Obediencia es oír, escuchar, someterse y hacer lo que otro manda. Pedro dice en Hechos 5:29: "Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres." Hoy en día, en la Iglesia es todo lo contrario, se obedece más a los hombres que a Dios. La razón es para que las personas no se enojen y no se vayan de la iglesia y así tener a todos contentos aunque se les derrumbe encima el edificio de sus casas. ¡Cuando no se puede obedecer no se puede conquistar! El obedecer es de aquel que es capaz de recibir instrucciones. Nadie puede alcanzar nada si no puede ser una persona obediente. A la mayoría de la gente no le gusta obedecer y hacen conforme a lo que quieren buscando lo que les conviene, porque trabajan para ellos mismos y para nadie más. Si hacen algo por otros lo hacen para aquellos que están más cerca, por no más de 3 ó 4 personas. Cuando la Biblia habla de obedecer a Dios es para que entendamos que a cada uno Dios lo capacita para hacer algo a favor de los demás, no a favor de uno mismo o solo de tres o cuatro. En el reino de Dios nadie es mayor que otro, sino que a cada uno Dios le reparte para que se haga bien a los demás. El mundo es una cadena donde cada uno es un eslabón, si un eslabón no funciona se parte esa gran cadena. ¡Qué fácil es romperla! Pero cuando sucede, alguien se va por ese gran precipicio de dolor y de tormento. Y la razón fue, porque alguien que debió hacer su parte no la hizo porque no le gustó obedecer. Gracias por los que obedecen a Dios, en ellos vemos esa gran cadena de personas valientes.
Josué 1:8 Había promesas para Josué. Había también condiciones para esas hermosas promesas. Claro, que Josué no trabajó tan solo para él. Las órdenes eran que no apartara de su boca el libro de la Ley, que en ella meditara noche y día. No es a veces o cuando conviene que se tiene la Palabra de Dios en nuestras bocas, sino que siempre se tiene en la mente y se habla por la boca. La Palabra de Dios era conocida por el valiente Josué, porque buscaba de ella día y noche y la llevaba a la mente y a su corazón. Entonces, así podía hacer conforme a lo que está escrito, le salía todo bien y el camino de Josué prosperaría. Nosotros debemos ser iguales con este sagrado libro, la Biblia. Siempre vivamos con ella en nuestras bocas, meditemos en ella, conozcamos el libro de Dios y obedezcamos lo que nos dice y así seremos prosperados en nuestro caminar. Mi hermano, todo saldrá bien al que obedece.
Génesis 6:22 Dios removió lo malo y lo difícil de los habitantes de la tierra con un diluvio. Y Noé obedeció a lo que Dios le envió a hacer. Tomó alimento para el sustento de él, de los suyos y de los animales. Vemos así que el que obedece es un buen trabajador, no es ocioso. Noé con ligereza buscó alimento para todos, ese fue el mandato. Hizo todo lo que Dios le mandó, no lo que él pensaba. Siempre hacía conforme a lo que Dios le había mandado. Salvó a su familia en su obediencia, salvó a los animales y a largo plazo te salvó también a ti mediante aquella obediencia, pues logró con ella que toda la humanidad no pereciera.
Pero, alguien muy grande y maravilloso te dio redención de todo tu mal haciendo uso de la obediencia. Jesús obedeció al Padre siendo el Hijo. ¿Cómo es que se lleva a cabo la obediencia? Como lo hizo Jesús. En ruegos y súplicas, con gran clamor y lágrimas. Por los sufrimientos aprendió Jesús lo que cuesta la obediencia. Cuando llegó a estar perfectamente capacitado para la misión que se le había encomendado, entonces llegó a ser el autor de la salvación eternal de todos los que también le obedecen. Fíjate, Jesús aprendió la obediencia. El ministro del Señor debe tener claro esto: "Dios me escogió y me dio este ministerio: es decir, mi servicio a Él y a los hombres." Jesús no escogió su tarea; Dios lo escogió para ella. Uno no escoge por sí mismo, es Dios que escoge para que uno haga. Por tal razón, tú ves tanta deformidad en aquellos que se llaman ellos mismos al ministerio sin Dios haberlos llamado. Por eso vemos que en ellos no hay ruego, súplica, ni clamor, ni grandes lágrimas. Lo que sí hay y abunda en ellos es la presunción y el ego muy inflado. Eso destruye, no edifica.
Hay que considerar los pensamientos que tiene el autor del Libro de Hebreos sobre Jesús. Jesús en Getsemaní estaba en oración y súplicas. El que hace esto es el que obedece. Los que dicen ser llamados por Dios y no lo son, se rebelan contra el mismo hombre. ¿Y a quién vinieron a servir? ¿No es a los hombres a quien sirven los que en verdad son enviados por Dios? ¡Y con grandes lágrimas! La palabra "clamor" indica un grito que no se quiere lanzar, que se le escapa de la garganta en el estrés de un dolor insoportable. Así que no hay agonía del espíritu que no haya pasado Jesús. Si también sufres y tienes en tu cuerpo las aflicciones de Cristo es porque eres obediente como Él, quien en amor y entrega nos dio el máximo ejemplo.
Los rabinos tenían un dicho: "Hay tres clases de oración, cada una más elevada que la anterior: oración, clamor y lágrimas." La oración se hace en silencio, el clamor elevando la voz, pero las lágrimas lo vencen todo. Jesús conoció hasta la oración desesperada de las lágrimas. Jesús aprendió de lo que vivió en obediencia, porque llevó en su cuerpo con gran reverencia lo que padecía. Él obtuvo gracias a su obediencia. Y algunos de lo que poquito o mucho que aquí pasan se quejan de inmediato. ¿Eres tú capaz de doblegar el lomo y no ser un soberbio y aprender obediencia? Jesús aprendió de lo que sufrió. Cuando somos capaces de aceptar con temor reverente lo que nos viene, aprendemos obediencia, crecemos y obtenemos. Pero, si lo hacemos con resentimiento y queja, los gritos de nuestro corazón nos harán sordos a la voz de Dios y no le oiremos. Todas las dolorosas experiencias que pasó Jesús le capacitaron para ser el Salvador que la humanidad necesitaba. Es necesario que tú para lo que fuiste diseñado o creado lo debas cumplir en obediencia a través del ruego, la oración y las lágrimas. Considera que en la obediencia de Jesús obró para nuestras vidas la salvación. Es algo que nos pone a salvo en el tiempo y en la eternidad. Nada nos puede arrancar de las manos del Señor y eso lo obtuvimos de su obediencia. ¡Gloria a Él! Entonces, ¡obedezcamos en todo! Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Con Obediencia, Oración, Clamor y Lágrimas es Que Llegas
Hebreos 5:7-10
“Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia”
Obedecer es oír, escuchar, someterse y hacer lo que otro manda, y cuando no se puede obedecer no se puede conquistar. Jesús, siendo Hijo, aprendió la obediencia en ruegos, súplicas, gran clamor y lágrimas, y así vino a ser autor de eterna salvación. Estos son los puntos del estudio para llevarlos toda la semana.
- Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. Hoy en muchas iglesias se obedece más a los hombres solo para tener a todos contentos.
- Dios capacita a cada uno para hacer algo a favor de los demás, no solo de uno mismo o de tres o cuatro. Somos eslabones de una cadena: si uno no hace su parte, alguien cae al precipicio.
- Josué no apartó de su boca el libro de la Ley y meditó en él de día y de noche. No a veces ni cuando conviene: al que conoce la Palabra y la obedece, todo le sale bien.
- Noé hizo todo lo que Dios le mandó, no lo que él pensaba. El que obedece es buen trabajador, no ocioso, y con su obediencia salvó a su familia, a los animales y a la humanidad entera.
- Jesús no escogió su tarea; Dios lo escogió para ella. En los que se llaman a sí mismos al ministerio no hay ruego, súplica, clamor ni lágrimas, sino presunción y ego inflado, y eso destruye.
- Los rabinos decían que hay tres clases de oración: la oración en silencio, el clamor que eleva la voz y las lágrimas, que lo vencen todo. Jesús conoció hasta la oración desesperada de las lágrimas.
- Jesús aprendió de lo que padeció. Si aceptamos con temor reverente lo que nos viene, aprendemos obediencia y crecemos; pero la queja y el resentimiento nos hacen sordos a la voz de Dios.
Cuando llegue algo difícil esta semana, no te quejes: llévalo a Dios en ruego y súplica, con lágrimas si hace falta, y haz lo que Él te mande.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Lágrimas en el Huerto
Hebreos 5:7-10
Para leer en voz alta con los niños
“Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: Jesús le oró a su Padre con gritos y lágrimas, y aunque era el Hijo de Dios, aprendió a obedecer en medio del dolor. El estudio nos lleva al huerto de Getsemaní, donde Jesús oraba llorando antes de ir a la cruz.
- Obedecer es oír lo que te dicen y hacerlo. Primero se obedece a Dios, aunque otros se enojen o se rían de ti.
- Somos como una cadena de muchos eslabones. Si un eslabón no hace su parte, la cadena se rompe y alguien sale lastimado. Tu obediencia ayuda a otros.
- Noé hizo todo lo que Dios le mandó, no lo que a él se le ocurría. Por obedecer, salvó a su familia y a los animales del diluvio.
- Jesús oró en el huerto con gritos y lágrimas. Hay oraciones calladitas, oraciones en voz alta y oraciones con lágrimas, y las lágrimas lo vencen todo.
- Cuidado con la queja: cuando obedeces de mala gana y con coraje, el corazón hace tanto ruido por dentro que ya no puedes oír la voz de Dios.
- Porque Jesús obedeció hasta el final, todos los que le obedecen tienen salvación. Nada ni nadie te puede arrancar de las manos del Señor.
¿Qué cosa te cuesta obedecer en casa?
Esta semana, cuando te pidan algo, hazlo a la primera y sin quejarte.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
