Aquí dice la Palabra, "…sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios y lo que no es para deshacer lo que es…". Lo necio (tonto o torpe, incapaz, sin lógica, sin razón) escoge Dios para confundir a las personas y aun a las personas más sabias. Así escogió Dios a hombres y mujeres para avergonzar a los otros. Dios confunde a los sabios y obra mediante aquellos que ha escogido, quienes son sus instrumentos y que no tienen sabiduría humana. Los mundanamente sabios con sabiduría humana no pueden hacer o efectuar lo que los escogidos pueden, a saber: "llevar a los hombres a la salvación." Ninguna sabiduría humana puede llevar a alguien a conocer quien es Dios.
"Lo débil" escogió Dios; así Dios lo pensó y así vio que era lo mejor para la humanidad. Y "lo que no es", "lo necio", "lo débil", "lo vil" y "lo menospreciado"; éstos son atributos en los escogidos de Dios, que a los ojos y consideración de los demás hombres, no son nada. Dios escogió hombres con estas cuatro características y que son considerados como "nada" para anular las cosas que son. Esto es para que ninguna persona se jacte. Porque los que tratan de gloriarse de la grandeza y sabiduría humana son confundidos, son avergonzados. La carne como la flor del campo es hermosa, pero débil (Isaías 40: 6). ¡El que se glorié gloríese en el Señor! Hemos de gloriarnos no delante de Él sino en Él.
Veamos que Dios empleó el sonido de las trompetas para derrumbar las murallas de Jericó. También el Señor redujo el ejército de Gedeón que era de treinta y dos mil soldados a solo trescientos para derrotar y poner en fuga al numeroso ejército de Madián. Y el gran Sansón venció a los filisteos con una quijada de un asno; Dios fortaleció a Sansón para derrotar a un ejército. Nuestro Señor Jesús alimentó a más de cinco mil hombres con nada más que unos pocos peces y panes. Dios obra de este modo, usando lo poco, lo pequeño y lo débil.
(Efesios 1:18 "…alumbrando los ojos de vuestro entendimiento para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos…") Dice, alumbrando los ojos de nuestro entendimiento. Son los ojos de nuestro corazón. El impío está entenebrecido, lleno de tinieblas, está en oscuridad. De los escogidos que son los llamados, dice que debemos tener alumbrados los ojos de nuestro corazón. No debe haber ninguna confusión ni inmadurez ni oscuridad en nuestras vidas. El impartir luz es el primer efecto del Espíritu en nosotros que somos su nueva creación, así como lo fue en la creación física y original. (Génesis 1:3 "Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.") Dios nos imparte luz por el Espíritu Santo para que sepamos cual es la esperanza de la vocación nuestra. La esperanza que corresponde al hecho de haber sido llamados. La herencia es la que Él tiene en reserva para los santos. El entendimiento apropiado de las realidades divinas no depende de unos intelectos agudos sino de un corazón tierno. La esperanza de Su llamamiento señala adelante, al futuro; significa aquel destino final que Él tenía en mente cuando nos llamó.
Nos habla el Señor de la vocación con la que fuimos llamados. Efesios 4:1 'Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados…" Nuestro llamamiento es según los intereses del que nos llamó. Caminemos en la actitud que debe ser de acuerdo al llamado que se nos dio. ¡Lamentablemente hay músicos que no quieren los ensayos, que se ausentan del culto; es falta de amor a lo de Dios! ¡Camina conforme a lo que fuiste llamado! Nuestra exaltada posición en Cristo demanda una correspondiente conducta piadosa.
Pablo dice: "Yo pues, preso en el Señor…" Lo que el mundo consideraba como deshonor, como descrédito él lo considera como el más alto honor. ¡Se gloría el apóstol en sus cadenas por Cristo más que un rey en su diadema! Pablo había sido encarcelado como resultado de su fidelidad y obediencia al Señor. El apóstol exhorta a sus lectores a andar como es digno de su vocación. A lo que se nos llamó; a la vocación, al trabajo en el que se debe andar. Es un andar digno. Es caminar conforme al llamado y vivir de acuerdo a lo que el Señor nos ha entregado. No puede ser que se viva lejos de lo que se nos llamó. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
