Cuando para el hombre hay un plan divino tiene que haber una dirección que viene de parte del mismo Dios. Es imposible que seamos guiados solo por una dirección humana con alguien de carne y hueso como nosotros. Moisés observó la obra del Tabernáculo de Reunión y pudo ver que el pueblo la había hecho tal como Jehová había mandado y los bendijo de parte de Dios. Fíjate no los bendijo al comenzar la obra sino cuando la terminaron, porque los comienzos suelen ser fáciles, pero acabar una obra grande y acabarla bien, es duro y difícil. Así sucede en uno, al principio todo parece espectacular, pero al final es bien duro. Muchos se entregan y se rinden antes de terminar la obra. Muchos piensan que todo el camino es fácil. Pero no es así, porque si no nos cuidamos y mantenemos las sendas derechas y no sanamos lo cojo nos podemos salir del camino. Hebreos 12: 13 Moisés no pudo entrar a la Tierra prometida al final de su trabajo porque aquel pueblo le provocó a tropezar en la obediencia perfecta que le debía a Dios. Le pegó a la roca en vez de hablarle. Números 20: 8 Entonces, aquel pueblo murmuró mucho. Imagínate, lo que también se hace hoy día es chismear, perder el tiempo en eso. No se vela lo que hay que velar y por eso no se trabaja lo que hay que trabajar. La obediencia es mejor que nada en la vida. Noé hizo conforme a todo lo que Dios le mandó. Así era Noé. Tenía mucho cuidado y diligencia con todo lo que Dios le enviaba a hacer. La fabricación del Arca fue tal como Dios le había indicado a Noé, porque de él hacer algo diferente podía haber mucha desgracia en vez de bendición. Noé tenía su fe en la palabra que Dios le había dado. Todo detalle que hacía Noé era un acto de obediencia al mandato de Dios. Claro que todos le ridiculizaron por su credulidad (él tenía fe), así que su esmero por obedecer podía ser llamado por la gente incrédula: la insensatez de Noé. Pero, Noé lo hizo todo de acuerdo con las instrucciones que le había dado Dios. Una vez comenzada su tarea no la abandonó hasta haberla acabado. Así obro él y así debemos obrar nosotros. Muchos comienzan y no terminan. Claro que la culpa de sus fracasos me la atribuyen a mí (la pastora) o a Dan o aquel o al otro, entretanto que su desobediencia los detiene y les lleva a perder. Josué 11:15 Josué también hizo así como Moisés. ¡Qué lástima es ver a alguien derrotado y amargado por no obedecer a Dios! Dios le había hablado a Moisés de cómo hacer la guerra. Moisés entonces, instruyó a Josué para hacer conforme había recibido de Dios. Josué lo hizo sin quitar palabra de todo lo que Jehová había mandado a Moisés. Mi amado hermano, a lo que se nos envía ni se le quita ni se le añade. Josué era amador de Moisés y ahí está la clave del asunto. Muchos están faltos de amor y por eso no escuchan ni obedecen. Pretenden tener un buen final en sus vidas cuando aún no saben ni qué es lo que se les ordenó y se les requirió. ¡Cuánta ignorancia hay en ellos del deber! Lucas 2:39 Para aquel tiempo de Jesús había que cumplir con todo lo prescrito en la ley de Moisés. Había una palabra escrita que José y María obedecían. Así podemos entender los pasos que llevó José con Jesús. Jesús tenía que ser cumplidor de la ley del Señor. Llevaba la sabiduría en su alma humana. Así crecía. Todo en Jesús estaba bien dicho y bien hecho, mientras que otros niños muestran desde bien temprano la corrupción de la naturaleza humana. En el hombre desde que es niño crece juntamente la cizaña del pecado y el trigo de la razón. Pobrecitos los muchos que no tienen padres que les guíen como lo hizo José con el Emanuel, Dios con nosotros. Hay cosas que debemos hacer y que las podemos descuidar, no lo hagamos. Hay bendición para el que practica la obediencia. Santiago 1:25 La ley de la gracia, que es la ley perfecta, perfecciona la ley antigua de Moisés. El que es diligente no es un oyente de olvido. Es hacedor de la obra y será dichoso en su acción. Yo no puedo hacer que tú hagas esto o aquello cuando eres un oidor olvidadizo. Pero si eres diligente no serás olvidadizo. Y serás dichoso en tu acción. Cuando alguien es un olvidadizo por falta de atención no puede ser obediente en lo que debe hacer. Con frecuencia el olvido es efecto de la falta de atención a lo que Dios habla. La falta de atención es producto de la falta de interés. ¡Oh Dios! Así está lleno el mundo y la iglesia. Cuando aprendemos algo es por el buen interés que le ponemos. A lo que no le pones interés nunca lo harás y eso te hace un desobediente de Su obra. El hacedor de la Palabra de Dios no solo será dichoso en lo que hace y en la recompensa que por ello le otorgue Dios, sino que también será dichoso por su libertad que tendrá. ¡Ay, del que no cumpla con la ley perfecta de la libertad en Cristo! Eso fue lo que Dios le mandó. Mientras obedecemos la perfecta ley de Dios seremos bienaventurados en todo lo que hacemos. Obedezcamos siempre y amemos al que nos ha dado la vida y nos lo ha dado todo. Amén
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
