Cuando David comienza a huir de Saúl se le unen a él para formar un ejército los hombres que menos uno iba a pensar. Se le unen los que tenían deudas y problemas, los deprimidos, los que estaban faltos de hogar y de familia. Este grupo de personas fue el ejército de David, el ejército al que la Biblia llama "los valientes de David" ("1 Samuel 22:2 Y se juntaron con él TODOS los afligidos, y TODO el que estaba endeudado, y TODOS los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres."). Eran hombres que no tenían esperanza en sus vidas, pero se unieron al rey elegido por Dios. Aquellos DESAHUCIADOS se convirtieron en ¡LOS VALIENTES DE DAVID! Estando con el rey David ya no fueron los pobres e infelices que habían sido, ahora se les llamó VALIENTES. Fueron hombres que no le temían a lo que estaba al frente de ellos. Entendamos, nosotros hoy, que lo que está al frente nuestro es la guerra que tenemos al momento. Dios en su providencia hace de los hombres descartados social y moralmente ¡un ejército de valientes! Por esta razón, no puede nadie menospreciarse y pensar que Dios no puede tenerlo en su ejército y hacer de su persona un valiente.
ELEAZAR, hijo de un tal Dodo, era uno de los principales valientes del ejército de David. Aquí ya no había un fracasado ni uno con desgracia sino que era ¡UNO DE LOS MEJORES HOMBRES DE DAVID! Sabía Eleazar lo que luchaba. Este hombre sabía que al estar con David iba a ser alguien luchador y para nada un fracasado ni perezoso. Ahora sería un hombre de guerra, no un hombre de lamentos ni de fracasos. Fíjate lo importante de cómo es que nos vemos a nosotros mismos; si nos vemos con lástima o con confianza de que el que nos llamó (Dios) será el que sale a darnos la victoria. El que nos llamó necesita de nosotros que seamos unos guerreros para hacer la guerra, nos ve como sus instrumentos de batalla contra el mal. Muchas veces nos miramos con lástima y nos equivocamos por eso. Creemos que somos las víctimas cuando somos ¡LOS QUE LLEVAMOS LA ESPADA! Llevamos la espada de Dios para combatir en contra de la espada de los mentirosos, de los engañadores y falsos.
Cuando desafiaron a los filisteos que se habían reunido allí para la batalla y se habían alejado los hombres de Israel, Eleazar se levantó e hirió a los filisteos hasta que su mano se cansó y se le quedó pegada a la espada (2 Samuel 23:9, 10). Los hombres de Israel se habían alejado amedrentados huyendo de la batalla por la ferocidad del enemigo. Todos corren llenos de miedo; los filisteos eran un ejército muy feroz, pero Dios no estaba con ellos. Y los de Israel perdieron la confianza de que Dios estaba con ellos. Eleazar, entonces, quedó solo. Así que no podía quejarse ni lamentarse, tenía que hacerles la guerra a los filisteos aunque luego desmallara de sus heridas y dolores. Aquel hombre valiente no se podía cansar, ni mover la lengua, ni sus sentimientos; necesitaba todas sus fuerzas para vencer al enemigo. No había temor en él, estaba lleno de una valentía sobrenatural.
No está en uno tal valentía, ¡viene de Dios! Quédate en el terreno de guerra y no huyas. Si huyes ya le diste a ganar al enemigo. Eleazar hizo frente a los filisteos sin importarle lo desigual y recio de la batalla. No le importaba lo numeroso de las tropas enemigas o el costo de perder su propia vida. Lo lamentable de hoy en día es que se necesitan valientes como éste en el ejército del Señor y están escasos. Nos amamos tanto a nosotros mismos que lo que estamos pendientes es a lo que nos ponen a hacer en la iglesia. Pendientes a si me hirieron o me ofendieron, a que si tengo tales o cuales problemas. La verdad es que no estamos dispuestos a dar nuestras vidas para la guerra espiritual a la que hemos sido llamados. Muchos creyentes se envuelven en su baño de sentimientos, de sus chismes y ambiciones y por esas causas no quieren ni están dispuestos a darse a Dios para la batalla. Cuanto más huyen, cuanto más se molestan con la iglesia, cuanto más exigen y hablan es cuando más pronto dejan de ser guerreros del Señor. Estos que así hacen solo son guerreros para defender su propia causa pero no para luchar a favor de la obra y el reino de Dios.
Igual que hizo Eleazar, hay que luchar con la espada en la mano desafiando al más desalentador pronóstico. Como si este acto de valentía de Eleazar fuera poco, la Escritura recalca que luchó con tal ferocidad que su mano literalmente quedó pegada a su espada en el enfrentamiento. Este hombre batió su espada con tal vehemencia, ímpetu y tesón que a lo largo de las horas sus músculos y tendones llegaron a contraerse de tal manera que no era capaz de soltar la espada. ¡HOY, ELEAZAR DUERME EN LA TUMBA JUNTO A LOS GRANDES DE LA HISTORIA BÍBLICA! No hay descanso para el verdadero creyente. ¿Cómo podemos hacer frente a la fuerte contienda? Hay que tomar la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios. Aunque sientas cansancio no es excusa para descansar de la guerra contra el enemigo. Luchemos con valentía hasta que los tendones y músculos se nos contraigan. No nos quejemos sino peleemos con la espada de Dios hasta el cansancio, sufriendo el dolor sin quitarnos. ¡Soporta en la batalla y ganarás; suelta la espada y perderás! Estamos para ganar, no para perder. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
