Moisés subió al monte y estuvo muchos días en la presencia de Dios. Cuando descendió del monte su rostro resplandecía con gran brillo. Así que, Moisés se puso un velo que le cubriera el rostro. Éxodo 34: 28,29 y 33 Aquella gloria que tenía Moisés sería perecedera, sería abolida, no sería por siempre pues tenía su tiempo. Luego pasaría a ser sustituida por una gloria mayor. La gloria en Moisés estaba destinada a ser superada, no como algo falso por lo correcto sino como lo incompleto por lo completo y lo provisional por lo definitivo. La revelación que vino por medio de Moisés era verdadera e importante, pero era algo parcial. La gloria que ha traído Jesucristo es completa y definitiva. Se dice que el Antiguo Testamento es un paso hacia una mayor gloria. El Nuevo Testamento es la cima de la gloria. Así que las tenemos todas a ganar para poder ser libres y vencer al diablo. No hay ninguna razón para que sea derrotado alguien que esté en el evangelio del Señor Jesucristo.
Hemos leído que en Moisés había un velo que ocultaba el brillo de aquella gloria. El pueblo también tenía un velo en sus corazones. 2 Corintios 3:15 "Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos." Cuidémonos del velo que se atraviesa en el corazón como sucedió con los judíos, es una dureza que no hay quien la quite a menos que haya un arrepentimiento profundo en nuestras vidas. Teniendo un arrepentimiento profundo y verdadero es como único podemos ser libres de la ceguera y torpeza espiritual. Se turba mi alma cuando miro y veo ese duro velo dentro de las vidas y no quieren volverse al Señor de verdad. Todo lo que se ve en la gente que no quiere comprometerse con Dios es un drama a conveniencia. Donde a Jesús se le reconoce como Señor allí hay libertad.
Tenemos libertad frente a la esclavitud de la ley para los judíos. Tenemos libertad mediante el Espíritu Santo para la comprensión de las Escrituras. Tenemos libertad para contemplar el rostro del Señor sin un velo interpuesto. 2 Corintios 3:16-18 "Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor."
En el Antiguo Testamento solo a Moisés se le fue permitido ver la gloria del Señor. En el Nuevo testamento todos nosotros tenemos el privilegio de mirar la gloria del Señor. Cuando hay velo no se puede ver nada. El Antiguo Testamento deja ver a Jesús en todo, pero el velo no les permite a los judíos y a gentiles verlo al día de hoy, no pueden ver a Jesús aunque lean el Antiguo testamento.
Hoy en día a muchos se les escapa el verdadero sentido de las Escrituras porque tienen los ojos velados. (Velado, significa "cubrir con un velo".) En ocasiones, se buscan las Escrituras para fortalecer nuestros puntos de vista más que para encontrar la verdad de Dios. Muchas veces buscamos las Escrituras para lo que queremos encontrar y pasamos por alto lo que no queremos ver o considerar. Por ejemplo, nos fascina todo lo que es misericordia y amor de Dios, pero a propósito se nos pasan aquellos versículos de las Escrituras que se refieren a ira y juicio de nuestro Dios. ¡Así es! Queremos las cosas solo en parte. Así no son las Escrituras. No tan solo hay un velo que les impide a los judíos descubrir el verdadero sentido de las Escrituras sino que en mucha gente hoy día hay eso.
Hay un velo que se interpone entre los judíos (aún también nosotros) y Dios. Es la desobediencia. ¡Ay mi hermano! ¡Qué fácil es caer en ella! Uno piensa que desobedecer es el caminar de aquel que es un injusto. ¡Qué lamentable cuando el justo cae! Muy a menudo es una ceguera moral y no intelectual la que nos impide ver a Dios. Sobre el justo debe haber moral; aún para el impío la hay. El pecado es pecado, nada lo defiende. Cuando se peca se endurece el corazón y ese velo tapa el entendimiento. Si persistimos en la desobediencia nos vamos haciendo cada vez menos capaces de verla en nosotros mismos. La visión de Dios es la bienaventuranza de los limpios de corazón. El velo del que no quiere aprender es lo contrario; no hay peor ciego que el que no quiere ver. El mejor maestro del mundo no puede enseñarle nada al "sabelotodo" que no quiere aprender. Dios nos ha dado libre albedrío y si insistimos en el camino de la desobediencia no podremos aprender Su camino.
La Palabra es el espejo donde Dios deja ver su rostro. Observemos que es la gloria del Señor la que observamos cara a cara. A cara descubierta y por eso nos transformamos de gloria en gloria. No nos quedemos estancados. Si contemplamos a Cristo acabaremos por reflejarle. Así es tu medida, es cuánto reflejas a Cristo en ti. Tus actos, tu forma de vivir, tu pensar, todo tú. Su imagen aparece en nosotros. Es ley de vida que nos llegamos a parecer a los que admiramos. La fuerza y dirección nos vienen del Espíritu y de la resurrección de Jesús. Cuando viene la obra del Espíritu en el corazón no deseamos nada más que servir a Dios, porque ya no es la ley sino el amor lo que nos mueve. Vienes al culto, oras, amas las Escrituras, porque es amor no es ley. Muchas cosas para Dios algunos las hacen de mala gana, si las amáramos las estaríamos viendo como un privilegio y no como una obligación. El amor viste de gloria las más humildes tareas. Tengamos ojos descubiertos y no velados para ver y participar de las maravillas de Dios. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
