Hacia 20 años que Jacob estaba lejos de Esaú. Jacob se había ido huyendo de su hermano a quien años atrás le había quitado la primogenitura y la bendición dada por su padre Isaac. Jacob le había quitado a Esaú toda la bendición de Dios. Para aquel tiempo, esa bendición dada no era meramente palabras, era su fe, era lo que ellos creían, era lo que Dios ya había dicho. Jacob había estado por 20 años luchando por tener esposa e hijos legalmente entre sus parientes. En cambio, Esaú tomó el camino fácil, tomó mujeres de los cananeos. Por eso, Esaú tenía un gran ejército mientras que Jacob lo que tenía era un pequeño grupo de su familia. Entonces, Jacob parecía ser el frágil. Andaba con su ganado, con los niños y con sus esposas. En su caminar levantó los ojos y vio venir a su hermano hacia él. Su hermano venía acompañado de unos 400 hombres. Entonces en la mente de Jacob lo que había era el recuerdo claro del hurto que le había hecho a Esaú cuando le había robado la bendición. A lo mejor, Esaú lo que quiso fue impresionar a Jacob, pero de la manera que reaccionó hacia Jacob, luce más que lo que quería era ayudarle con su familia. Esaú tenía en ese momento, no coraje sino un amor de entrega hacia su hermano.
En el versículo 15 Esaú le dijo: "Dejaré ahora contigo de la gente que viene conmigo." y Jacob le contestó: "¿Para qué esto?" Jacob se rehusaba por completo a dejar que Esaú le ayudara. Había un cargo de conciencia en él tan fuerte que le impedía recibir tanto amor de su hermano. Además, estaba el temor y la sospecha de que los de Esaú por venganza le matarían a su familia, aunque no lo mataran a él, porque su padre Isaac aun vivía. Vemos que hasta este momento Jacob estaba actuando como un hombre simple. Esaú vino a él con un amor y una fuerza de entrega hacia su hermano que lo había traicionado. Es de saber que esta actitud de Esaú es porque perdonó. Perdonó a su hermano y no tenía ningún pensamiento de venganza hacia él, aún cuando Esaú había perdido lo más codiciado o lo más grande para quien era el nieto de Abraham: la bendición del primogénito. A aquellos que Jacob amaba, a su familia, ahora recibían la máxima protección por parte de Esaú. Sin embargo, no había plena confianza en Jacob hacia su hermano Esaú, todavía le temía como a un enemigo. Pero le dio homenaje y lugar como al hermano mayor que era. Se inclinó siete veces delante de Esaú. Hay un dicho que dice: "El proyectil pasa por encima del que se agacha."
Veamos el amor de Esaú. Aunque había estado 20 años lejos no había olvidado a su hermano sino que seguía amándolo pese a la traición sufrida. Ahora estaba reconciliándose con él de todo corazón. Jacob con mil treguas y en Esaú una entrega, una confianza, no reclamó nada, estaba confiado, cariñoso y efusivo. Esaú corrió a su encuentro y le abrazó y se echó sobre su cuello y le besó y lloraron. Así deben estar siempre nuestros corazones. Esaú actuó como quien estaba reconciliado de corazón. Por fuerza tuvo que haber en ese momento un cambio admirable en el espíritu de Esaú. Dios tiene en sus manos los corazones de todos los hombres y puede cambiarlos cuando y cómo quiere mediante un poder secreto y silencioso, pero irresistible. Vemos que de enemigos pasaron a amigos por el poder que hay en Dios, no por la naturaleza humana. Ambos lloraron. No sé quién pueda llorar de hipocresía en un momento así, si los hay no puedo entenderlo, pero creo que los dos lloraron, eran hermanos, llevaban la sangre de su padre al que tanto amaban.
Jacob tenía un gran malestar dentro de su vida desde hacía mucho tiempo, su circunstancia con su hermano. Ahora tenía paz. ¡Gloria a Dios! Tenemos que vencer. Cuando se vencen las malas circunstancias uno gana. En Génesis 32:28 se le dice a Jacob: "Has luchado con Dios y los hombres y has vencido." Jacob nunca se rindió, no le importó saber que le llegaba la hora de la batalla, él peleó, no había cansancio para parar, había que seguir. Nuestro problema es si nos cansamos de luchar, cuando "ya raya el alba" y nos rendimos, no podremos ver el triunfo. Jacob luchaba con Dios para su bendición y también luchaba con el hombre para bendición. En la lucha espiritual de Jacob él dejó las armas de guerra y fueron puestas a un lado, por eso salieron entre él y su hermano las más cálidas señales de cariño mutuo. Jacob insistió en obsequiar muchas veces a Esaú aunque Esaú al principio se resistió. Aquellos obsequios eran una muestra de reconciliación. Aunque Esaú no lo veía como algo necesario, para Jacob sí lo era, para él era muy necesario pagarle a su hermano con algo. Por eso venció. Es necesario amarnos, que luchemos en amor aunque vivamos las malas circunstancias; es amar, perdonar y ser libres. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
