No podemos dar lo que no tenemos, pero tampoco podemos rehusar dar lo que sí podemos compartir con el que lo necesita. A cada cual se nos pide ser buenos administradores de lo que Dios nos ha dado. Tampoco es que estemos velando todo el tiempo para que nos den lo que no es nuestro para tomar ventaja, eso no es justo. Ni tampoco podemos pretender suplir la necesidad de alguien utilizando lo de otra persona cuando es a nosotros que nos corresponde hacerlo. En muchas ocasiones enfrentamos las cosas de acuerdo a cómo nos conviene, pero tenemos que responder como debe ser. Dios le pide a cada cual lo que tiene que dar; ni más ni menos, es lo que en particular Dios pide y demanda de cada una de nuestras vidas. Un creyente vive muy claro de lo que Dios quiere y le demanda.
Nabal, del pueblo de Israel, fue un hombre necio e insensato que no entendió lo importante de saber dar cuando Dios lo pide. Este hombre venía de la descendencia de Caleb y era muy rico (Vs.2,3). También hoy en día al igual que Nabal, según nos va poseyendo el poder y el exceso de compromisos, no sacamos ni un momento para meditar de cómo es que tenemos que vivir esta vida para con Dios y hacia los demás.
En Génesis 2:2,3 leemos que Dios estableció un día en el que se descansa de los trabajos y tareas. Seguramente que Dios lo hizo para que el hombre se pueda sentar y así analice su vida y haga un balance de quién es, lo que tiene y lo que se le demanda. Pero, según van pasando los años esto se les olvida a los hombres y no se busca entender cómo debe ser el proceder en esta tierra. Busquemos donde están nuestras pérdidas; si las hay es porque no ha habido momentos de reposo, de meditar y pesar nuestra vida. Saquemos bien la cuenta si hemos hecho lo que Dios ha querido, del bien que hemos hecho o del bien que hemos dejado de hacer. ¡Busquemos si hay pasión por Dios, si anhelamos Su venida, cómo lo hemos amado y si le hemos dado al prójimo lo que le toca!
Lo sucedido entre David y Nabal nos deja ver la insensibilidad del hombre ante la necesidad y la oportunidad de dar. Cuando dejamos de amar eso se nos convierte en un gran mal para nuestras vidas. Si el amor se va ya no hay ningún interés por lo demás (Apocalipsis 2:3,4). No hacemos nada, solamente sobrevivimos trabajando y amontonando para nosotros mismos y nunca sacamos de la cargada manera de vivir un día para hacer un alto y darle culto a Dios, para meditar y adorar a Dios y buscar que se nos mueva el corazón para amar a los que nos rodean. Nos conformamos con tan solo cumplir, como lo hace el tibio religioso, es una pena, pues así no se progresa en Dios. Todo nuestro ser sabe que hemos nacido para también dar y ser bendición a aquellos que están en grandes apuros.
Buenos terrenos fueron dados a Caleb muchos años antes de este evento (Josué 14:13). Aquel valiente Caleb, hombre de fe en Dios, no vivió solo para él, sino que sabía que también vivía para su descendencia. Así que Nabal fue muy rico a causa de la herencia que Caleb les había dejado a los suyos. David, el ungido de Jehová, estaba en aprietos y tuvo que pedir pan para él y sus hombres. El gran problema lo vino a tener Nabal porque FUE A ÉL a quien Dios le estaba probando. Lamentablemente, David se encontró con un hombre duro y de malas obras (Vs 3).
Con la mala respuesta Nabal (Vs. 11) estaba exponiendo su vida sin saberlo. Exponía su vida y todo lo que poseía por falta de conocimiento. Seamos sensibles y no necios como Nabal. Nabal estaba metido en sus malas obras. David no fue a Nabal con la autoridad que tenía, sino con la necesidad que le apremiaba. En ningún momento David quiso aprovecharse por ser él un escogido y ungido por Dios, sino que le pidió alimentos porque los guerreros de David ya habían dado protección a los pastores de Nabal por mucho tiempo. David conocía a Dios directamente y sus hombres, aunque eran guerreros, tenían una forma de comportarse de acuerdo a la justicia de su jefe.
¿Qué sucede? Cuando la necedad llega no se puede ver la necesidad del otro. El hombre y la mujer que con el corazón medita puede entender que si sirve al que tiene necesidad nunca perderá, sino que ganará. Por tal razón, DEBEMOS SIEMPRE MEDITAR Y PENSAR EN Dios Y EN LOS DEMÁS. ¡Lo que sucede es que vivimos los siete días de la semana pensando solamente en nosotros! Nabal tenía que darle tributo a un rey que era el ungido y seleccionado por Jehová. David no le estaba pidiendo una contribución. El deber y la obligación de Nabal era dar tributo a David porque era el ungido, un general que defendía sus ovejas. David no le pedía prestado de mala manera, sino como un siervo, como un amigo. Pero, Nabal era un hombre duro, perverso, cruel, necio, que no entendía a cuán grande peligro estaba exponiéndose él y a los suyos. Mientras más duros nos ponemos nos olvidamos del daño que estamos haciendo, porque ya no somos amigos y nos convertimos en enemigos; no hay paz, amor, ni entrega. Y lo peor es que un enemigo se goza en hacer el mal. Nabal fue grosero con David, descarado e irreverente.
En I Samuel 18:7 leemos que la gente de Israel honraba y reconocía a David, pero Nabal no podía ver quién era David, lo vio como a un vagabundo y no le pudo dar mérito a lo que Dios estaba haciendo con él. Las cosas, los bienes que Dios nos ha dado son para que hagamos Su voluntad con ellas. Nabal no lo hizo, se negó a hacerlo rotundamente. Pero, Abigail, la esposa de Nabal, fue una mujer sabia y temerosa de Dios y le dio a David el doble de lo que él había pedido (1 Samuel 25:18). Fue espléndida y le dio en abundancia. Ella sabía que la mala actitud de Nabal lo iba a destruir a él, a su familia y a todo lo que poseía. Entonces, Abigail se metió en medio y le pidió a David que no les hiciera mal (Vs.27,28). David le respondió con paz y le tuvo respeto (1 Samuel 25:35).
¡Cuán grande es la dureza que posee el hombre que lo destruye a él, a los suyos y a lo que posee! Cuando Nabal se enteró de todo lo que pasaba su corazón desmayó, el terror se apoderó de él y murió, Jehová mismo lo hirió (1 Samuel 25:37,38). La gravedad de ser un insensato es un gran peligro, se pierde la sensibilidad y no se sabe cuándo es que Jehová visita a uno. Cuando logramos ver el peligro de exponer a los nuestros todo se convierte en un terror. ¡EVITEMOS ESTO AMANDO Y MEDITANDO EN Dios! Nabal no pudo resistir cuando el terror le llegó a su corazón, por sus groserías murió.
El mismo Dios que estaba con Nabal, que le había dado mucha riqueza, es el mismo que está en nosotros. NO NOS PODEMOS QUEDAR CON LO QUE NO NOS CORRESPONDE, SIRVAMOS, AMEMOS, DEMOS DE GRACIA, PUES DE GRACIA HEMOS RECIBIDO. Dios nos da para que nosotros seamos capaces de amar y dar a los que están a nuestro lado. Seamos sabios y sensibles a lo de Dios como lo fue Abigail y no insensatos como lo fue Nabal. Dios es nuestro dador, aprendamos a dar con gozo. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Dios Nos Da A Nosotros Para Que También Demos A Otros
1 Samuel 25:1-12
“¿He de tomar yo ahora mi pan, mi agua, y la carne que he preparado para mis esquiladores, y darla a hombres que no sé de dónde son?”
No podemos dar lo que no tenemos, pero tampoco podemos rehusar dar lo que sí podemos compartir con el que lo necesita. Nabal, rico por la herencia de Caleb, no entendió que Dios lo estaba probando, y su dureza lo destruyó. Estos son los puntos para la semana.
- A cada cual se nos pide ser buenos administradores de lo que Dios nos ha dado: Dios le pide a cada uno lo que tiene que dar, ni más ni menos.
- Dios estableció un día de reposo para que el hombre se siente y haga balance de su vida: el bien que ha hecho y el que ha dejado de hacer. Si hay pérdidas, es porque no ha habido ese alto.
- Cuando dejamos de amar, perdemos todo interés por los demás y solo trabajamos y amontonamos para nosotros mismos. Así vive el tibio religioso, que cumple, pero no progresa en Dios.
- Nabal era rico por la herencia de Caleb, un hombre de fe que vivió también para su descendencia. David, el ungido, pidió pan con necesidad y no con autoridad, y era a Nabal a quien Dios estaba probando.
- Cuando la necedad llega no se puede ver la necesidad del otro. Nabal vio a David como un vagabundo, lo trató con grosería y expuso su vida, su familia y todo lo que tenía.
- Abigail, sabia y temerosa de Dios, le dio a David el doble de lo que pidió y se metió en medio para salvar su casa. Nabal, al enterarse, desmayó de terror y Jehová mismo lo hirió.
- El mismo Dios que le dio riqueza a Nabal está en nosotros. No nos podemos quedar con lo que no nos corresponde: de gracia recibimos, demos de gracia y con gozo.
Esta semana, detente un rato a meditar quién a tu lado necesita algo que tú tienes, y dáselo con gozo, como Abigail.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Abigail Lleva Pan a David
1 Samuel 25:1-12
Para leer en voz alta con los niños
“¿He de tomar yo ahora mi pan, mi agua, y la carne que he preparado para mis esquiladores, y darla a hombres que no sé de dónde son?”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: Nabal no quiso compartir su comida con David y sus hombres, aunque ellos habían cuidado a sus pastores. Pero su esposa Abigail, que era sabia, le llevó a David el doble de lo que había pedido.
- Nabal era muy rico: tenía tres mil ovejas y mil cabras. Todo eso le vino de Dios, por la herencia de Caleb, un hombre de fe.
- David y sus hombres cuidaron las ovejas de Nabal en el desierto. Cuando tuvieron hambre, David le pidió pan con respeto, como un amigo.
- Nabal fue grosero y dijo: ¿quién es David? Solo pensaba en sí mismo, y no se dio cuenta de que Dios lo estaba probando para ver si sabía dar.
- Abigail fue sabia. Le llevó comida en abundancia a David y le pidió que no le hiciera daño a su familia. David la recibió en paz.
- Pero ser duro y egoísta tiene consecuencias. Cuando Nabal supo lo que había pasado, se llenó de terror y murió, porque Dios mismo lo hirió.
- Dios te da cosas para que también las compartas: tu merienda, tus juguetes, tu tiempo. De gracia recibiste; da también con alegría.
¿Qué tienes tú que otro niño necesita?
Esta semana comparte una cosa tuya con alguien, con alegría, como hizo Abigail.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
