David no había envejecido todavía cuando tuvo guerra con su hijo Absalón. Con Absalón experimentó la traición de hijo a padre. También tuvo guerra con otro de sus hijos llamado Adonías. Eso sucedió cuando estaba viejo y ya no tenía fuerzas. Lamentablemente, David nunca provocó en sus hijos tristeza mediante la reprensión y la corrección que necesitaban. A David le fue más fácil pasar por alto lo que estaba mal en ellos. Tengamos cuidado nosotros y no hagamos con los nuestros como él hizo con los suyos. Lo que pasamos por alto es lo que siempre nos va a estar dando problemas, aunque hagamos creer a los demás que todo está bien. Es propio que lo que uno pasa por alto, casi siempre es porque aún se tienen las fuerzas para luego luchar. Si no somos capaces de entristecer al que está actuando mal, con nuestro silencio le cavaremos la tumba. Adonías, estaba lleno de soberbia y veía a su padre David como un hombre viejo y acabado.
Ser fiel es un principio de Dios. La persona que es fiel responde con dolor por el pesar del que ama y nunca va a entrar a los pasos del infiel. La fidelidad es un principio de Dios y el que es fiel, es fiel en todo. David tenía el principio de ser fiel. Sabía lo que era ser ungido y separado para Dios. El fiel lo es siempre aunque se esté muriendo. Es fácil para el infiel olvidar todo lo pasado y todo lo que une. El problema es que muchos viven en las ambiciones del presente y esas destrozan todo en sus vidas. A Adonías se le olvidó que hay que serle fiel a Dios. Dios es el que pone a cada cual en el lugar que corresponde, Él nos une y así es como único podemos conquistar.
1 Reyes 2:35 Los que se unieron a Adonías en rebelión contra David fueron eliminados. Abiatar fue uno de ellos y dejó de ser sumo sacerdote y Sadoc fue puesto en su lugar. A Abiatar le gustó lo que es ser infiel. Todos debemos saber que al Dios que le servimos le debemos fidelidad. Todo pasa, pero Dios no, Él permanece. David era amado de Dios y a él se le dio toda la autoridad en el reino de Israel. David que estaba entrado en años y sin fuerzas se enfrentaba con un hijo prepotente que asumía una autoridad que no se le había otorgado. Nadie con rebelión en su vida puede ser llamado en el reino de Dios.
I Crónicas 22:9,10 El trono le pertenecía a Salomón según la palabra dada por Dios. No era a Adonías, ya había una palabra clara de lo que Dios había establecido. Lo que confunde a algunos es su vanidad, su prepotencia. El pueblo y la nación reconocían a David como profeta además de rey. Dios siempre se le iba a revelar a su siervo. Dios mismo va a cuidar lo que Él estableció. David entendía que era Salomón quien iba a hacer la obra de Dios después de él. Adonías hizo sacrificio que parecía ser para Dios, pero era para sí mismo y su vanidad. El problema es cuando nadie se atreve a entristecer a otros cuando están actuando en contra de lo establecido por Dios. Hay que señalarles lo que está mal. Adonías planificó todo muy bien; él tenía una mente consentidora porque David lo había consentido a él. Si se consiente como David lo hizo, se le está dando la condena. A los hijos primero se les da humildad. Una mente que está consentida se revela y va en contra de todo.
Deuteronomio 5:16 Esta es una gran promesa que no puede obtener un hijo consentido sino el que honra a padre y madre. Jehová es quien da ese mandamiento, pongámoslo en alto y no lo subestimemos. El respeto nunca se debe perder. David nunca entristeció a Absalón en todos sus días, aún cuando lo vio levantarse en aquel mal. Es mejor pasar los días molestos en plena guerra, entristeciendo a los nuestros para que recapaciten, que dejarlos enredados en sus males y en sus rebeliones. Lo que nosotros no corregimos haciendo entristecer a los que amamos, lo dejamos que se apodere. No seamos como David que nunca entristeció a su hijo Adonías y por eso pasó a ser de niño malcriado a un hombre caprichoso y ambicioso. Cuando alguien es así se lleva a todo el mundo de frente. El Padre nos tiene que entristecer por el Espíritu Santo en muchas ocasiones. Es bueno que las orejas se nos caigan de vergüenza para ser librados del mal. Valiente es el que se examina sabiendo que en todo hemos de alcanzar. Mejor es ir delante de Dios en humillación para obtener la vida eterna. Cuidado de que nosotros por no levantar molestia en otros vivamos en una falsa apariencia. Si hacemos así y callamos, entonces al final habrá una ruina porque no se luchó ni se estorbó el mal. No se hace una buena obra pretendiendo estar contento con todo el mundo. Cuando no hay carácter, ni hay fuerzas o no se tiene una convicción por lo que luchar, entonces viene la derrota por la altivez y llegan los quebrantos. Hagamos nuestro el reprender, el entristecer cuando hace falta. Cuando entristecemos a alguien que amamos, lo hacemos para que no haya rebelión en su vida.
Lo que no se corrige a tiempo será nuestra vergüenza y agonía mañana. Adonías campaba por su respeto. Venía a destruir a su propio padre. Ya es falta de un hijo si le molesta la reprensión de su padre. Así ha de perder el beneficio de la reprensión. Este es un beneficio y no algo malo. La reprensión es para ir a lo profundo del corazón, donde Dios solamente puede meter su mano y sacar el mal para poner el bien. Si el hijo tiene una falta, será falta igual para el padre si no le reprende cuando es debido. David pagaría el alto precio de su indulgencia por no reprender a su hijo. En David había un mal desordenado, un afecto consentidor que evitaba entristecerlo cuando hacía el mal. Aunque el hijo amenace y diga todo lo que quiera, hay que corregirle para su bien. Hay quienes se convierten en unos abusadores retando toda autoridad porque nunca han sido entristecidos por sus mayores.
Adonías sabía que el designio de David y de Jehová era que el reinado sería de Salomón. Un hijo que no se le entristece hoy, cuando lleguemos a la vejez seremos burla. El amor de un hijo hacia un padre es de mucho peso. En la vejez el hijo le da honor. Les llegaba el azote a los rebeldes que se unieron con Adonías, Joab y Abiatar. Ellos recibieron su pago por lo malo que habían hecho, siendo antes los compañeros de David. Abiatar era el sumo sacerdote, el que caminaba con el Arca. Pero, ¡cuánta maldad hubo en él! Lejos se estará de Dios si nos convertimos en altivos; seamos humildes. Mejor es entristecer a los que amamos, que perderlos. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
