Dios nos llama para darnos las bendiciones de su gran bondad. Todo nuestro bienestar viene de su gran bondad. Esto no se debe a que nosotros hayamos conocido a Dios sino a que hemos sido conocidos por Él. Gálatas 4: 9 En Éxodo 19: 4 dice: "…os tomé sobre alas de águilas y os he traído a mí". Así es el amor del Padre para con uno. ¿Por qué no poder caer a sus pies y rendirse a Él? ¡Cuántos privilegios! "Os tomé sobre alas de águila…" ¡Qué hermosa expresión de la admirable ternura de Dios! Dios no solo vino como un águila volando a liberar a los israelitas sino que se apresuró a sacarlos de allí volando. Lo hizo con la fuerza y con la rapidez propia de un águila. Así fue cuando nos llamó. Nos sacó del mal tan rápido como en las alas de un águila. Su pueblo estaba en el nido de aquel horno de hierro que era Egipto, esclavos, con marcas de dolor; ahora los haría una nación. Y dime tú hermano, ¿cómo era el mundo donde estábamos perdidos? Y Dios nos ha sacado de allí queriéndonos hacer un pueblo para Él.
Cuando los arqueros buscan cazar las águilas, ellos no podrán hacerle ningún daño a los polluelos sin que antes hayan atravesado el cuerpo de la madre que los defiende. Así Dios atrajo a los israelitas a Él, como el águila que está dispuesta a dar su vida por sus polluelos. No tan solo fue sacado aquel pueblo por el Señor a un estado de libertad y honor sino que los llevó a tener un pacto y comunión con Dios mismo. Por ellos y por nosotros Jesús murió; el justo por los injustos para llevarnos a Dios el Padre. I Pedro 3:18
Éxodo 19:5 "Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra." ¿A quién le perteneces tú? Somos su especial tesoro, porque la tierra es de Él. La tierra es de Él; entre toda la tierra busca, no a cualquiera, sino a un pueblo que lo ame para Él colmarle de sus ricas bendiciones. En este versículo Dios afirma su soberanía sobre su propiedad en toda la creación visible. A Israel, su pueblo, le dijo que estaban sobre todos los demás pueblos. A nosotros nos ha colmado también de sus más ricas bendiciones como lo es llenarnos del Espíritu Santo, darnos la vida eternal para vivir juntamente con Él y darnos el privilegio de pertenecer a su Iglesia. ¡Bendito sea Dios que nos llamó! ¿Por qué no amarle? Eres distinto al mundo, demuéstralo por el amor que Él te tiene.
Vemos al rey David que entiende que toda riqueza y honores que poseen los hombres se lo deben a Dios. I Crónicas 29:14 Lo que le damos al Señor no es sino una mínima parte de lo que recibimos de Él. Agradece aquí David la gracia de Dios que le capacita para contribuir tan gozosamente a la edificación del templo. Es una prueba del poder de la gracia de Dios en nuestra vida el que podamos hacer de buena gana la obra de Dios. Aquí David habla de sí mismo y de su pueblo. Cual sombra que no dura así es el hombre; todo es de Dios y de lo recibido de Su mano le damos.
David y sus jefes del pueblo se admiran de que Dios se había fijado en ellos y hubiera hecho tanto por ellos. David sabía muy bien que todo es de Dios. También lo expresa en el Salmos 24:1 Cuando Dios les dio la tierra a nuestros primeros padres se la entregó como si fueran arrendatarios reservándose Él la verdadera titularidad de la propiedad. Dios arrienda al hombre las minas, las bestias del campo, los frutos de la tierra, casa, haciendas y aquello que el hombre puede hacer con su ingenio y su esfuerzo; todo es y le pertenece al Señor de los cielos. ¡Que digan cuando alguien muere si se llevó algo!
Dios fue quien fundó la tierra sobre los mares y la afirmó sobre los ríos. La tierra es de Dios por su indiscutible título de creador de cuanto existe. Para uso del hombre la creó y la acomodó. La materia es suya pues la hizo de la nada, la forma también es suya pues la hizo conforme a los eternos designios de su mente. Pasan generaciones y la tierra la sostiene Jehová; permanece sin alterar su estado general ni cambiar su órbita.
Entonces, hay que darle a Dios lo de Él. Éxodo 22:30 Los primeros frutos son para Dios. Romanos 8:32 Ni a su propio Hijo retuvo sino que lo entregó por todos nosotros. Nosotros debemos dar de igual manera y todo aquello que Dios nos pide. Tampoco debía el pueblo demorar en traer la ofrenda de las primicias de la cosecha y del lagar. Dios quiere para sí lo primero y lo mejor para que las bendiciones desciendan más ricamente sobre nosotros.
Los Israelitas pensaban que Dios le estaría agradecido y satisfecho por la multitud de sacrificios que le ofrecían sobre el altar. Pero, vemos en el Salmos 50:10-15 que Dios declara que a Él no le hacían falta tales sacrificios pues Él es el dueño soberano de todos los animales. Dios no iba a comer carne de los toros sacrificados. Él buscaba de su pueblo el sacrificio de alabanza y que le invocaran. La infinita autosuficiencia de Dios muestra nuestra completa insuficiencia para añadir nada a lo que ya es suyo. En Hageo 2:8 dice el Señor: "Mía es la plata y mío es el oro dice Jehová de los ejércitos." Sepamos a qué Dios es el que le servimos; al Dios de poder. Temámosle con amor y reverencia y así veremos sus grandes bendiciones sobre nuestras vidas como el pueblo de Dios que somos. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
