Mega Zoé
Estudio #0649Iglesia en las casas

Templo del Espíritu

Templo del Espíritu llama a huir de la tentación y caminar con sabiduría espiritual.

Nuevo Testamento1 Corintios5 min lectura

Dios nos ha revelado muchas cosas a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios. El espíritu del hombre es el único que conoce todo lo que hay en el hombre. Así tampoco no hay nadie que conozca las cosas de Dios más que el Espíritu de Dios. No es el espíritu del mundo el que hemos recibido sino el Espíritu que viene de Dios para que podamos saber todo lo que se nos ha dado. Así que no hablamos la sabiduría humana sino hablemos con las cosas que enseña el Espíritu interpretando lo espiritual para los espirituales. El que no tiene para nada más sino para la vida física no puede entender las cosas del Espíritu de Dios. Nadie puede llegar a descubrir lo que hay en otro hombre excepto si el hombre mismo decide darlo a conocer.

El natural es el hombre que vive como si no hubiera nada más allá de la vida física, solo considera la vida pura material. Ese hombre vive limitado a las cosas de este mundo y por eso no puede entender las cosas espirituales. Cuando se involucra el hombre solo en lo del mundo, para él no hay nada más allá de ese mundo. Hay que pedirle a Dios la mente de Cristo porque solo cuando Él vive en nosotros estamos a salvo de la invasión absorbente de las exigencias de las cosas materiales. Nosotros hemos escapado del mundo uniéndonos al Señor y su reino. El que se une al Señor un espíritu es con él. Así que como soy uno con Cristo no me voy a dejar dominar por nada. Ni por nada material de esta tierra. No voy a permitir que mi cuerpo se salga con la suya pues quiero mantenerme con Cristo, que habita en mí, en pureza. Pablo hablaba de la libertad y los hermanos comenzaron a interpretarlo a su conveniencia. La iglesia de Corinto permitía que el cuerpo se saliera con la suya, ellos no vivían para el Espíritu. Preferían lo material, lo carnal a lo espiritual. El estómago está hecho para la comida, esto les atraía mucho a ellos, pero llegará el día en que ambas cosas dejen de existir. Y después ¿qué? Mejor es cuidarse uno de lo que nos puede separar de la comunión con nuestro Señor.

El ser humano en su conjunto no está hecho para desaparecer o para quedar excluido de lo que será el reino eterno de Dios, sino para estar unido a Cristo en este mundo y aún más íntimamente en el por venir. Si le diste tu vida al Señor y fuiste rescatado y salvo por Él, tu cuerpo le pertenece a Cristo. Si por derecho propio el cuerpo de alguno se ha prostituido con otra persona eso es fornicación. El cuerpo pertenece a Cristo. Ahora bien, si le pertenece a Cristo y alguno lo prostituye, ¿cómo es posible que el cuerpo quede sin quedarse afectado? La fornicación es lo que afecta al cuerpo cuando se prostituye. Pablo quería librar a los hermanos corintios de todo eso en cuerpo y alma. Otros pecados son externos a la persona como la gula, las drogas y el alcohol, pero en el sexo indebido se peca contra el cuerpo. Por eso Pablo decía: "Huid de la fornicación." No se puede juguetear con ella, ni estudiarla, ni aún hablar de ella; ¡Cuidado! Lo vemos en la vida de José, el hijo de Jacob. (Génesis 39) A veces, hay más seguridad en la huída que en otra cosa.

El llamado que se nos ha dado es santo y digno. Se habían olvidado los hermanos corintios que sus cuerpos eran templos del Espíritu Santo. El Espíritu Santo está en nosotros, somos templo de Dios y nuestros cuerpos son sagrados para el servicio del Señor. Jesús murió para salvarnos, dio su cuerpo, alma y espíritu. Cristo murió y dio su vida para salvar no solo parte de uno sino toda la persona humana. Cristo murió para darnos un alma redimida y un cuerpo puro. Así que no tenemos un cuerpo para hacer con él lo que uno quiere sino que ese cuerpo pertenece a Cristo. Así que, cada cual debe usarlo no para satisfacer su concupiscencia sino para la gloria de Cristo. No nos toca a nosotros tomar nuestro cuerpo para usarlo de la manera que deseemos. No podemos dejarnos dominar por nada. ¡Cuidado!

Fuimos comprados por precio. En la cruz vemos la etiqueta con el precio que el Señor Jesús nos puso. Nos consideró tan valiosos que estuvo dispuesto a pagar por nosotros el precio de su propia sangre preciosa. Siendo esto así no puedo yo considerar más mi cuerpo como posesión propia. Eso es un gran amor, uno muy grande como para mancharse por placeres que nos quitarán el Espíritu de Dios. En esta vida no puedo tomar lo que no es mío, pues estoy actuando como un ladrón. Bates exclamó: "La cabeza piensa en Aquel (Cristo) cuya frente fue ceñida con espinos. Las manos, deben trabajar para Aquel cuyas manos fueron clavadas en la cruz. Los pies, son para que nos lancemos a hacer la voluntad de Aquel cuyos pies fueron traspasados. El cuerpo mío, debe ser el templo de Aquel cuyo cuerpo fue herido con indescriptibles dolores. El cuerpo del Maestro fue muy afectado por un dolor físico mas allá de lo que nos podemos imaginar. Así que seamos fieles a ese amor que nos da el Señor mediante el cual nos hace nuevas criaturas. Amemos a Cristo, su sacrificio, su cruz y conservemos puros nuestros cuerpos para él. Cultivemos nuestro espíritu mediante la oración, la palabra, el culto, etc. y acerquémonos cada día más a Dios y no seamos carnales. Aprendamos lo que Pablo le enseñaba a los corintios y andemos en novedad de vida. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz