Mega Zoé
Estudio #0628Iglesia en las casas

No Me Puedo Esconder De La Mirada De Jesús, Él Siempre Va A Lo Profundo De Mi Corazón

Este estudio enseña a permanecer como discípulos de Jesús y perseverar en la oración.

Nuevo TestamentoJuan6 min lectura

Si somos la iglesia sensible para hacer la voluntad de Dios podremos rescatar lo que Dios quiere que se salve. Jesús se tropieza en la ciudad de Samaria con una persona, una mujer que no tenía buena reputación la cual solía salir a las afueras de la cuidad a buscar agua. Esta mujer se la pasó buscando amores en otros y nunca encontró un amor verdadero. Jesús se encontró con ella para librarla del pecado tal como se encontró con nosotros. A su tiempo nos llama el Señor para quitarnos el pecado y eso fue lo grande para aquella mujer y para cada uno de los que han tenido un encuentro con el Salvador. Jesús no tenía necesidad de agua ni de comida en aquel momento porque eso no era lo que le provocaba. Él quería llegar a aquella mujer llena de necesidad. La vida de los hombres simples se basa en quejas y quejas, el sensible y espiritual sabe lo que tiene que hacer.

Jesús conocía los pasos, el caminar de aquella mujer. Para aquella época ni todavía en este tiempo es grande la estima de la mujer, sin embargo Jesús estaba hablando con aquella mujer samaritana. Hay que ver que de la forma en que Jesús tuvo amor y misericordia por ella, así también Jesús nos ha amado a nosotros con todos nuestros defectos y fallas. Nada nos puede esconder de la mirada de Jesús porque Él siempre va a lo profundo de nuestro corazón. La forma de amar de Jesús no es la misma forma de amar de todo el mundo. Porque Él es maravilloso y solo de Él salen las maravillas que hemos experimentado. Aquella mujer de Samaria era de poco valor ante todo el mundo. Los discípulos se quedaron maravillados de que Jesús hablara con ella. Pero, Jesús sabe cuál es el corazón que Él toca. Jesús no mira como miran los demás sino que Él mira con mucha bondad y misericordia. Ese gran amor del Señor es con el cual nos miró a nosotros, con ojos puros de bondad y de misericordia. A veces, nosotros hacemos tantos juicios que éstos no nos dejan ver cómo es que obra Jesús. A Jesús no le interesaba lo que era ella, sino lo que iba a hacer en ella. Y así lo hace con nosotros, pero nosotros primero queremos bregar dentro de la gente.

En aquel encuentro Jesús seguía rompiendo barreras. Cuando los discípulos se acercaron a Jesús, ella dejó su cántaro y salió corriendo a la ciudad donde estaban sus vecinos, aquellos que le acusaban y que no la amaban. Ella había experimentado algo único en aquel encuentro con el Señor. Quería testificarles acerca del Jesús que había conocido. Su vida había sido tocada y se había llenado de fe y esperanza en el Mesías. Nuestra insistencia en la oración debe ser de continuo, debemos suplicar a Jesús que nos dé de su bendición, aunque sean las migajas donde Jesús no quiera hacer. En nuestras manos está el clamar aún por las migajas. Cuando somos discípulos, si a algo debemos renunciar debe ser a los prejuicios y a las opiniones personales. Estas cosas nos descalifican como discípulos. Aquella mujer dejó su cántaro y salió corriendo gozosa porque ya era libre. Pero, hoy día el problema de muchos es que todavía caminan con "su cántaro" sin ser libres y con un cántaro a cuesta no se puede caminar. El cántaro de cada uno es su vida pasada plagada de pecados, de temores y del vacío de Dios. Ella quedó libre con el "Yo soy" de Jesús, el Hijo de Dios.

Cuando el camino está pesado es porque todavía se lleva a cuestas el cántaro, no se quiere dejar muchas cosas que atan. A nosotros nos llegó la libertad de Cristo, ya no somos esclavos. Cuando uno se encuentra con Jesús hay un confesar de nuestra parte, Jesús hizo que la mujer samaritana se confrontara con ella misma. No es cualquier cosa lo que está en nuestras vidas, es toda una vida de pecados, errores, huyendo a la ley de Dios, etc. El confrontarnos con nosotros mismos es más difícil. Pero, Jesús sabe todo lo nuestro y fue capaz de perdonarnos todo. Jesús conocía de ella su pecado, su carne, su lascivia. Cuando Jesús nos confronta lo que tenemos que hacer es confesar y quedaremos libres como sucedió con ella. Lo que sucede es que muchos no son capaces de ser valientes y mirarse tal cual son.

Lucas 5:8 Cuando Jesús se nos revela caemos de rodillas ante Él como lo hizo Pedro en esta ocasión. Lo que pasa es que muchas veces no se cree a Dios, por eso no han sucedido los milagros en la vida de algunos creyentes. Donde más victoria hay es en el hombre y en la mujer que le creen a Dios. Cuando Pedro vio el milagro que el Señor realizó ante sus ojos, le cayó un gran temor reverente y cuando en nosotros hay ese temor medimos con cuidado todo lo que hacemos. Pedro, como aquella mujer samaritana también conoció la majestad de Dios. Mientras más del Señor veamos más le buscaremos. Lo que sucede es que a nadie le gusta humillarse y tan sencillo que debe ser para toda persona. A nadie le gusta reconocer su propio mal. Por amor y para que no nos perdamos, Jesús nos empuja a lo que tanto nos hemos estado resistiendo, a humillarnos.

Marcos 10:17-21 La palabra que Jesús le dijo al joven rico le causó mucha aflicción y molestia. Lo mejor es humillarse. Pedro cayó de rodillas y se humilló al máximo, pero el joven rico se molestó y se afligió debido a su altivez. Nadie quiere reconocer su mal. Aquel joven se fue muy afligido porque tenía muchas posesiones.

Aquella mujer de Samaria quedó maravillada porque Jesús miró a su interior y la libertó de su pecado, de su pasado que le avergonzaba la hizo libre. Cuando Dios nos habla es para nuestro arrepentimiento no es para afligirnos o causarnos molestia. Nada nos puede esconder de la mirada de Jesús porque Él siempre va a lo profundo de nuestro corazón. Cuando Dios habla no es para afligirnos sino para traernos nuestro gozo y para nuestro bien, para que acabemos de soltar nuestro cántaro. Si alguien puede ver el mal y tiene poder para sanarlo es Jesús. Ella encontró a alguien espectacular. Entonces, ¿por qué nosotros no hablamos de Jesús a los que conocemos como lo hizo ella? Jesús es vida en nosotros. En nuestras bocas no debe haber silencio cuando lo conocemos. Cuidemos bien nuestras vidas y dejemos que fluya la libertad con que Cristo nos hizo libres. A aquella mujer se le acabó su vergüenza, ya no tenía por qué pagar ningún precio, ya era una mujer nueva gracias al Señor Jesús que la hizo libre. Proclamemos como ella al Salvador, pues también somos libres. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz