Cuando andamos en Dios tenemos que creer en lo que Él ha establecido. Si nos convertimos en personas ilusas, soñadoras, fantasiosas, ilusionándonos con vanidades de este mundo nos alejaremos de su voluntad y perderemos. Se pierde mucho cuando se le da la espalda al conocimiento de lo de Dios. No podemos dejarnos engañar por las dulces voces. Hay que cuidarse del fácil engaño que sale de la boca del que inculca vanidad. Lo mejor es saber con claridad lo que hemos creído y hacia donde vamos. Nadie nos debe mover después de haber conocido la verdad. Si no somos personas ilusas ni fantaseamos con vanidades podemos saber hacia dónde vamos. Tiene un gran problema la persona liviana e ignorante de lo de Dios. Todos conocemos lo que le pasó a Jonás por huirle a la voluntad de Dios y escapar buscando lo fácil. Jonás entendió y deja ver claro por su mala experiencia que una persona que se convierte en alguien liviano es porque dejó de mirar a Dios y su mirada la puso en lo de esta tierra. Dios es nuestro proveedor, nuestro consuelo, libertador, sanador; es el todo. Cuando comenzamos a poner a Dios en una esquina, en un segundo plano, ahí se convierte la vida en una vida de vanidad y de graves consecuencias.
I Reyes 12:28 Para el tiempo en que gobernó Jeroboam, el pueblo de Israel estaba iluso, fácilmente engañado para alejarse de la verdad que conocía. Alguien que se ha convertido en una persona ilusa es porque ha puesto la mirada en algo que no es Dios y vive engañado. Jeroboam sedujo al pueblo para que hiciera idolatría. Si en nosotros hay una verdad nunca hablemos ni busquemos lo vano. ¿Cómo hemos de cambiar una verdad por lo vano? ¿Porque hay que escuchar la vanidad del hombre? El temor de que el hijo de Salomón, Roboam se quedara con el reino provocó en Jeroboam el no descansar en la palabra de Dios sino en los temores que lo atormentaban. Como hizo Jonás, también Jeroboam escogió un camino equivocado.
I Reyes 15:34 16:13 Jeroboam hizo que el pueblo pecara. Se convirtieron en personas ilusas porque no hubo una persona que se levantara con una verdad. Todo lo que es vano nos aferra a la tierra y eso lleva al infierno. Leemos en la palabra que también Baasa, rey de Israel llevó al pueblo camino a la condenación. Todo lo que es falso en doctrina viene por aferrarse en lo que es vano y pasajero. Un pueblo vano comienza a tomar ideas de aquí y de allá. Pero, de Jehová viene lo que estremece la tierra entera. Como hicieron estos reyes engañadores hay quienes hoy día educan al pueblo en lo que es vano. Por eso, un pueblo que debe honrar y amar a Dios puede llegar a convertirse en un pueblo vanidoso. Entonces, los temas que hablan ya no son sobre el poder y la grandeza de Jehová, sino sobre lo vano y pecaminoso. Aquel pueblo que había visto obrar la mano poderosa de Dios ahora estaba confiando en dos masas de oro, en dos becerros que les preparó Jeroboam. En ocasiones, se cambia a Dios por lo que impresiona, por lo vano.
El que engaña tiene una habilidad para echarle la culpa a todo el mundo. ¿Qué razón hay para vivir en engaño cuando lleva al infierno? Lo único que puede traer a nosotros libertad es la verdad. Por eso, es mejor tener siempre sobre nuestras vidas la palabra que Dios nos ha dado. A veces, ¡hasta se llora por lo que es vano! Jonás se quejó de lo que no debía quejarse y trató de escapar para satisfacer su vanidad.
Jeremías 2:5 ¿Qué mal hay en Jehová que hay creyentes que no son capaces de vivir sus vidas para Él sino que lo que quieren es abandonarlo y convertirse en rebeldes? Lo que separa al hombre de Dios es el pecado. A veces, es más cómodo vivir haciendo servicio a un becerro de oro, a una masa muerta que servir a un Dios vivo que es tres veces Santo. Pero, para servirle a Él hay que vivir en santidad. A los que siguen vanidades ilusorias les llega el engaño. En el Señor lo menos que debemos ser es personas soñadoras y fantasiosas. Nosotros trabajamos en tierra, no podemos ser ilusos porque debemos temer para hacer la voluntad de Dios. Si somos ilusos en la vida cotidiana, lo somos en la vida de Dios y no podemos serlo.
Los ilusos, los que viven ilusionados con fantasías vanidosas son ignorantes y como pueblo de Dios no podemos serlo. Lo mejor es vivir la realidad. Los que viven soñando viven en fantasías y no pueden ver las realidades. Todo en la vida terrenal es vano y si tropezamos en esto dejamos de hacer aquello para lo que Dios nos llamó. ¿En qué hemos estado fantaseando, que hemos dejado de hacer lo que Dios ha demandado de nosotros? Se deja de ver a un Dios potente y se busca otras cosas para alimentar fantasías y al pasar los años se termina viviendo apagado en vez de ser la llama que Dios escogió. ¡Cuidado!
Jonás aprendió con su dolorosa experiencia en quien tenía que confiar. En lo que confiamos, de eso dependemos. Nuestra bendición viene del Cielo, no de nadie en esta tierra. Nuestro gozo y alegría es Jehová. Jonás tuvo que ser quebrantado en medio de aquel mar por su falta de temor. Por eso, tuvo que ver la realidad, porque se vio en grandes aprietos dependiendo totalmente de la misericordia de Dios. Con su conducta Jonás mostró que no era tan temeroso de Dios como parecía serlo. Hay momentos en que se nos escapa la fe, dejamos de creer y ponemos los ojos donde no deben estar. A veces, en las malas circunstancias y en los problemas caminamos en la duda. Es más fácil mirar para acá abajo, la tierra que para el tercer cielo. Se hace un descanso en lo vano y por eso es que entonces no hay un poder de Dios manifiesto. No vivamos las cosas vanas, porque entonces la misericordia de Dios nos abandonaría y nosotros necesitamos la misericordia de Dios todos los días.
Toda desilusión y confusión vienen cuando no sabemos en quién hemos confiado. Cuando alguien, como Jonás pone la confianza en la vanidad y camina en ella, un día esa persona cae y le duele mucho el quebranto. Debemos depender solo de nuestro Dios. Nuestra salvación y socorro vienen de Jehová y de nadie más. No debemos sustituir a Dios por cosas vanas. La tormenta y el pez obedecen mejor a Dios que el ser humano. La naturaleza misma sabe que su creador es Dios, ella no puede ver y escoger las cosas vanas como las vemos y escogemos nosotros. El orgullo nos separa completamente de Dios. "Los que siguen vanidades ilusorias, su misericordia abandonan." Jonás 2:8 Apliquemos esto que aprendió Jonás y no seamos ilusos, vivamos según la verdad y la buena voluntad de Dios para nuestras vidas. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Los que siguen vanidades ilusorias, su misericordia abandonan
Jonás 2:8-9
“Los que siguen vanidades ilusorias, su misericordia abandonan. Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; Pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová.”
Cuando nos convertimos en personas ilusas, soñadoras y fantasiosas con las vanidades de este mundo, nos alejamos de la voluntad de Dios y perdemos su misericordia. Jonás lo aprendió en medio del mar: la salvación es de Jehová. Estos son los puntos para la semana.
- Hay que cuidarse de las dulces voces y del fácil engaño del que inculca vanidad. Después de conocer la verdad nadie nos debe mover; lo mejor es saber con claridad lo que hemos creído y hacia dónde vamos.
- Jonás le huyó a la voluntad de Dios buscando lo fácil. La persona se vuelve liviana cuando deja de mirar a Dios y pone la mirada en lo de esta tierra, dejando a Dios en un segundo plano.
- Jeroboam, por miedo a perder el reino, no descansó en la palabra de Dios y sedujo al pueblo con dos becerros de oro. Aquel pueblo que vio la mano poderosa de Dios terminó confiando en lo que impresiona.
- Todo lo falso en doctrina viene por aferrarse a lo vano y pasajero. Un pueblo vano toma ideas de aquí y de allá, y ya no habla del poder de Jehová, sino de lo vano y pecaminoso.
- A veces es más cómodo servir a una masa muerta que a un Dios vivo tres veces santo, porque servirle a Él pide santidad. Lo que separa al hombre de Dios es el pecado.
- El que vive soñando no ve las realidades y deja de hacer aquello para lo que Dios lo llamó. Con los años termina apagado, en vez de ser la llama que Dios escogió.
- Jonás tuvo que ser quebrantado en el mar por su falta de temor. La tormenta y el pez obedecen a Dios mejor que el hombre; nuestra salvación y socorro vienen de Jehová y de nadie más.
Pregúntale a Dios en qué has estado fantaseando que te ha hecho dejar lo que Él te pidió, y esta semana vuelve a hacer eso que dejaste.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Jonás Canta Dentro del Pez
Jonás 2:8-9
Para leer en voz alta con los niños
“Los que siguen vanidades ilusorias, su misericordia abandonan. Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; Pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: los que corren detrás de cosas que no valen nada se alejan del amor de Dios, pero el que vuelve a Él lo alaba, porque solo Dios salva. Jonás dijo estas palabras desde la barriga del gran pez.
- Dios le dijo a Jonás que fuera a una ciudad, y él se montó en un barco para el otro lado. Huir de Dios parece fácil, pero termina mal.
- Vino una tormenta enorme, a Jonás lo tiraron al mar y un pez se lo tragó. Allí adentro, en la oscuridad, Jonás entendió que solo Dios lo podía salvar.
- La tormenta y el pez obedecieron a Dios enseguida. ¡Qué triste cuando el viento y los animales obedecen más rápido que nosotros!
- Hubo un rey que le hizo al pueblo dos becerros de oro para que los adoraran. La gente cambió al Dios vivo por unas estatuas que brillaban, pero no podían hacer nada.
- Hoy también hay cosas que brillan y parecen importantes: juguetes, pantallas, ser famoso. Si las pones antes que Dios, te alejas de Él aunque nadie se dé cuenta.
- Soñar despierto con cosas que no son de Dios te hace olvidar lo que Él te pidió. Pon tus ojos en Dios, que es el que te cuida y te salva.
¿Qué cosa te gusta tanto que a veces la pones antes que Dios?
Esta semana, antes de usarla cada día, haz primero una oración corta dándole gracias a Dios.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
