Uno dice: ¡Nunca llegará! ¡No llegará a mí la vejez! Pero aquí en este salmo, tenemos la oración de un anciano creyente que en santa confianza y con notable experiencia apela contra sus enemigos y pide bendiciones para sí mismo, dando por seguro una respuesta misericordiosa. Promete a la vez, enaltecer al Señor en gran manera. Vemos que continuamente hay en su vida oración y comunión con Dios. Te aseguro que si desde ahora en tu edad temprana no lo haces tú de esa misma manera, desfallecerás en tu fe y en tu entusiasmo. Por eso, búscalo mientras puedas, busca al Señor tu Dios, quien es el dador de la vida y de todo don perfecto. Él es la roca donde podemos refugiarnos. Salmos 71:3 "Sé para mí una roca de refugio, adonde recurra yo continuamente." Si miras hoy día a tu alrededor todo lo que ves es malo y feo, lo que ves te produce dolor y desánimo y parece que no hay esperanza de que algo bueno pueda suceder. Pero, lo que hacemos nosotros, igual que hace el salmista, es mirar a la Roca y refugiar nuestra vida ahí.
Continúa diciendo el salmista en el Salmos 71:3 "TÚ HAS DADO MANDAMIENTO PARA SALVARME." Es un mandamiento dado por Dios para salvarnos de todo mal que nos venga a amenazar para hacernos daño. Con el mandato dado por Dios la destrucción no puede destruirnos; el hambre no puede acabarnos; nosotros nos reímos de los dos en tanto que el mandamiento de Dios nos protege. ¡LLEGAREMOS A LA VEJEZ CONFIADOS Y PROTEGIDOS POR EL QUE NOS CUIDA Y NOS AMA! Una "orden" es la que da el superior a sus subordinados para que sea obedecida. Y Dios ha dado esa orden, ese mandato o mandamiento para salvarnos de todo peligro y mal.
Salmos 71:4 "Dios mío, líbrame de la mano del impío, de la mano del perverso y violento." El hombre cruel es el que está lleno de odio, tiene odio hacia la verdad y manifiesta enemistad contra Dios y por tanto, se opone violentamente a su pueblo. Dios nos libra de tan gran enemigo, del enemigo cruel que tú ni yo podemos librarnos de sus grandes lenguas venenosas. "Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, seguridad mía desde mi juventud." Cristo nuestro Dios es la esperanza de gloria. No esperamos nada de lo creado por Dios; nada de lo que Dios podría darnos aparte de sí mismo, ninguna gloria creada ni bendición ni riqueza, solo esperamos de Él directamente. De quien esperamos es solo de nuestro mismo Dios redentor. Él nos da su amor, su bendición; participamos del goce del mismo Señor, el cual nos ha amado para ser nuestro gozo y nuestra porción para siempre. Mira bien y distingue qué es lo que te hace llorar, que te lleva a frustrarte, que te lleva a una queja y date cuenta que en esencia eso no es lo importante en tu vida, sino que lo importante es que Dios está contigo, y que ha dado mandamiento para salvarte. Él es la seguridad tuya desde tu juventud. Alguien dijo con razón: "La juventud bien empleada es el mayor consuelo para la ancianidad."
Policarpo fue un mártir quien vivió en los primeros siglos de la era cristiana y fue un anciano creyente ejemplar en su testimonio de amor a Cristo, su Salvador. Cuando el procónsul romano mandó a Policarpo que negara a Cristo y jurara por el emperador, el mártir contestó: "He servido a Cristo estos ochenta y seis años y no tengo queja alguna contra Él, y ahora, ¿voy a negarle? "Como prodigio he sido a muchos, y Tú mi refugio fuerte." Los santos, los creyentes fieles al Señor son hombres de los que la gente se admira; su aspecto oscuro es tan austero y sencillo que asombra, en tanto que su vida y testimonio es tan brillante y tan glorioso que deja atónitos a todos. El creyente fiel a Dios es un enigma; el que no es espiritual no encuentra una explicación o palabras para explicarlo. El creyente fiel a Dios durante los años de su vida como caminante por este mundo es y será un monstruo en pie de guerra contra los deleites de la carne. Sí, contra esos deleites de la carne los cuales son el todo en todo para los demás hombres. Esa fidelidad, testimonio y comunión sincera con Dios es un prodigio inexplicable al juicio del impío, es un asombro temido, pero después de todo despreciado y mofado. Muchos nos entienden y se sorprenden de nosotros.
Salmos 71:8 "Sea llena mi boca de tu alabanza, de tu gloria todo el día." ¡Qué bocado tan bendito! No nos cansa nunca el alabarle, su sabor está constantemente en nuestra boca. El pan de Dios siempre está en nuestra boca; lo mismo debemos hacer con la alabanza, que siempre esté en nuestra boca para exaltarlo a Él. Él nos colma de bienes, entonces, estemos nosotros también repletos de gratitud. Hacer esto no deja lugar para la murmuración. Cuando nuestras bocas no se llenan de alabanza sino de murmuración es porque lo que hay es odio y contienda contra los demás. Cuando tenemos sus bendiciones nuestras bocas se llenan de grandes alabanzas para nuestro Creador. Él es quien hace las maravillas en nuestras vidas desde nuestra juventud hasta nuestra vejez. Por eso, siempre estaremos a su lado deleitándonos en Su presencia y con nuestra boca llena de alabanza, agradeciéndole por todo y porque... ¡HA DADO MANDAMIENTO PARA SALVARNOS! Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
