Mega Zoé
Estudio #0617Iglesia en las casas

Cuando Se Estremezcan Mis Huesos Por El Temor, Clamaré A Dios Y Terminaré Gozoso

Cuando Se Estremezcan Mis Huesos Por El Temor, Clamaré A Dios Y Terminaré Gozoso llama a perseverar en la oración.

Antiguo TestamentoHabacucSEMANA DEL 1 @ 7 DE DICIEMBRE DE 20096 min lectura

Al que confía en Dios le va bien. Como la vida no es fácil, no hay nada mejor que confiar en Dios porque así terminamos con bien. Por lo tanto, no nos lamentemos de todo lo que tengamos que vivir y batallar. Habacuc, siendo profeta, Jehová se le revela; escucha el ruido de las olas, el mar se pone violento y así se está estremeciendo todo su ser. Un hombre y una mujer con cordura tienen que saber que no solo se vive para uno, sino que estamos en un mundo que lo que sucede en él nos debe mover y llevar a clamar. El profeta sintió trastornos en su cuerpo según Jehová le revelaba lo que sucedería. Sufrió un gran impacto en su ser por lo que veía en visión sobre lo que estaba sucediendo en la tierra. Esto lo llevó a clamar. Si Jehová ve que en la tierra se clama por misericordia su mano se mueve. Seamos luchadores en clamor día tras día. No dejemos de orar por nada. Al profeta le temblaban sus labios, se estremecía. Fue como una pudrición que entró en sus huesos al enterarse de lo que había de venir.

Que se estremezcan nuestros huesos y se estremezca nuestro ser para así clamar a Dios. Que Jehová vea que hay hombres que claman en la tierra. La pudrición en los huesos vino por causa del miedo haciendo que hubiera un gemir. Podemos pensar que estamos seguros, pero cuando viene el mal se lleva y destroza lo que queremos. Si no hay nadie que gima, clame, interceda y quiera tener la revelación de Dios serán muchos los que perecerán. Hemos de saber que para aquel que confía en Jehová ese día del temor siempre va a terminar en regocijo y paz, pero es solamente para el hombre que confía y descansa en Dios. Solamente nosotros podemos cambiar muchas cosas. Un hombre y una mujer que confían en Dios son los que pueden cambiar lo que se anuncia. No nos enredemos en lo que quiere todo el mundo, sino lancémonos a la batalla de la oración. Aunque una batalla trae grandes consecuencias, nosotros estamos para meternos en medio a batallar para detener lo malo que pueda venir.

Palestina tenía tres frutos básicos, el higo, la uva y la fruta del olivo, pero se le terminó todo, aquella tierra quedó destruida. Había una gran desesperación. Cuando viene el hambre todo se le convierte al hombre en un caos. Se terminó todo para este pueblo. No había nada, era una tragedia. Nosotros, en nuestro tiempo y en nuestro país no podemos entender el favor de Dios auxiliando al pueblo de Israel, porque estamos limitados en el padecer. Toda aquella tierra había quedado devastada, sin nada. Lo perdieron todo, murió todo, no había ni animales para el sacrificio. No había para comer sino una gran crisis, ni siquiera había donde buscar refugio.

Hoy día no nos gusta someternos a lo que hay que someterse y si estamos viviendo un día difícil en vez de humillarnos lo que se hace es buscar alianzas, juntillas con los rebeldes y eso no es legal. Vayamos donde nuestro Dios quien es el que nos puede librar de todo mal. Tenemos que aprender a vivir entendiendo claramente que no hay alguien mayor que Dios. No busquemos alianzas, no busquemos consuelo fuera de Dios. En Palestina no había fruto, ni un animal para el sacrificio, pero el profeta se alegraba en Jehová y esperaba en el Dios de su salvación. El profeta se debía a Dios y Dios a él. Nosotros nos debemos a Dios y Él a nosotros. Nuestra alma se debe alegrar en el Dios de nuestra salvación. Pero, muchos en el día malo no alaban a Dios con alegría sino que pierden la confianza. Al profeta no le faltaba la confianza aunque todo se hundía. Vivamos en confianza porque Dios nos sacará a flote. Cuanto más difícil pueda ser lo que estemos viviendo, más debemos confiar. Nuestra confianza tiene que ser en Dios. Jehová ha de salir a favor nuestro porque somos sus hijos. No nos echemos a morir. El tiempo que tengamos que esperar con paciencia, lo esperaremos hasta que muera la situación, pero no nosotros. No seamos cobardes. Nuestro razonamiento es lo que nos hace tropezar. La tranquilidad en nosotros es Jehová. Jehová es el Dios de nuestra salvación, por eso tenemos que esperar en la confianza de que Él hará.

El profeta asumió una actitud de generosidad y abnegación en el día difícil. Parecía que los huesos se le habían podrido y que podía ser eso una razón para revelarse. Pero no fue así, sino lo contrario, él alabó a su Dios. En el momento más cruel nosotros también debemos ser generosos y abnegados. Tenemos a Dios y Él está en nuestro ser, por eso no hay porque levantarse en rebelión. Dios es una fuente inagotable a nuestro lado. No olvidemos que lo humano y perecedero que está a nuestro lado no nos puede consolar por siempre. No hay otra confianza plena y eterna en nuestra vida sino Jehová. Somos el pueblo de Dios, Él nos capacita y nos lleva a todo bien. Dios nos capacita para que podamos salir airosos de todo embate que podamos recibir en nuestras vidas.

A veces, mientras más pasan los años las personas se alejan de Dios, pero el hombre sabio más se acerca al Señor. El día de la gran liberación nos llegará. Jehová es el que hace nuestros pies como de siervas. Estos son unos animales que pueden correr sobre las rocas a gran velocidad. De igual manera, nosotros con la ayuda de Dios podremos correr en el camino difícil. El poder es la acción de la confianza sacada de Dios, por eso podemos tener frescura de vida. La confianza no es algo de la tierra sino que viene por todo el bien que Dios ha hecho saliendo a nuestro favor todos los días. Tenemos que ser firmes, estables en esa confianza porque a Dios es que le damos nuestra vida. Celebremos la marcha por nuestros futuros triunfos en la confianza de que Dios hará. No es que seamos prepotentes, pero lo cierto es que somos superiores mediante nuestra fe en Dios, que es el Supremo. Que Dios nos conceda estos dones, porque cada cual recibe de acuerdo a cómo dispone su corazón.

Si en el día de la abundancia nos regocijamos, también en el día malo mostraremos abnegación y generosidad y nos regocijaremos en Dios. Si perdemos nuestra fe y gozo en Dios, ¿de dónde vamos a sacar nuestra confianza? Podemos estar sentados en una montaña de ruinas, pero cantemos alabanzas a Dios y démosle gloria a Él. Hay tiempos en que vivimos como en ruinas y lo mejor es adorar y cantar a Dios hasta gastarnos, entendiendo que la base principal de nuestro gozo es Dios. Si no andamos listos, el enemigo nos quita la alabanza y la salvación. Porque en vez de tener alabanza, cántico y ser liberados de nuestras cadenas se pierde la confianza. Cuando Dios es nuestro refugio demostramos que nuestra felicidad no está ligada a las cosas de este mundo..Hoy tenemos y mañana no. Nuestra felicidad es Dios, no es el carro en que nos montamos. Ese Dios que reina en el tercer cielo es nuestro Dios aquí en la tierra. Él es nuestra fuerza aquí abajo para ayudarnos a vencer las oposiciones y dificultades en este peregrinar en que estamos. ¡Él nos ayudará a vencer!

El profeta comenzó con temor y temblor y terminó en gozo. Para el alma buena la oración es su alivio. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz