En Filipenses 1:6 dice: "…estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo." Estando CONVENCIDOS de que el que comenzó en nosotros la buena obra ¡la perfeccionará! El Apóstol está convencido de que Dios terminará en perfección la buena obra, el buen trabajo que le toca a Él hacer en cada cual que le ha creído. Es por eso que Pablo y Pedro siguieron a Cristo hasta el mismo final de sus días sobre la tierra. Pablo estuvo en la cárcel al final de su vida y no tuvo nada de gloria. Y Pedro, aunque negó al Señor, estuvo dispuesto a morir por Él. Así que Dios hizo y terminó su obra en estos dos hombres. Hay que conocer que el que lleva EL BUEN TRABAJO en nosotros es Dios. Lo que sucede en nuestras vidas no es por nuestras fuerzas humanas o por los talentos que tenemos; no pensemos que somos nosotros los que hemos hecho mucho. La obra, el trabajo lo comenzó Dios y lo terminará ¡ÉL! Entendamos que la obra que por su bondad comenzó en nuestras vidas con su fuerte brazo la llevará a su fin de perfección. Esta promesa que es para todo aquel que le cree y le sigue ES UN SÍ Y UN AMÉN. Jamás Él nos traicionará en sus promesas. (2 Corintios 1:20 "…porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.)
El DÍA DE JESUCRISTO que menciona Pablo en el versículo de Filipenses 1:6 se refiere al día de su regreso para llevarse a su pueblo al hogar celestial. Probablemente ese día incluya también el Tribunal de Cristo, que es cuando se revisará y se recompensará todo el servicio que haya sido para Él.
2 Samuel 7:1, 2 "Aconteció que cuando ya el rey habitaba en su casa, después que Jehová le había dado reposo de todos sus enemigos en derredor, dijo el rey al profeta Natán: Mira ahora, yo habito en casa de cedro y el arca de Dios está entre cortinas." La preocupación de David era el templo, hacerle casa a Jehová para adorar y colocar el Arca. Esa era la inquietud, ese era el temor y la intranquilidad que sentía David sobre un templo que quería edificar para Dios. Pero, en 2 Samuel 7:4, 5 dice que Dios envió al profeta Natán a decirle: "Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more?" Natán le traía la palabra de Dios a David en la que le decía que se preocupara él por hacer el templo, YA Dios TENÍA SU PLAN. ¡Cuántas preocupaciones sentimos por esto o por aquello! Nos preguntamos tal como lo hacía David, ¿se dará o no se dará? ¡Surgen los temores que arropan nuestra mente, corazón y alma! ¡Cuántas inquietudes que nos hacen llorar, quitar el hambre, el sueño y llegar hasta la desesperación! Hace unos días supe de una joven mujer creyente que murió y fue de gran dolor para mí. Sufrí por sus hijos y por sus familiares. Pero, observaba luego a sus hijos y yo me decía: "Dios los lleva; no veo en ellos quejas, ni lamentos, ni los veo que se sientan víctimas por el dormir para siempre de su madre." Esos niños tomaron decisiones firmes sobre algunas cosas referentes a la partida de su madre y por ello sonreían, jugaban. Así vi y entendí lo que el profeta Natán le dijo a David, que no sería él quien edificaría casa a Jehová sino su hijo Salomón. 2 Samuel 7:12, 13 "Y cuando tus días sean cumplidos y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre y yo afirmaré para siempre el trono de su reino."
El trabajo lo hace Dios en la tierra, no nosotros. Tú y yo nos preocupamos, nos inquietamos y nos da temor de lo que no podemos tener ningún control. "Y cuando tus días sean cumplidos…", le dijo Dios a David. Los días de nuestras vidas se cumplen de acuerdo a como Dios lo ha establecido para cada cual. En unos son muchos días, en otros pocos y en algunos casi nada. Ese tiempo de vivir es en el que Dios hace su obra en uno, su trabajo siempre será ¡DE ÉL EN NOSOTROS! A cada cual le hace pasar y experimentar lo que es SU TRABAJO, SU OBRA EN UNO. NADA PODEMOS EVITAR HASTA QUE NUESTROS DÍAS SEAN CUMPLIDOS EN ÉL; LA OBRA QUE ÉL HACE EN UNO.
David fue aquel hombre que provocó la muerte de Urías, pero en su vejez nunca más vivió en aquellas pasiones desordenadas. Dios empezó su obra en Él; convencido debía estar David de que quien comenzó la buena obra en su vida fue Dios hasta que terminaron sus días. Mi amado Pedro; quien era atrevido, osado y fiero, terminó sus días paciente, manso, llevado donde no quería ir muriendo lejos de lo que era su nación. Con su sombra Pedro sanaba a los enfermos, cuando predicaba los oyentes eran llenos del Espíritu Santo y tanto más; ¡todo fue una grande obra hasta que sus días le fueron cumplidos! Así también mi admirado Pablo, quien fue picado de serpientes, estuvo en naufragios, sufrió muchos azotes y fue odiado por los suyos y perseguido. De igual manera, a nuestro apóstol se le terminó su vida aquí en esta tierra. CUANDO FUERON CUMPLIDOS SUS DÍAS se fue a morar con los santos.
David tenía preocupaciones por el templo y quería construirlo él, pero ya Dios tenía al que iba a hacer aquella obra. ¡Lo que le toca hacer a cada uno, eso le toca! David tenía fortuna para el templo, tenía los músicos, el Arca, los Salmos que compuso, los sacerdotes y el lugar, porque era él el soberano del reino de Israel, pero Dios le dijo: "…Yo levantaré…" (2 Samuel 7:12). Así es como será y tenemos que entenderlo: "…Yo levantaré…". Dios es Soberano y Sabio. Nada se va a derrumbar ni a destruirse si no estamos nosotros, no es de nosotros que depende lo que se hará o no se hará. Dios hará o no hará según su voluntad, sabiduría y poder. Lo que se derrumba es porque fue Dios quien lo derrumbó. Lo que se construye o se hace es porque Dios fue quien movió SU MANO DE PODER y lo hizo. Estaba de más la preocupación de David. Dios lleva millones de años obrando, yo solo llevo 56, ¿y tú? Entonces, ¿quién es el que levanta? ¿Quién es el que hace? ¿Quién lleva las vidas? No hay de qué preocuparnos, ni inquietarnos, ni temer. ¡Dios LO LLEVA TODO! La obra que su bondad comenzó en tu vida, su fuerte brazo a su fin perfecto la llevará. Su promesa es un Sí y un Amén y jamás Él la traicionará. ¿Por qué temer? ¡Gózate! Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
