"Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación y espíritu noble me sustente." Fuimos pecadores…ahora tenemos que ver en qué forma nos podemos sostener para caminar delante de Dios limpios y victoriosos. El Señor ha pagado el precio de nuestros pecados porque nos hemos arrepentido, tenemos que aprender a andar firmes en nuestro arrepentimiento. El corazón y la mente tienen facilidad para querer caer. Por eso el salmista David en su experiencia de caída en pecado busca cómo ser restaurado y levantado por Dios. Dice: ¡Crea en mí…! ¿Qué le pedía David a Dios? Que creara algo bueno y nuevo en él. ¿De tal forma ha destruido el pecado en una vida? ¿Tanto que el Creador tiene que ser invocado de nuevo? Así sucedió en la vida de David. ¡El mal ha obrado grande ruina entre la humanidad! ¡Crea en mí! Le decía aquel hombre a Dios en su desesperación. Crear es hacer algo de la nada. No es partir de algo que haya en uno y de ahí Dios tomar pie para formar otra cosa mejor. No es que sea tan sencillo como aprender a ser otra vez libre, como si se le pudiera enseñar a uno a ser bueno. No es así de fácil, pues la maldad ha estado en el interior del hombre desde Adán. Nosotros en lo externo parecemos que estamos bien, que tenemos una vida muy buena; y hablamos tremendo en la apariencia, pero cuando se peca delante de Dios en el interior se está vacío, se está desierto por dentro. Hay entonces, que clamar como hizo David.
El rey salmista con sus palabras parece decirle a Dios: "VEN, PUES Y QUE TU PODER SEA VISTO EN UNA NUEVA CREACIÓN DENTRO DE MÍ." "Tú hiciste de mí en el principio de mi existencia a aquel hombre en este mundo; pero, ahora Señor has un NUEVO HOMBRE en mí." "Pon en mí ahora UN CORAZÓN LIMPIO." En el versículo siete pide ser limpiado: "Purifícame con hisopo y seré limpio; lávame y seré más blanco que la nieve." (Vs. 7) Ahora busca un corazón apropiado a este estado de limpieza. Pero no dice: "limpia mi viejo corazón." Ya el salmista tiene demasiada experiencia en la inutilidad de la vieja naturaleza. Quiere David que el viejo hombre quede enterrado como algo muerto y que sea UNA NUEVA CREACIÓN la que ocupe su lugar. Nadie sino Dios puede crear en el que se humilla y se arrepiente un nuevo corazón y una nueva vida.
"…y renueva un espíritu recto dentro de mí…" (Vs. 10) "No me expulses como a Caín de tu presencia, de tu rostro y de tu favor. Permíteme estar sentado entre los que participan de tu amor aunque sea atendiendo la puerta. Merezco que se me niegue para siempre la entrada en tus atrios; pero oh, Buen Señor, permíteme este privilegio todavía. No quites de mí tu Santo Espíritu (I Samuel 16:13 "Y Samuel tomó el cuerno del aceite y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David."). Estamos perdidos si Dios retira de nosotros el Espíritu Santo. "No me eches de delante de ti y no quites de mí tu santo Espíritu." (Vs. 11) ¡Que el Espíritu siempre esté con nosotros!
David conocía bien esto por la triste experiencia de Saúl. ¡Cuán miserable y criminal se volvió el rey Saúl cuando se retiró de él el Espíritu de Dios! (I Samuel 16:14 "El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.") Por eso el salmista David ruega a Dios con tanto interés que no le suceda a él lo mismo. Es como decirle a Dios: "Tiemblo solo de pensar en las consecuencias; Señor, líbrame de este destino por favor." "Vuélveme el gozo de tu salvación…" (Vs. 12a) Nadie sino Dios puede devolver este gozo. Él puede hacerlo; nosotros podemos pedirlo. Él lo hará para su propia gloria y para nuestro beneficio. Este gozo sigue al perdón y a la purificación; en este orden es seguro. ¡EL Dios CON QUIEN TRATAS ES UN Dios DE GRACIA, LO QUE HAS PERDIDO ÉL PUEDE RESTAURARLO! Dios no fue quien quitó el gozo de la salvación del salmista. Hay hombres que son atrevidos y necios que acusan a Dios de habérselo quitado, pero son ellos mismos quienes pierden su gozo cuando han vuelto atrás a caminar en su pecado. David estaba consciente y claro de que había sido él.
"…y espíritu noble me sustente." (Vs. 12b) En el Vs. 10 "Renueva un espíritu recto dentro de mí." Vemos a David suplicarle a Dios que un noble espíritu sea el que Dios le dé para apoyar allí su pobre vida frágil, para no caer, para sostenerse. "Un espíritu noble que aguante mi carne para no tener caída." Un espíritu noble que carece de maldad, que es fiel, generoso, que ayuda y da lo que tiene a los demás sin esperar nada a cambio. En tanto que el Espíritu reside en mi corazón me amortigua para el pecado. David había perdido su confianza en sí mismo; su confianza no está ahora en el brazo de carne. Por eso pide: ¡Renueva un espíritu recto dentro de mí! Depende de Dios totalmente para su plena restauración.
Lo que vemos aquí es una verdadera guía para el que peca. Dios es quien admirablemente puede levantar y sostener para volver a caminar agradándole y gozándose en su grande salvación. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
