Israel estuvo bajo la cautividad de Babilonia y allí en Babilonia había mal e idolatría en extremo. Luego los medos y los persas les dominaron, quienes también adoraban dioses falsos y su conducta era abominable ante Dios. Además, los pueblos que rodeaban a Israel quienes eran los cananeos, los heteos, ferezeos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios y amorreos eran pecadores e igual de abominables ante Dios. Por tal razón, para el sacerdote Esdras su gran lamento venía por la afinidad y mezcla del pueblo con aquellos impíos extranjeros.
Ya Esdras y un remanente del pueblo de Israel habían regresado a su tierra de la cautividad a la que habían sido sometidos por los babilonios y persas. Esdras, el sacerdote judío había trabajado duro y luchado por restablecer el culto y la consagración del pueblo al Señor. Al parecer ya todo estaba acabado. El templo estaba edificado, los servicios restablecidos y aquellos judíos que lograron llegar de vuelta ya no tenían enemigos cercanos que temer. Tampoco había ningún lugar para imágenes de Baal, ni para becerros de oro, ni los lugares altos de idolatría en ninguna parte. Pareciera que todo estaba de maravilla, pero no era así. Se descubrió la existencia de grandes corrupciones en el pueblo. Eran cosas graves que exigían arrepentimiento y corrección inmediata. Comenzó Esdras a enterarse de aquellas cosas que, tal vez por estar tan ocupado, no había visto. Ya se habían resuelto los problemas con sus enemigos quienes se habían levantado en su contra. Pero, ahora era el momento de entrar en las profundidades de la vida espiritual del pueblo. Todo lo que es ir a la profundidad en nuestras vidas con Dios para restaurar lo que está mal trae lágrimas, dolor y lamento. Está en el hombre que se ha alejado de Dios la falta de fuerzas por haberle dado tanto lugar al poder e influencia del diablo. Así que hay que volverse a Dios que es el único que nos perdona y nos levanta. Cuando somos levantados por Dios no hay ninguna parte o jurisdicción del diablo sobre uno. Nada que ver de él en uno, pues Dios lo hecha fuera.
Uno se debe guardar para Dios, pues cuando nos mezclamos con los mundanos al trabajar y movernos en este mundo, se nos pueden pegar las malas costumbres, la imitación de las malas obras y las ataduras propias del reino de las tinieblas. Sabemos versículos y cómo recitarlos de memoria, pero si algo debemos saber, es que no podemos alejarnos del temor a Dios. La costumbre va haciendo el hábito y eso puede suceder cuando uno va asociándose con el mundo. Hacen tanta amistad con el mundo que comienzan a vivir igual que los inconversos. Tanto, que hay creyentes tan atrevidos que son capaces de decir que primero dejarían al Señor que no dejar las cosas que del mundo se le han pegado. Como los del mundo te hacen ver que tienes que participar de lo mismo de ellos, cuando abres los ojos estás igual o peor que ellos. ¡Tan fácil que se van destrozando los mandamientos de Dios! Hacen tales cosas, que el Espíritu Santo se tiene que ir de sus vidas. Luego, para volver hay que entrar en lo que Esdras tuvo que hacer, la humillación. Cuando uno se mezcla con el mundo y hace las mismas cosas que ellos, lo santo entonces es echado a un lado y ya nada de lo malo indigna. Todo es aceptado y "lindo", y se trata de acomodar todo a conveniencia. El problema de muchos que se mezclan con los impíos es que dicen: "No me atrevo a decir nada en contra de lo mundano pues sino me dejan de hablar y de estar conmigo, me quedo solo, etc." Pero, el peligro es que exponemos a los nuestros a la idolatría, al pecado, a lo abominable.
Se entera Esdras de que el pueblo se había expuesto a la violación de la ley divina (Esdras 9:2-3) El pueblo, los sacerdotes, levitas, todos por igual habían pecado. Esta irregularidad inevitablemente traería como resultado muchos males; alentaría y aumentaría la idolatría, que fue la razón de la caída de Judá e Israel. Esdras previó estas consecuencias peligrosas. El informe se lo llevaron los principales a Esdras, es decir, los que junto con su dignidad habían conservado también su integridad. Los que pueden hablar son los que se cuidan de que no haya nada de qué acusarles. Le llevan a Esdras el mensaje de lo que estaba pasando para bien del pueblo, ellos querían que la sabiduría, autoridad y celo pusieran remedio a esa situación. Querían ponerle fin a aquello que podía de nuevo echar a perder lo que habían reconquistado luego de un gran y penoso cautiverio donde lo habían perdido todo. Nada se conserva en pureza si no hay una vigilancia constante, hay que cuidarse bien de todo lo que puede ser abominable a Dios para no volver a ser destruido.
La reacción de Esdras ante aquella noticia tan dolorosa fue tal que rasgó su ropa, le cayó un gran terror por aquel mal, un gran pesar por el pecado de su pueblo, sabía que vendría la ira divina. Y ahí está el gran problema: bajo la ira de Dios no hay sobrevivientes. Dice el mismo Esdras en el versículo 3: "Cuando oí esto, rasgué mi vestido y mi manto, y arranqué pelo de mi cabeza y de mi barba, y me senté angustiado en extremo." Este acto de Esdras fue la señal más significativa del dolor aplastante que vino sobre él. Le dio profunda pesadumbre el que un pueblo llamado con el nombre de Dios se atreviera a violar tan groseramente la ley de Dios. El pesar de Esdras correspondía a la gravedad del pecado. Los que piensan que Esdras no debió actuar así, lamentable lo hacen por la falta de temor a Dios. La reacción de Esdras tuvo gran influencia sobre el pueblo. El pueblo lo vio y todos los que tenían verdadera devoción acudieron a unirse a él. Se juntaron todos los temerosos de la palabra de Dios. Todo el que sabe que la palabra corrige y que señala juicios a lo malo, actúa como lo hizo Esdras, lamentaron el pecado nacional y buscaron los medios de reformación.
Esdras quedó atónito hasta el sacrificio de la tarde (versículo 5) porque al presentarse a Dios confesaría el pecado de la nación, donde él mismo se incluyó para que Dios tuviese misericordia. Estaba en su mente que aquellos que habían sido llevados al cautiverio por causa del pecado, a quienes él había procurado que fueran restaurados, ¡TODAVÍA NO ESTABAN REFORMADOS! Esto produjo un efecto tan aturdidor en su mente que quedó largo rato incapaz de hablar o de tomar alguna acción. Luego hizo oración pública y confesión de pecado. Esdras 2:6 "…y dije: Dios mío, confuso y avergonzado estoy para levantar, oh Dios mío, mi rostro a ti, porque nuestras iniquidades se han multiplicado sobre nuestra cabeza, y nuestros delitos han crecido hasta el cielo." Seamos fieles a Dios. No nos expongamos mezclándonos en nuestro corazón y en nuestros actos con los que no temen a Dios. Vivamos a la altura de lo que somos: "…linaje escogido, real sacerdocio, nación santa…" 1 Pedro 2:9 Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
