Mega Zoé
Estudio #0934Iglesia en las casas

Dios Nos Da A Nosotros Para Que También Demos A Otros

Dios Nos Da A Nosotros Para Que También Demos A Otros enseña a caminar con sabiduría espiritual y discernir la batalla espiritual.

Antiguo Testamento1 Samuel7 min lectura

No podemos dar lo que no tenemos, pero tampoco podemos rehusar dar lo que sí podemos compartir con el que lo necesita. A cada cual se nos pide ser buenos administradores de lo que Dios nos ha dado. Tampoco es que estemos velando todo el tiempo para que nos den lo que no es nuestro para tomar ventaja, eso no es justo. Ni tampoco podemos pretender suplir la necesidad de alguien utilizando lo de otra persona cuando es a nosotros que nos corresponde hacerlo. En muchas ocasiones enfrentamos las cosas de acuerdo a cómo nos conviene, pero tenemos que responder como debe ser. Dios le pide a cada cual lo que tiene que dar; ni más ni menos, es lo que en particular Dios pide y demanda de cada una de nuestras vidas. Un creyente vive muy claro de lo que Dios quiere y le demanda.

Nabal, del pueblo de Israel, fue un hombre necio e insensato que no entendió lo importante de saber dar cuando Dios lo pide. Este hombre venía de la descendencia de Caleb y era muy rico (Vs.2,3). También hoy en día al igual que Nabal, según nos va poseyendo el poder y el exceso de compromisos, no sacamos ni un momento para meditar de cómo es que tenemos que vivir esta vida para con Dios y hacia los demás.

En Génesis 2:2,3 leemos que Dios estableció un día en el que se descansa de los trabajos y tareas. Seguramente que Dios lo hizo para que el hombre se pueda sentar y así analice su vida y haga un balance de quién es, lo que tiene y lo que se le demanda. Pero, según van pasando los años esto se les olvida a los hombres y no se busca entender cómo debe ser el proceder en esta tierra. Busquemos donde están nuestras pérdidas; si las hay es porque no ha habido momentos de reposo, de meditar y pesar nuestra vida. Saquemos bien la cuenta si hemos hecho lo que Dios ha querido, del bien que hemos hecho o del bien que hemos dejado de hacer. ¡Busquemos si hay pasión por Dios, si anhelamos Su venida, cómo lo hemos amado y si le hemos dado al prójimo lo que le toca!

Lo sucedido entre David y Nabal nos deja ver la insensibilidad del hombre ante la necesidad y la oportunidad de dar. Cuando dejamos de amar eso se nos convierte en un gran mal para nuestras vidas. Si el amor se va ya no hay ningún interés por lo demás (Apocalipsis 2:3,4). No hacemos nada, solamente sobrevivimos trabajando y amontonando para nosotros mismos y nunca sacamos de la cargada manera de vivir un día para hacer un alto y darle culto a Dios, para meditar y adorar a Dios y buscar que se nos mueva el corazón para amar a los que nos rodean. Nos conformamos con tan solo cumplir, como lo hace el tibio religioso, es una pena, pues así no se progresa en Dios. Todo nuestro ser sabe que hemos nacido para también dar y ser bendición a aquellos que están en grandes apuros.

Buenos terrenos fueron dados a Caleb muchos años antes de este evento (Josué 14:13). Aquel valiente Caleb, hombre de fe en Dios, no vivió solo para él, sino que sabía que también vivía para su descendencia. Así que Nabal fue muy rico a causa de la herencia que Caleb les había dejado a los suyos. David, el ungido de Jehová, estaba en aprietos y tuvo que pedir pan para él y sus hombres. El gran problema lo vino a tener Nabal porque FUE A ÉL a quien Dios le estaba probando. Lamentablemente, David se encontró con un hombre duro y de malas obras (Vs 3).

Con la mala respuesta Nabal (Vs. 11) estaba exponiendo su vida sin saberlo. Exponía su vida y todo lo que poseía por falta de conocimiento. Seamos sensibles y no necios como Nabal. Nabal estaba metido en sus malas obras. David no fue a Nabal con la autoridad que tenía, sino con la necesidad que le apremiaba. En ningún momento David quiso aprovecharse por ser él un escogido y ungido por Dios, sino que le pidió alimentos porque los guerreros de David ya habían dado protección a los pastores de Nabal por mucho tiempo. David conocía a Dios directamente y sus hombres, aunque eran guerreros, tenían una forma de comportarse de acuerdo a la justicia de su jefe.

¿Qué sucede? Cuando la necedad llega no se puede ver la necesidad del otro. El hombre y la mujer que con el corazón medita puede entender que si sirve al que tiene necesidad nunca perderá, sino que ganará. Por tal razón, DEBEMOS SIEMPRE MEDITAR Y PENSAR EN Dios Y EN LOS DEMÁS. ¡Lo que sucede es que vivimos los siete días de la semana pensando solamente en nosotros! Nabal tenía que darle tributo a un rey que era el ungido y seleccionado por Jehová. David no le estaba pidiendo una contribución. El deber y la obligación de Nabal era dar tributo a David porque era el ungido, un general que defendía sus ovejas. David no le pedía prestado de mala manera, sino como un siervo, como un amigo. Pero, Nabal era un hombre duro, perverso, cruel, necio, que no entendía a cuán grande peligro estaba exponiéndose él y a los suyos. Mientras más duros nos ponemos nos olvidamos del daño que estamos haciendo, porque ya no somos amigos y nos convertimos en enemigos; no hay paz, amor, ni entrega. Y lo peor es que un enemigo se goza en hacer el mal. Nabal fue grosero con David, descarado e irreverente.

En I Samuel 18:7 leemos que la gente de Israel honraba y reconocía a David, pero Nabal no podía ver quién era David, lo vio como a un vagabundo y no le pudo dar mérito a lo que Dios estaba haciendo con él. Las cosas, los bienes que Dios nos ha dado son para que hagamos Su voluntad con ellas. Nabal no lo hizo, se negó a hacerlo rotundamente. Pero, Abigail, la esposa de Nabal, fue una mujer sabia y temerosa de Dios y le dio a David el doble de lo que él había pedido (1 Samuel 25:18). Fue espléndida y le dio en abundancia. Ella sabía que la mala actitud de Nabal lo iba a destruir a él, a su familia y a todo lo que poseía. Entonces, Abigail se metió en medio y le pidió a David que no les hiciera mal (Vs.27,28). David le respondió con paz y le tuvo respeto (1 Samuel 25:35).

¡Cuán grande es la dureza que posee el hombre que lo destruye a él, a los suyos y a lo que posee! Cuando Nabal se enteró de todo lo que pasaba su corazón desmayó, el terror se apoderó de él y murió, Jehová mismo lo hirió (1 Samuel 25:37,38). La gravedad de ser un insensato es un gran peligro, se pierde la sensibilidad y no se sabe cuándo es que Jehová visita a uno. Cuando logramos ver el peligro de exponer a los nuestros todo se convierte en un terror. ¡EVITEMOS ESTO AMANDO Y MEDITANDO EN Dios! Nabal no pudo resistir cuando el terror le llegó a su corazón, por sus groserías murió.

El mismo Dios que estaba con Nabal, que le había dado mucha riqueza, es el mismo que está en nosotros. NO NOS PODEMOS QUEDAR CON LO QUE NO NOS CORRESPONDE, SIRVAMOS, AMEMOS, DEMOS DE GRACIA, PUES DE GRACIA HEMOS RECIBIDO. Dios nos da para que nosotros seamos capaces de amar y dar a los que están a nuestro lado. Seamos sabios y sensibles a lo de Dios como lo fue Abigail y no insensatos como lo fue Nabal. Dios es nuestro dador, aprendamos a dar con gozo. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz