Jehú fue rey en Israel al final del ministerio del profeta Elías. En I Reyes 19:16 dice que Dios le dijo
a Elías: "A Jehú, hijo de Ninsi, ungirás por rey sobre Israel.
" Así que Jehú es separado por Dios para hacer
lo que de Dios venía a él. Es seguro que este hombre tenía la capacidad de poder cumplir con lo que Dios le
pedía. Pero, ¡qué malo es cuando llega la flojera por los temores! ¡Qué malo es cuando se decide seguir a
los demás porque es más fácil! Al principio de su reinado Jehú había hecho lo que Dios le había enviado a
hacer. El exterminó la idolatría de Israel tal como se le mandó. A él se le había prometido una recompensa
por obedecer. Sus hijos se sentarían sobre el trono de Israel hasta la cuarta generación (2 Reyes 10: 30).
Pero, Jehu no cuidó su corazón. Es el gran problema cuando uno comienza a hacer las cosas de
acuerdo a los propios pensamientos y no conforme a lo que Dios piensa. El pensamiento de Dios es muy
alto y uno tiene que mantener la comunión con el Señor, sino se comienzan a hacer las cosas como uno cree
que deben ser. Imagina que grande error cometemos cuando no hacemos lo que Dios nos manda. Si fuera
que viviéramos para nosotros, pero no, vivimos para Dios. El peligro está cuando se mezcla lo de uno con
lo que Dios quiere. En esa mezcla se va dejando a un lado lo de Dios y se pone en primer lugar lo de uno.
Ese fue el descuido de Jehú. Todavía faltaban cosas que hacer para Dios y Jehú se había echado a
dormir. Cuidado con descuidar lo que aun te falta por hacer. ¡Cuidémonos! En muchas ocasiones no
estamos de acuerdo con Dios porque nos obstinamos con lo nuestro, con nuestros sentimientos. Queremos
que Dios actúe como nosotros queremos porque queremos las cosas fáciles y placenteras donde quedemos
bien. Cuando hay que hacer lo de Dios quizás en el momento no vamos a quedar bien con aquellos que nos
son cercanos. ¡Cuidado! Cuando el corazón no está bien con Dios vamos a hacer las cosas parciales,
haremos parte de las cosas, haremos algo incompleto. En miles de ocasiones sabemos lo que hay que hacer,
pero, ¡no lo podemos hacer! Porque de todo lo que Dios nos manda hacemos solo una parte, no porque no
podamos, sino porque no estamos de acuerdo en todo lo que Dios quiere. ¡Qué gran rebeldía! Y lo peor es,
tan escondido que lo tenemos como buenos farsantes.
Como rey, Jehú tenía que hacer una reforma completa en Israel; tenía que volver a formar, a
restaurar. Pero, estaba empeñado en hacerlo a medias (2 Reyes 10:29). Terminó con todo lo malo del rey
Acab, pero no se apartó de los pecados de Jeroboam, el que hizo pecar a Israel con la idolatría. Dejó en pie
los becerros de oro que estaban en Betel y en Dan. Jehú tenía que haber hecho todo lo que Dios quería,
exterminar el culto a los becerros, etc. Porque, si no lo hacía entonces Dios no podía bendecir a un pueblo
idólatra. Finalmente, Jehú no fue capaz de quitar toda la maldad en Israel, no le fue fiel a Dios que lo llamó.
Jehú acabó con Baal, pero se apegó a los becerros de oro de Jeroboam. Las estatuas de los becerros
ya era algo que le pertenecía al estado, pues era esto un pecado político por parte de Jeroboam a fin de
impedir que los súbditos del reino del norte desearan volver a unirse a la casa de David. Políticamente,
tampoco eso le convenía a Jehú, así que amó su posición de rey más que obedecer a Dios y cuidar a un
pueblo con el favor de Dios y no con la fuerza de él. Era un hombre llamado, así que tenía que ser capaz de
obedecer lo que Dios le había hablado.
En Isaías 30:9 se habla del pueblo rebelde, porque no se quiere oír la ley de Dios. Cuando no se
quiere obedecer la Palabra de Dios, que es la ley para saber cómo guiar nuestras vidas. Cuando
desconocemos de la ley de Dios entonces ponemos lo nuestro primero, lo que está mezclado con
sentimientos, con la conveniencia y hacemos todo muy planificado para uno mismo.
Oseas 4:6 El pueblo de promesas, bendiciones, abundancia, llegó a ser destruido por sus enemigos.
La razón: se desechó el conocimiento, el conocimiento que Dios daba, así se perdía el sacerdocio. Faltos del
conocimiento de Dios, se les olvidó la luz de Dios y lo pagan los hijos. Dios los olvidaría. En vez de honra
ahora es afrenta. Jehu tenía que haber hecho todo el bien necesario. Nuestros intereses son momentáneos y
no los debemos satisfacer; debemos poner a Dios por encima de todo aunque se pierda todo, aún la vida.
Jehu no cuidó de andar en la ley de Jehová Dios de Israel con todo su corazón. Tenía mucho de él.
Pensamos que nuestro corazón es mejor que la ley de Dios así te puede pasar a ti. Jehu no mostró verdadero
celo como Jesús lo dejo ver en el templo. Jehú parecía ser hombre de poca piedad, aunque Dios se valió de
él como instrumento de la reforma que había que hacer en Israel. Dios castigó a Israel en su reinado. No
había piedad, profanaban lo santo. Fueron castigados por todos sus enemigos. Su gran apatía a la ley de
Dios quedó en el olvido. No se preocupó en servir a Dios. Cuando no se hace lo que Dios ha mandado es
no servirle. La Palabra es con la cual Dios nos manda y no obedecerla es no servirle. Cuidado. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
