Hay muchas razones para llegar a parar al fondo del "estómago del gran pez." Sabemos que en el caso de Jonás fue que desobedeció a Dios cuando fácilmente podía ir y predicarle a la gente de la ciudad de Nínive tal como el Señor le había mandado que hiciera. A ti te puede estar pasando lo mismo que a Jonás, que como él a lo mejor estás huyendo o tal vez hasta te sientas como si estuvieras a punto de perecer en el estómago del pez, cuando fácilmente podrías estar muy bien y seguro haciendo las cosas como el Padre quiere. El gran problema para no obedecer es cuando estamos llenos de inseguridades, llenos de lógicas humanas, de temores, de rencores y de prejuicios. Además de todo esto lo que más nos sirve de tropiezo son los grandes compromisos que tenemos. Todas estas ataduras nos pesan más que decidirnos a hacer lo que Dios nos pide; le hacemos más caso a todo esto y no nos decidimos a clamar y a obedecer a nuestro Dios.
Jonás 2:2 "Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez, y dijo: Invoqué en mi angustia a Jehová, y Él me oyó; Desde el seno del Seol clamé, Y mi voz oíste." Vemos en los versículos que Jonás oró a Jehová su Dios desde el vientre del pez. Claro, que fue en su angustia que Jonás tuvo que llegar con su clamor a Jehová. Dios siempre va a escuchar el clamor de sus hijos. Él llamaba a Dios desde "el seno del Seol", porque era allí donde se sentía que se encontraba. Era como si clamara desde la misma tumba, desde el sepulcro, del lugar donde ya uno está como muerto y sin que nadie ayude. Allí no había oportunidad para Jonás de agarrar otro barco para volver a huir, tampoco tenía otro boleto a la mano para escapar nuevamente a Tarsis. Allí estaba completamente solo en su grande angustia, ya no estaba con él su familia, ninguno de sus amados. Allí no había nadie que pudiera decirle: "¡Estoy aquí contigo, no te preocupes!" Pero, lo grande de todo esto es, que aun cuando uno esté en lo más profundo del sufrimiento como lo estuvo Jonás, sintiendo que estamos ya en el sepulcro, PODEMOS DECIR: "¡Y MI VOZ OÍSTE!" ¡Con Dios no hay porqué desmayar!
Jonás 2:3 "Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, Y me rodeó la corriente; Todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí." Debemos entender que cuando estamos rodeados de oscuridad en lo profundo de las malas circunstancias, en lo profundo del oscuro mar donde las corrientes nos arrastran y no podemos tener fuerzas para poder salir de allí, entonces es cuando podemos y debemos razonar que: VIVIMOS EN Dios Y PARA Dios Y NO PARA NOSOTROS. Llegamos a pensar igual que Jonás como cuando dice en el versículo 4: "…Desechado soy de delante de tus ojos" Pensamos que ya hay una final separación de Dios y que ya Dios no quiere saber de nosotros. ¡Que ya no hay nada más que hacer! Ese pensamiento es del Diablo. Pues, Jonás añadió con fe: "MÁS AÚN VERÉ TU SANTO TEMPLO." Era que Jonás conocía a Dios. Sabía que el lugar para buscar a Dios siempre sería allí en su santo templo. Sabía que Dios sí está dispuesto. Que aunque pareciera que estamos en lo final, en lo profundo del Seol, ¡SU TEMPLO SIGUE ACTIVO AQUÍ EN LA TIERRA Y NO SE HA ESCONDIDO! ¡ALELUYA!
¡Cuán angustiado uno puede llegar a estar! El alma se angustia y al parecer perecemos. Vs. 5 "Las aguas me rodearon hasta el alma, Rodeóme el abismo; El alga se enredó a mi cabeza." La mente se turba, el alga se le enredó a Jonás en su cabeza, así se nos enredan a nosotros y nos turban los malos pensamientos. Todo lo que está a tu alrededor te llena la cabeza y te quiere arropar el buen pensamiento de Dios. Entonces, comienza la desesperanza y se cae en lo profundo de la duda y el ánimo cae. Pensamos que se ha terminado todo. Vs. 6 "Descendí a los cimientos de los montes; la tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre." En vez de estar uno en la altura de la fe, de la esperanza, del ánimo y de la fe, caemos en los cimientos, en la parte más baja del monte cuando ya debíamos estar y permanecer en lo alto. Es como si se acabara toda oportunidad, como si todas las puertas se cerraran y ya no hay esperanza. Pero, Jonás continuó diciendo: "Mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío." Es decir: ¡Más tú me sacaste del sepulcro, me sacaste de la muerte, de la desgracia y me colocaste entre tus brazos! ¡En Dios hay salida, en Dios hay esperanza, en Él hay grande amor para librar al que clama a Él en la angustia!
Vs. 7 "Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, Y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo." El alma afligida quiere morir en fuerza y en fe. ¡Cuán oscuro nuestra alma puede ver todo! Si desfallece nuestra alma, ella no nos dejará ver las cosas claras. El alma hace el camino oscuro, te sientes solo, preocupado, ansioso, como en muerte. Entonces, hay que levantar oración, buscar un altar donde ores, clames, donde llores ante Dios y le presentes tu frustración a Aquel que te puede librar. Todo lo que tu alma te está gritando enfréntalo en esa oración, en tu clamor frente al altar que has levantado y con fe proclama como hizo Jonás: "¡MÁS AÚN VERÉ TU SANTO TEMPLO!" Si tu oración es de corazón también veras esto cumplido en ti: "…y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo."
Vs. 8 "Los que siguen vanidades ilusorias, Su misericordia abandonan." El Diablo siempre va a buscar la separación de Dios y la Iglesia. Los que entonces empiezan a amar al mundo abandonan la misericordia de Dios. Lo hacen para buscar vanidades ilusorias (vanidades que pueden producir una imagen o una idea falsa y engañosa). El que se aparta será engañado con una falsa ilusión. Y así dejan Sus misericordias. Pero Jonás no hizo eso, sino que se abrazó a las misericordias de su Dios y lo alabó. Vs. 9 "Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; Pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová." Canta, adora, grita, bendícelo. Vs. 10 "Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra."
Entonces, así es que podré hacer lo que Dios demanda de mí. Porque ya mi alma, mi mente no puede ser engañada por nada y confiaré totalmente en el que me llamó. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Miraré Hacia Tu Santo Templo
Jonás 2:1-10
“Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos; Mas aún veré tu santo templo.”
Hay muchas razones para llegar al fondo del «estómago del gran pez»; Jonás llegó por desobedecer. Pero aun desde lo más profundo, el que clama a Dios puede decir «y mi voz oíste», y con fe mirar hacia su santo templo. Estos son los puntos para la semana.
- No obedecemos cuando estamos llenos de inseguridades, lógicas humanas, temores, rencores y prejuicios, y sobre todo de grandes compromisos. Esas ataduras nos pesan más que decidirnos a clamar y a obedecer a Dios.
- Jonás oró desde el vientre del pez como desde el sepulcro: sin barco para huir, sin boleto a Tarsis, sin familia a su lado. Aun ahí pudo decir: «Y mi voz oíste». Con Dios no hay por qué desmayar.
- Rodeados de oscuridad y arrastrados por la corriente, llegamos a pensar «desechado soy». Ese pensamiento es del diablo. Jonás respondió con fe: «Mas aún veré tu santo templo»; el templo de Dios sigue activo y no se ha escondido.
- Como el alga se enredó a la cabeza de Jonás, se nos enredan los malos pensamientos: viene la desesperanza, la duda, y parece que todas las puertas se cerraron. Pero Dios sacó su vida de la sepultura.
- El alma que desfallece lo oscurece todo. Entonces hay que levantar un altar de oración, clamar, llorar ante Dios y presentarle la frustración; si la oración es de corazón, llega hasta su santo templo.
- Los que siguen vanidades ilusorias abandonan su misericordia. El diablo busca separarnos de Dios y de la iglesia, pero Jonás se abrazó a las misericordias de su Dios y lo alabó.
- «La salvación es de Jehová.» Canta, adora, bendícelo: Jehová mandó al pez, y vomitó a Jonás en tierra. Así, con el alma que ya no puede ser engañada, podremos hacer lo que Dios demanda.
Si esta semana te sientes en lo profundo, no te encierres: separa un momento y un lugar fijo para orar y clamar a Dios, y termina esa oración alabándolo.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Alga Enredada en la Cabeza
Jonás 2:1-10
Para leer en voz alta con los niños
“Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos; Mas aún veré tu santo templo.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: Jonás se sintió abandonado, pero aun así creyó que volvería a buscar a Dios en su templo. Jonás desobedeció a Dios y terminó dentro de un pez enorme, en el fondo del mar, con algas enredadas en la cabeza.
- Dios le pidió a Jonás que fuera a predicar a Nínive, pero Jonás huyó en un barco. La desobediencia lo llevó a un lugar oscuro y apretado.
- Allí, dentro del pez, Jonás estaba solito. No tenía a su familia ni a nadie que lo ayudara. Entonces oró a Dios, y Dios lo escuchó.
- Jonás pensó: «Dios ya no me quiere ver». Ese pensamiento es una mentira del diablo. Dios siempre escucha a sus hijos cuando lo llaman.
- Las algas en la cabeza son como los pensamientos malos y tristes que se enredan cuando tienes miedo. Cuando te pase, acuérdate de Dios y habla con Él.
- Hay quienes se van detrás de cosas que brillan pero son mentira, y se alejan de Dios. Jonás no: se agarró de Dios y lo alabó.
- Dios le dio una orden al pez, y el pez sacó a Jonás a tierra firme. La salvación viene de Dios.
¿Qué haces cuando tienes miedo o estás triste?
Esta semana, cuando te sientas así, busca un rincón tranquilo, habla con Dios y termina dándole gracias.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
