Mega Zoé
Estudio #0751Iglesia en las casas

Implorar El Favor De Dios

Implorar El Favor De Dios llama a atender la Palabra de Dios y perseverar en la oración.

Antiguo TestamentoProverbios5 min lectura

En una ocasión cuando el profeta Daniel oraba, decía, "…y no hemos implorado el favor de Jehová nuestro Dios (Daniel 9:13)." Si los hombres fuesen llevados rectamente a considerar la verdad de Dios y a someterse al poder y a la autoridad de su Palabra se volverían del extravío de sus caminos. El primer paso para ello es implorar el favor de Jehová nuestro Dios a fin de que la aflicción sea santificada antes de que les sea retirada. Esto es necesario para recibir de parte de Dios la santidad que necesitamos para ser librados del pecado que asecha. Si Dios nos favorece seremos completamente libres de aquello que nosotros mismos no podemos librarnos, y además nos santifica a través de lo que nos puede perjudicar. Él saldrá a librarnos y en su presencia hay santidad. Nos santificamos cuando nos arrepentimos del mal que hay en nosotros. Entendamos la verdad de Dios y quitemos nuestros argumentos humanos.

Proverbios 24:30 Aquí Dios nos habla de la conducta del perezoso. Cuando no somos prontos para hacer cambiar el mal tiempo nos convertimos en perezosos. Alguien perezoso es uno que muestra resistencia a lo que hay que hacer. Es la flojedad o tardanza en nuestras acciones o movimientos. Se dice bien en un dicho: "¡Para luego es tarde!" Hay que mirar alrededor nuestro y darnos cuenta de las cosas, como están. Esto dijo el escritor de los Proverbios, que observó la condición del campo y de la viña del perezoso. Cuando él observa la viña, pues de acuerdo a la condición en que se encuentra ésta, así será juzgado el dueño de la viña. Observa entonces el escritor y llega a la conclusión de que el culpable de la pobre y mala condición de la viña es el dueño. Vio que el dueño de la viña estaba falto de entendimiento, era una persona que no podía entender lo abandonado y descuidado que estaba lo que le rodeaba. Le faltaba entendimiento, no era listo ni experto cuidando su viña, no era un especialista en el cuidado de su finca, eso le faltaba. No entendía cómo trabajar con una finca. No sabía llegar a un juicio sobre lo que tenía que producir su finca ni como mantenerla en buen estado. Hay temporadas o estaciones en las que se espera la sequía o la nieve, pero este perezoso no entendía cómo debía ser su siembra en estas situaciones. Era falto de entendimiento. No tenía sentido común ni cordura. Tenía a cargo la responsabilidad de sembrar y cuidar su finca y no lo hacía como era debido.

El florecimiento de la agricultura depende del trabajo y de la dedicación. Y con pereza y sin entendimiento se echará a perder el mejor fruto, porque es de acuerdo a como florecen las flores de la siembra que así será su fruto. Si alguien no cuida la flor de su plantación no comerá los frutos de su cosecha…¡ porque no la habrá! La finca que veía el proverbista estaba deplorable, llena de cardos y espinos, su cerca derribada. Estaba en una condición tal que era como para echarse a llorar. Los cardos son unas plantas de hojas grandes y espinosas. La cerca de piedras estaba derribada. ¿Qué finca era esa? Estas son las funestas o desastrosas consecuencias de la pereza. La pobreza vendrá de seguro, como un bandido que merodea para robar y como un hombre armado que asalta a matar.

Debemos poner atención y aprender de esto. Nuestra alma es como una viña que cada uno de nosotros tiene el importante deber de cultivar y proteger. Tenemos que empezar a cuidar nuestras vidas y todo lo demás que tiene que ver con ella. ¿Cómo hacerlo? Debemos cuidarnos de la pereza y ser diligentes, prontos para actuar y atentos para hacer lo que es debido. Hay que arrancar desde la raíz los cardos y espinos de nuestras pasiones desordenadas, pues éstos quieren echarnos a perder toda la finca que Dios nos dio. Debemos cuidar y mantener en el mejor estado y condición los dones que tenemos, el ministerio que ejercemos, el dar, el amar lo santo, la dedicación a lo puro y a lo de Dios.

El vivir y actuar como perezosos nos llevaría a echar a perder nuestra vida y la de los nuestros. La cerca o vallado hay que tenerla en pie, reparada, pues ella es nuestra protección y vigilancia contra las tentaciones del enemigo. Cuando no hay cerca puede entrar cualquiera para robarnos y quitarnos lo que tenemos. La amenaza del diablo estará presente con toda facilidad si no hay una cerca que le prohíba la entrada a nuestras vidas. Cuando el alma del hombre se halla falta de la oportuna defensa ello se debe a la pereza espiritual de la persona, lo cual es una tremenda insensatez. No seamos necios, no seamos insensatos como lo es el hombre que aquí en la Palabra de Dios nos es dado de ejemplo. Seamos en cambio, entendidos para cuidar con entrega y esmero día a día nuestra vida espiritual. Nuestra vida es aquí comparada con una viña, con una finca de uvas. O la cuidamos y la tenemos segura, protegida, floreciente y produciendo sus frutos o la tenemos descuidada, insegura, expuesta a los peligros de nuestro enemigo el diablo, sin frutos. O somos cuidadosos, esforzados y sabios para amar y velar por lo que tenemos o somos unos perezosos echándolo todo a perder. Vivamos para asegurar lo mejor para nosotros y para los nuestros, no olvidemos nunca que este camino es el angosto, no es el ancho. Pero, es el verdadero y único camino que lleva a la vida!!! Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz