Esta mujer sunamita (de la ciudad de Sunem) anteriormente le había hecho bien al profeta Eliseo preparándole en su casa un cuarto para dormir y dándole comida (2 Reyes 4: 8-37), por tal razón Dios la protegió del mal que le venía a Samaria, que sería un hambre terrible. Como Jehová llama a los hombres y ellos no le responden les viene el mal. Por eso, el pueblo de Israel iba a ser castigado con una larga y terrible hambre. Dios se lo dijo de antemano al profeta Eliseo para que él trabajara en lo que le correspondería hacer. En el Capítulo 4:38 se nos dice que Eliseo fue a Gilgal, otra ciudad de Israel donde estaban los hijos de los profetas. Allí, de la nada Dios le proveyó a Eliseo para la comida de los suyos. Pero, aquel pueblo era duro de corazón. Ni el castigo ni el favor de Dios los hizo reaccionar para bien. Así es el hombre endurecido, nada le mueve debido a su dureza. Cuando los pequeños castigos no hacen al hombre volverse a Dios, pues Dios tendrá que enviar otros castigos mayores y más largos. Por eso, el hambre duró siete años. Cuando el hombre se endurece más y más, así también Dios calienta más y más el horno de sus juicios. Con Dios no se debe contender.
La bondad de la mujer sunamita hacia el profeta Eliseo quedó recompensada. Por la misericordia, la bondad y el amor de la sunamita hacia Dios y al profeta ella fue premiada. No había alimento en Israel en aquel tiempo, crecía el robo, aumentaba la maldad y la crueldad. En ocasiones, la mucha hambre no les permitía a aquellos hombres y mujeres pensar bien las cosas. Tanto, que cuando el rey iba pasando por el muro le llamó una mujer para quejarse de un trato escalofriante que había hecho con otra mujer de Israel. (2 Reyes 6:26-29) Le explicó que del hambre tan grande que tenían la otra mujer le había dicho: "Da acá a tu hijo y comámoslo hoy y mañana comeremos el mío." Que cocinaron al niño y se lo comieron, pero luego la tal mujer no había cumplido con su parte del trato y no trajo su hijo para también comerlo. ¡Qué hambre había, tanta como para llegar a eso!" Nadie podía salvarse de tan grande juicio de Dios hacia aquel pueblo. El hambre llegó para todos: para los niños, mujeres, hombres y animales; todos morían de hambre por aquellos juicios de Dios.
Pero, por otro lado había allí una mujer sunamita que en el tiempo de la abundancia había sabido hacerle bien al profeta alojándolo en su casa y alimentándolo. Ella lo hacía porque tenía un corazón limpio para Dios y no había en ella dureza. Y por eso fue recompensada. Así que el profeta Eliseo en aquella época de hambre demostró interés en ayudar a la sunamita. No iba a permitir que ella y los suyos murieran de hambre y la recompensa era advertirle que escapara de esa hambruna que venía. Su consejo era que se marchara a otro país (2 Reyes 8:1). Ella iba a encontrar abundancia en cualquier otro país que no fuera Israel. Esta mujer fue recompensada debido al interés que puso en ella Eliseo. El Dios de la Providencia le deparó a ella alojamiento y comida en tierra de los filisteos (vs. 2). El hambre era exclusiva nada más que para Israel; las tierras alrededor no tenían tal hambre. Era la mano de Dios sobre Israel; pero Dios quiso librar a la sunamita de todo aquel mal.
Cuando terminó el tiempo del hambre sobre Isarel la sunamita regresó a su tierra. Fueron siete años fuera de su pueblo Israel. Ella entonces llegó hasta el rey de Israel a pedirle de vuelta sus tierras. Ya el hambre había cesado, ella volvía de la tierra de los filisteos. Parecía que sus tierras habían sido confiscadas, oficialmente la nación se apoderó de ellas. Ella apeló al rey para que se las devolviera. La Providencia vivía pendiente de esa mujer que le hacía bien a lo santo, por tal razón La Providencia se ocupaba de ella en todo y en ese todo estaban sus tierras que habían sido abandonadas por ella por el hambre que había en Israel.
El relato bíblico nos dice que cuando ella llegó ante el rey a pedir de vuelta sus tierras, por la Providencia de Dios allí estaba presente ante el rey, Giezi el ex criado de Eliseo. Giezi le estaba contando y hablando al rey de los milagros de Eliseo. Se supone que donde estaba el rey era un lugar que normalmente estaría prohibido para un leproso. Y sabemos que en 2 Reyes 5:27, en la última oración dice: "Y salió (Giezi) de delante de él (de Eliseo) leproso, blanco como la nieve…" Pero, Dios es soberano y quiso que Giezi estuviera allí cuando la sunamita vino al rey con la petición de las tierras. Precisamente, Giezi le contaba al rey sobre el milagro de la resurrección del hijo de la mujer sunamita. Giezi había sido testigo de que le había puesto el báculo sobre el rostro del niño y no había vivido (2 Reyes 4:31). Y daba testimonio que cuando Eliseo le oró (vs. 34), ¡el niño resucitó!
Así es Dios, proveyendo al que le teme y al que sabe dar a Dios cuando Dios se lo pide. Por intervención y obra de Dios la petición de la sunamita entonces fue pan comido, porque el rey había querido escuchar sobre los milagros de Eliseo. Así que Dios había ablandado el corazón duro del rey para que aquella mujer fuera recompensada por el bien que había hecho a Dios en la vida de Eliseo. Cuando se da de esa manera, como hizo la sunamita, es a Dios que se le da. Por tal razón de Dios viene la recompensa. Aquel rey creyó en los milagros de Eliseo teniendo a aquella mujer presente. Al hablar de Eliseo ella confirmaba lo dicho por Giezi. ¡Esta era la mujer y este era el hijo! Todo en orden para que el rey viera y su corazón se ablandara para devolverle lo de ella. ¡Qué maravilloso es ver a Dios haciendo todo esto a favor de la sunamita! ¿Cómo el rey no le favorecería cuando el Cielo la había favorecido tanto? El rey entendió que delante de él estaba aquel joven a quien Dios le había devuelto la vida luego de haber muerto, gracias al milagro de Eliseo. Así que le devolvería todo a la sunamita para su sustento. El rey mandó que le restituyesen la herencia y los intereses de los frutos que durante los siete años hubiese producido la tierra (2 Reyes 8: 6). De lo que la sunamita le dio a Dios, le fue devuelto todo y con muchos intereses. Hermano, sigamos el ejemplo de esa mujer, pues trabajar para Dios es más que ganancia. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
La Recompensa De La Providencia
2 Reyes 8:1-6
“Hazle devolver todas las cosas que eran suyas, y todos los frutos de sus tierras desde el día que dejó el país hasta ahora.”
La sunamita le hizo bien al profeta Eliseo en tiempo de abundancia, dándole cuarto y comida. Cuando vino el juicio de Dios sobre Israel, la Providencia la guardó, y al volver le devolvió sus tierras con los frutos de siete años. Estos son los puntos para la semana.
- Dios llamaba a su pueblo y no le respondían, y por eso vino un hambre de siete años. Cuando los castigos pequeños no hacen al hombre volverse a Dios, vienen otros mayores y más largos.
- Ni el castigo ni el favor de Dios movieron a aquel pueblo duro de corazón. El hambre llegó a tanto que la gente perdió el juicio. Con Dios no se debe contender.
- La sunamita había alojado y alimentado al profeta en tiempo de abundancia, con un corazón limpio para Dios. Por eso Eliseo le advirtió que se fuera con su casa antes de que llegara el hambre.
- El Dios de la Providencia le dio alojamiento y comida en tierra de los filisteos. El hambre era solo para Israel; era la mano de Dios, pero Dios quiso librarla de todo aquel mal.
- Al volver, sus tierras estaban confiscadas y fue a implorar al rey. Justo en ese momento Giezi le contaba al rey cómo Eliseo había hecho vivir al hijo de aquella misma mujer.
- Dios ablandó el corazón del rey, que mandó devolverle todo, con los frutos de siete años. Lo que la sunamita le dio a Dios le fue devuelto con muchos intereses.
- Cuando se da a lo santo con un corazón limpio, es a Dios que se le da, y de Dios viene la recompensa. Sigamos su ejemplo: trabajar para Dios es más que ganancia.
Esta semana haz un bien concreto a la obra de Dios con lo que tienes a mano, como hizo la sunamita con su casa y su mesa, sin esperar nada a cambio.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Un Cuarto para Eliseo
2 Reyes 8:1-6
Para leer en voz alta con los niños
“Hazle devolver todas las cosas que eran suyas, y todos los frutos de sus tierras desde el día que dejó el país hasta ahora.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: el rey mandó que le devolvieran a la mujer todo lo suyo, y hasta lo que sus tierras habían dado mientras no estaba. Esta mujer le había preparado al profeta Eliseo un cuarto en su casa, y Dios nunca se olvidó.
- Una mujer de Sunem le preparó al profeta Eliseo un cuartito en su casa y le daba comida. Lo hacía porque amaba a Dios, con un corazón limpio.
- El pueblo de Israel no le hacía caso a Dios, y Dios mandó un hambre de siete años. Cuando uno endurece el corazón, lo malo trae consecuencias.
- Pero Dios cuidó a la sunamita. Eliseo le avisó a tiempo: «Vete con tu familia a otra tierra». Ella obedeció, y allá tuvo comida todos esos años.
- Cuando regresó, otros se habían quedado con su casa y sus tierras. Ella fue a pedirle al rey que se las devolviera.
- ¡Y mira lo que hizo Dios! Justo en ese momento alguien le estaba contando al rey el milagro que Eliseo hizo con el hijo de esa misma mujer.
- El rey le devolvió todo, y hasta más. Cuando haces algo bueno para Dios, aunque nadie lo aplauda, Dios lo ve y no se olvida.
¿Qué cosa buena puedes hacer por la obra de Dios?
Esta semana, ayuda en algo en la iglesia sin que nadie te lo pida.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
