero es con paciencia que nos toca a través de los años educar nuestra alma mediante el conocimiento de las Escrituras. Aquel pueblo de Israel se llenó de todo lo terrenal, menos de Dios. Se convirtieron en higos malos que no tenían buen sabor para el Señor, quien los quería seguir bendiciendo.

El problema viene cuando uno no quiere ser una persona obediente para escuchar a Dios. La persona temerosa, cuando oye a Dios, se mueve a hacer lo que Él diga. El ser un higo malo es porque se pierde el temor a Dios. A veces, cuando Jehová nos bendice se nos llena el corazón de sobre-confianza y perdemos el temor y la reverencia a Dios tomando mucha libertad. Entonces, dejamos de ser creyentes fieles y comenzamos a levantar dioses para sustituir al Dios poderoso. Se pretende entonces demostrar una falsa espiritualidad. Seamos espirituales de verdad para con Dios. Los buenos y mejores higos son los que maduran primero y éstos son los que son tomados de la higuera. Nosotros debemos ser ese primer fruto de buena calidad. El buen higo todo el mundo lo apetece, pero el higo malo nadie lo quiere porque no es bueno al paladar.

Los higos malos no se pueden comer, no sirven para nada. El egoísmo, por ejemplo es una característica de ese fruto malo. Nosotros los seres humanos, a veces nos convertimos en personas muy egoístas hasta en las cosas pequeñas. Cuando nos llenamos de odio y de maldad no servimos para ser deseados y apreciados por el Todopoderoso ni por los hombres. A veces, encontramos personas que parecen ser higos buenos, pero no lo son. Dios quiere que en Mega Zoé seamos higos dulces. Cuando nos viene la situación difícil seamos como el buen higo, mantengamos nuestro sabor, nuestra calidad. El higo dulce y el malo están sembrados de igual forma, pero no podemos saber cómo están esos higos hasta que son probados para comerlos. ¿Cómo conocemos o sabemos la clase de higo que somos? ¿Dulces o malos?

Dios quiere que en nuestras aflicciones nos demos cuenta de lo que en verdad somos. A veces, Dios nos bendice tanto que nos ponemos orgullosos y terminamos siendo higos malos, como les pasó a los del pueblo de Israel. Así que, desarrollamos la cualidad de higos buenos o malos según es nuestra reacción hacia los problemas y a las muchas bendiciones de Dios, eso es lo que deja ver lo que somos. Cuando alguien es un higo malo, habla para simpatizar con los hombres, no habla lo que Dios dice. Por lo tanto, ¡cuán peligroso puede ser un higo malo! Cada hermano, cada creyente de Mega Zoé tiene que ser como la "breva", eso significa, como el primer fruto. El higo malo no se quiere someter al quebranto de Dios, es orgulloso y altivo. Por el contrario, al higo bueno cuando le viene el quebranto sabe que lo mejor es bajar la cabeza delante de Dios y humillarse. En el orgulloso no cabe la corrección. Cuanto antes se corrija al niño, mejor. Sabremos qué esperar de esa corrección, pero lo que en la iglesia no se corrige, eso se convertirá en un daño progresivo. En ocasiones, como Dios le hizo al pueblo de Israel, Él nos lleva a la cautividad para corregirnos. Lo que en la iglesia no se corrige a tiempo, al pasar los años ese mal se quiere imponer, por eso se convierten algunos en higos malos. Demos gracias a Dios, pues la mano de corrección de Dios es para nuestro bien, para que seamos higos buenos. Cuando hay un higo bueno en esta tierra éste cambia el destino de muchas cosas, pues es una persona obediente a Dios y que hace bien a los demás.

Las aflicciones que le vienen al que está preso del pecado son para que se humille bajo la mano de Dios. Si estamos en aflicciones Jehová pondrá sus ojos sobre nosotros para levantarnos. Por la humillación cuando aceptamos la disciplina de Dios nos convertimos en higos dulces. En nuestra aflicción y en nuestro dolor seamos obedientes y vayamos a Dios en humildad. Cuando somos metidos en el horno de la aflicción seremos sacados tan pronto como seamos purificados a través de la humillación. El altivo que no quiere humillarse ante su Dios se hace un higo malo que no se puede comer. Dios enseña al que es humilde, aprenderá mediante la providencia de Dios y será higo dulce. En la aflicción es donde vemos la providencia de Dios para nosotros. Mientras más grande es la aflicción, más grande se deja ver Dios en su providencia. No temamos ni le huyamos a la aflicción, en ella se aprende más que cuando todo está bajo control.

La cabeza no es del todo buena para decidir y analizar, por eso Dios está empeñado en nuestro corazón. Cuando uno conoce a Jehová se vuelve a Él de todo corazón y así nos convertimos en higos dulces. En vez de volverse a Dios, el higo malo se vuelve a su orgullo. El higo dulce y obediente será reconocido por Dios en medio de las aflicciones, será guardado en reservas para Dios para días mejores. El rebelde será reservado, pero para tiempos peores. Nosotros decidimos qué días y qué tiempos queremos. Yo quiero ser higo bueno, dulce, obediente a Dios. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz