En cada cosa que hacemos, siempre nos debemos preguntar si eso es grato delante de Dios. Si como hizo el apóstol Pablo, fuéramos fieles imitadores de Cristo, nos evitaríamos muchos malestares. Nuestros actos gritan violentamente si somos o no somos imitadores de Cristo, porque con la boca podemos decir lo que bien nos parezca jugando con las palabras tratando de impresionar. Pero nuestros actos son los que gritan si somos imitadores de Cristo o no. A veces lo menos que está en nuestra mente es si nuestros actos imitan a Cristo día a día. Por amor a Cristo, seamos capaces de negarnos a hacer lo que no es grato al Maestro. Un discípulo lleva frutos del Espíritu. El verdadero cristiano tiene que vivir bajo el amor en todas las circunstancias. Se lucha por no hacer daño, aunque nos tengamos que negar a lo que sea. A veces, es la falta de amor lo que nos hace actuar o vivir de alguna forma equivocada. ¿Cuándo podremos decir que nuestras vidas son gratas para Dios? Nuestra existencia debe ser para tener a Dios contento, agradarle; esa debe ser nuestra alegría. Porque a la vez que tenemos a Dios contento, también tendremos contentos a todos los que están a nuestro alrededor. Cuando entendamos que vivimos para tener a Dios contento, entonces seremos imitadores de Cristo.
Cuando se imita a alguien hay que estudiar a esa persona, conocerla bien. Pablo decía a los hermanos que fueran imitadores de él, como él lo era de Cristo. Tengamos a Pablo presente para ver la forma en que se movía. Debemos conocer bien a Cristo para que nadie nos confunda, ni erremos. Se nos puede engañar, pero es cuando no hemos adquirido el conocimiento. Jesús viene a buscar a los que son imitadores de Él. Serlo es caminar, pensar y actuar como Él. Para que alguien nos quiera imitar, primero tenemos que imitar a Cristo. Cuando hay lágrimas, no siempre quiere decir que hay arrepentimiento. Porque en el verdadero arrepentimiento hay fruto, hay vergüenza del mal que se ha hecho. Cuando Dios ve que en nosotros hay fruto de arrepentimiento, Dios nos cree. De la única forma que podemos levantarnos e irnos con Él en el rapto de la Iglesia es que seamos imitadores de Cristo. Lo triste hoy día es que no se sabe quién es la iglesia, quienes son los imitadores de Cristo. Cuando nosotros tengamos el deseo de ser imitadores del Señor Jesús, ese será el día en que decidiremos agradar, complacer a Dios y tenerlo contento en todo, en el pensamiento, en nuestro hablar, etc. Imitamos a Jesús no por el beneficio que nos puede dar. Toda tentación le viene a todo mortal, pero cuando queremos ser imitadores de Cristo nos negamos a ella, porque Cristo no lo haría.
Filipenses 1:6 Nosotros tenemos que ser imitadores de Cristo. Los años pasan perfeccionándonos. Timoteo vivía con la fe que había aprendido de su abuela y de su madre. Vio a los suyos en fe, por eso cuando caminaba lo hacía en fe. Para ser imitador de Cristo necesitamos tener dedicación. Decidamos imitar a Pablo, imitando a Cristo como él lo hizo. Para que el diablo no nos toque y tenga derecho sobre nuestro cuerpo tenemos que ser imitadores de Cristo. El que comenzó en nosotros la buena obra la llevará a la perfección. Imitamos a Cristo porque Él tiene la esencia y esa no se ha terminado. El alma es pronta para la condenación, es voluntariosa y esa alma fue la que Cristo vino a conquistar y a darle vida eterna. Cuando en nuestras vidas tenemos dificultades dejamos de orar y de buscar. Esos días pasan en vano y el diablo es quien toma lugar. En los episodios donde no nos mantenemos buscando a Cristo, nuestros hijos reciben lo mismo. Cuando dejamos de imitar a Cristo por un mes, por un año, habrá alguien de los nuestros que aprendió eso. Lo grande de Cristo es que es perfecto. Nunca perdemos con Él, mientras más le servimos y más le conocemos, más ganancia tendremos. Pero mientras menos decidamos imitar a Cristo, más pérdidas tendremos. Si no somos imitadores de Cristo viviremos las consecuencias. Un discípulo conoce de su maestro para imitarlo. Con nuestro ejemplo podemos reprender, corregir y enseñar a otros. Esto no es juego. Nuestros actos dicen más que nuestras bocas.
Lucas 14:26 En el pecado de la fornicación es donde más líderes, pastores y ovejas caen. Como imitadores de Cristo jamás quisiéramos mirar a alguien para desearle, ni hacerle daño. Debemos bañarnos de vergüenza y saber ser imitadores de Cristo. Él nunca hizo ni siquiera un gesto para mirar y hacer daño a alguien. Le damos tanto placer al cuerpo en vez de aborrecernos. Si no nos aborrecemos no podemos ser discípulos y en lo que no dejamos que Él nos discipule pasaremos gran vergüenza. Para ser discípulo hay que aborrecerse a uno mismo en lo que está mal. Seamos imitadores de Cristo en todo lo que nos sea posible. Los hechos, las vivencias son las que hablan de nosotros. Lo que no aborrecemos de nosotros, será lo que los débiles imitarán. Es mal hacer caer al débil. El impío sabe nuestras reglas, pero peor es el castigo.
Lucas 14:33 El que no renuncia a todo lo que posee no puede ser su discípulo. El Señor pide que renunciemos a lo que puede hacer que nuestras piernas sean cortadas. El Señor pide que se renuncie al orgullo. Renunciar es lo más que hizo Cristo por amor a nosotros. Llevó nuestras enfermedades, desgracias, pecado. Cuidémonos de que, teniendo los cimientos, interrumpamos la construcción. Saquemos cuenta y saquemos de nuestras vidas lo que nos hará caer. El hombre que es realmente próspero es aquel que da todo por causa de Cristo y consigue el mejor de los beneficios en este mundo y en el mundo venidero la vida eterna. Obtiene la mejor de sus posesiones y lleva las riquezas con él más allá del sepulcro. El cuerpo, que tanto placer le damos, se convierte en polvo. Seamos imitadores de Cristo.
Juan 13:35 Si tenemos amor los unos con los otros somos discípulos. Eso es lo único grato en la tierra. La iglesia es el lugar donde más nos deleitamos y podemos compartir el pedazo de pan con amor en memoria de Cristo y en comunión. El que ama no hace daño a otros, lo haríamos a nosotros mismos. Así que procuramos caminar bien para no hacer daño. Un discípulo no hace daño, se da, no peca. Un discípulo vive de gloria en gloria, porque el Dios que le servimos es un Dios de gloria. No hay mujer y hombre más sabio que el que arregla los asuntos de su casa de día y de noche.
Juan 15: 8 Los que son de Cristo dan frutos. Cuando en nosotros hay odio no somos imitadores de Cristo. Cuando se vive bajo libertinaje, el día declarará las cosas y la vergüenza y la derrota llegarán. Seamos imitadores de Cristo como Pablo lo hizo. El egoísmo obstaculiza el Evangelio de Cristo. El que no se hace imitador de Cristo solo tendrá días malos y lo triste es que le dejará la herencia de pecado a los suyos. El imitador de Cristo se aleja de todo lo que es pecado y disfruta en agradar a Dios en todo lo que hace. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Todo Lo Que Yo Haga Será Grato Ante Los Ojos De Dios; Imitaré A Cristo
1 Corintios 11:1
“Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.”
En cada cosa que hacemos debemos preguntarnos si es grata delante de Dios. Con la boca podemos decir lo que bien nos parezca, pero nuestros actos gritan si somos o no imitadores de Cristo, como lo fue Pablo. Estos son los puntos para llevarlos toda la semana.
- Nuestra existencia debe ser para tener a Dios contento, y esa debe ser nuestra alegría. Por amor a Cristo, seamos capaces de negarnos a hacer lo que no es grato al Maestro aunque cueste.
- Para imitar a alguien hay que estudiarlo y conocerlo bien. Debemos conocer bien a Cristo para que nadie nos confunda: imitarlo es caminar, pensar y actuar como Él, y negarnos a la tentación porque Cristo no lo haría.
- Las lágrimas no siempre quieren decir arrepentimiento. En el verdadero arrepentimiento hay fruto y hay vergüenza del mal que se ha hecho, y cuando Dios ve en nosotros ese fruto de arrepentimiento, Dios nos cree.
- Lo que dejamos de imitar se hereda: cuando por un mes o por un año dejamos de orar y de buscar a Cristo, alguien de los nuestros aprende eso. Con Cristo nunca perdemos; sin imitarlo, tendremos pérdidas.
- Para ser discípulo hay que aborrecerse a uno mismo en lo que está mal. Lo que no aborrecemos de nosotros será lo que los débiles imitarán, y es mal hacer caer al débil.
- El que no renuncia a todo lo que posee no puede ser su discípulo. El Señor pide que renunciemos al orgullo y a lo que nos hará caer, porque el cuerpo al que tanto placer damos se vuelve polvo.
- Si tenemos amor los unos con los otros somos discípulos, y el que ama no hace daño. El que no se hace imitador de Cristo solo tendrá días malos y les dejará a los suyos la herencia de pecado.
Antes de cada decisión de esta semana, pregúntate si Cristo lo haría; si no lo haría, niégate a hacerlo.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Timoteo y su Abuela
1 Corintios 11:1
Para leer en voz alta con los niños
“Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: Pablo copiaba lo que hacía Jesús, y nos pide que lo copiemos a él. El estudio cuenta que Timoteo aprendió a vivir con fe mirando a su abuela y a su mamá, y por eso caminaba en fe.
- Con la boca uno puede decir cualquier cosa bonita. Pero lo que tú haces grita más fuerte que lo que dices, y ahí se ve si de verdad estás copiando a Jesús.
- Para copiar a alguien hay que conocerlo bien. Por eso lees la Biblia y escuchas en la iglesia: para conocer a Jesús, cómo pensaba, cómo hablaba y cómo trataba a los demás.
- Cuando algo te tienta a hacer lo malo, pregúntate: ¿Jesús haría esto? Si Jesús no lo haría, tú tampoco. Decir que no también es copiar a Jesús.
- Llorar no siempre es arrepentirse. Arrepentirse de verdad es sentir vergüenza por lo malo que hiciste y cambiar. Dios ve si de verdad cambiaste, aunque nadie más lo vea.
- Cuidado, que otros te están mirando. Si haces lo malo, un hermanito o un amigo más pequeño lo puede copiar también, y eso trae consecuencias para los dos.
- Los que son de Jesús se aman y no se hacen daño. Cuando tratas con amor a tu familia y a tus amigos, pones contento a Dios, y esa es la mejor alegría.
¿A quién te pareces más en tu manera de actuar?
Esta semana, antes de hacer algo, pregúntate cada día: ¿Jesús haría esto?
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
