Manoa, quien fuera el padre de Sansón, tenía el intenso deseo de que se repitiera la visita del ángel. "Entonces oró Manoa a Jehová, y dijo: Ah, Señor mío, yo te ruego que aquel varón de Dios que enviaste vuelva ahora a venir a nosotros y nos enseñe lo que hayamos de hacer con el niño que ha de nacer." Jueces 13:8 Este deseo no era motivado por dudas que tuviera sobre lo que se había visto ni era que tuviera ansiedad de ninguna clase, sino que fue fruto de una fe viva y de su gran empeño en seguir las órdenes dadas. Dios se estaba revelando a Manoa y a su mujer. En aquellos tiempos Dios se le revelaba a algunos de su pueblo Israel en forma de hombres que eran tenidos por varones de Dios.
El orden de las cosas fue establecido por el ángel a Manoa. Manoa quería preparar un cabrito para agradarle a aquel que tenía presente ante sus ojos, quería agradecerle y demostrarle que aceptaba al mensajero. Pero, el ángel rehusó aceptar el presente de Manoa y le dijo que lo ofreciera en sacrificio al Señor. "Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: Aunque me detengas, no comeré de tu pan; más si quieres hacer holocausto, ofrécelo a Jehová. Y no sabía Manoa que aquél fuese ángel de Jehová." Jueces 13:16 Aquel ser, quien era un extranjero para Manoa, declinó la hospitalidad ofrecida y le indicó que si la carne había de ser una ofrenda tendría que ser presentada a Jehová.
Manoa estaba lejos de saber que el mensajero era un ángel; él lo estaba recibiendo como a un extranjero, como a un profeta o mensajero meramente humano. No sabía que había salido delante de la presencia de Dios con instrucciones directamente del mismo Cielo para decirle lo que el Señor haría en medio de ellos. El ángel le hizo ver a Manoa la separación de lo ordinario (la comida) de lo divino, porque le quería dejar ver con claridad que la visita era de Dios. El ángel le dice que no comería de la comida y le ordenó que si quería ofrecer holocausto se lo ofreciera a Dios. El ángel quería que Manoa saliera de lo ordinario, que saliera de lo común y entonces pudiera ver a Dios. Era para que Manoa pudiera darle la gloria a Dios quien es el verdadero y quien sabe obrar en las necesidades de la vida. Lo importante de todo esto es que así como el ángel llevó a Manoa a ver a Dios, nosotros también podamos ver a Dios cuando se nos haga presente.
El ángel no se dio a entender con muchas o difíciles explicaciones sino que fue muy sencillo al hablarle, era como si le dijera a Manoa: "No voy a comer. Si a alguien tú quieres reconocer que sea a Dios, porque no es lo que tus ojos están viendo, lo importante para ti es: ¡EL Dios QUE NO VES! Porque la orden, el buen deseo, el poder y la grandeza es ¡DEL QUE NO VES!" Por eso Jesús dijo: "…Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron." (Juan 20:29) Manoa quería honrar al ángel, pero el ángel siguió su conversación dejándole ver que él no le supliría sus curiosidades o averiguaciones.
El mismo Jesús puede llegar a quien quiera en aparición, puede llegar en forma humana. Aquí venía el Señor Jesucristo como mensajero. Así que aquel "ángel" era Dios, Dios y toda la gloria era para Él. En aquel momento el tiempo de la gracia todavía no había llegado, no era el tiempo del Señor aparecerse como el Mesías. Pero, sí el Señor Jesús asistió a aquel sacrificio que hacía Manoa y lo recibió para él mismo, mostrando así que era Dios. Es decir, el Señor Jesús se aparecía a Manoa muchos años antes de su encarnación subiendo en la llama de aquel altar (Jueces 13:20 ' Porque aconteció que cuando la llama subía del altar hacia el cielo, el ángel de Jehová subió en la llama del altar ante los ojos de Manoa y de su mujer, los cuales se postraron en tierra.").
La reacción de estar cerca de Dios es de mucho miedo, de mucho temor. Manoa temió (Jueces 13:22 "Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto."). Su esposa en cambio fue fortalecida en su fe (Jueces 13:23 "Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no aceptaría de nuestras manos el holocausto y la ofrenda, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni ahora nos habría anunciado esto."). Ella no temía porque la visita de Dios no era de juicio; era de bien para sus vidas e Israel necesitaba ser liberado de los filisteos. Mientras que Manoa dijo: "ciertamente moriremos", la mujer responde: "¡NO! Las señales que hemos recibido de su favor nos prohíben pensar que tenga intención de destruirnos." Dice ella: "Si nos hubiera querido matar no habría aceptado nuestro sacrificio." "No nos habría mostrado todas estas cosas ni nos habría hecho la gloriosa promesa de un hijo que va a ser nazareo y libertador de Israel."
Hay que razonar como la mujer de Manoa. Podemos decir: Dios no habría hecho lo que ha hecho por mi alma si tuviese la intención de abandonarme y dejar que perezca, porque su obra es perfecta y nunca deja sin acabar lo que ha comenzado (Filipenses 1:6). Dios nunca intenta burlarse cuando nos otorga sus favores. ¡Reconozcamos a Dios cuando se nos hace presente! "Te amo Dios con todas mis fuerzas." Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
