Todos tenemos tentaciones. ¿Qué sucede cuando éstas llegan? Pues, empecemos por Adán; él fue tentado y fracasó cediendo. Luego, seguimos con Sansón; también cedió en la tentación y por ello llegó a quedar ciego. Saúl como primer rey de Israel, por el temor a lo que el pueblo decía, hizo el sacrificio que no le tocaba hacer, cayendo así cuando fue tentado. Elías, el profeta que hacía el fuego caer, le llegó la tentación y huyó temiéndole a una perversa mujer llamada Jezabel. Judas fracasó también entregando a nuestro Salvador a cambio de solo unas monedas. En cambio, nuestro Señor también fue tentado cuando estaba en sus cuarenta días de ayuno y no cedió absolutamente en nada (Lucas 4:2-13). Jesús amaba hacer la voluntad del Padre y por eso no hacía lo que Él quería, sino lo que el Padre quería (Lucas 22:42 "…diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya."). Juan y a Jacobo (Santiago) fueron tentados con la grandeza, le pidieron sentarse uno a la derecha y otro a la izquierda del Señor, y Jesús les preguntó si ellos estaban dispuestos a beber de la misma copa que él bebía; no sabían que esa copa era su sacrificio, su muerte (Marcos 10:35-38). Si Jesús no tomaba la copa del sacrificio, para morir en la cruz, tú no tuvieras eternidad, ni salvación, ni cielo nuevo, ni un nombre nuevo, ni dones, ni participarías de las bodas del Cordero, etc. Su copa me permite tenerlo a Él en mí, su sangre, su voz en mí, su dirección, su voluntad; ya no soy esclava ni tú tampoco. La copa era la cruz, ¡sin la cruz no tendríamos nada de todo esto!
Al caer en tentación se pierde todo en la vida. Se detiene el bien que hacemos a otros. Pero, sabe el Señor librar de tentación al piadoso (2 Pedro 2:9 "…sabe el Señor librar de tentación a los piadosos.") Puede el Señor rescatarnos de las tentaciones. Puede librarnos, guardarnos del mal. La tentación acorrala y parece que se está preso, pero Él sabe darnos la salida por donde podemos salir. No hay ninguna razón de caer, aunque estemos expuestos, acorralados y presos de ella. ¡Dios NOS TIENE ABIERTAS LAS PUERTAS DE SALIDA DE LA TENTACIÓN, NADA LAS PUEDE CERRAR! Solo tú decides, tú eres el que dice. Si eres justo aprovechas que Él te dio la salida y vences, pero si eres injusto cierras las puertas de la salida a la tentación y te quedas allí encerrado y finalmente caes. ¡Sé sabio y agradecido!
El enemigo siempre ha querido desafiar a Dios luchando en contra de Su santa voluntad. El desafío es para no hacer Su voluntad, es retar, provocar, contender, ponerle resistencia al designio de Dios. Eso se lo hizo el diablo a Jesús (Mateo 4:3), de igual le gusta hacerlo a nosotros, los hijos de Dios, para así desafiar a Dios. Nuestro enemigo el diablo quiere que tú no hagas los planes del Señor a favor de esta Tierra. Satanás busca que fallemos al amor de Dios por aquello que Él quiere hacer; de las cosas hermosas busca detenerte, paralizarte y que caigas en la tentación para que lo que Dios quería hacer por medio tuyo se pierda. ¡Pero Dios es Jehová Jireh, Él se proveerá!
Caer en la tentación es ser dominado por los deseos. Cada uno es tentado por lo que hay en su interior (Santiago 1:14 "…sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido."). Es tentado con la lujuria, la envidia, el dinero, la grandeza, el pretender espiritualidad, desear lo ajeno, etc. La persona dominada por el deseo ha permitido que su naturaleza animal usurpe un lugar que no le corresponde; ha dejado la vida con Cristo. Esto sucede cuando llega EL EGOÍSMO, que es el desmedido amor hacia sí mismo manifestado en la anteposición del bien propio al de los demás. Es la consideración del provecho propio como el único móvil de todas las acciones, aunque aparentemente no se demuestre así. Si ya caíste en tu tentación, caes porque tal deseo está en ti. Ya la persona se ha desquiciado, está fuera de lo normal, se ha desencajado, se turba y pierde la seguridad.
Como vemos, la caída en la tentación, la falta de proporción en la vida, todo eso es a causa del EGOÍSMO. El mal viene por esa raíz de la vida que es dominada por la concupiscencia, es algo que parte de la suposición de que nada importa mas que la gratificación de LOS PROPIOS DESEOS y la expresión de LOS PROPIOS SENTIMIENTOS. Este es el gran pecado de la persona, QUE HA DEJADO DE TENER EN CUENTA A LOS DEMÁS. El egoísmo y el deseo van de la mano. Egoísmo es el desmedido amor hacia sí mismo. Solo estás tú al frente. ¡El egoísmo permite que tome lugar tu naturaleza pecaminosa!
Por eso se es atrevido, con una osadía desvergonzada que se complace en lanzarse a hacer cosas que ofenden la decencia y el derecho. La mala persona es la que tiene la osadía de desafiar lo que sabe que es la voluntad de Dios. Es una persona para la que no cuenta más que su voluntad. Es esa persona que no tiene idea de nada más que de agradarse a sí mismo. En tal persona hay siempre un elemento de obstinación. No hay lógica, ni sentido común, ni sentido de la decencia que le impida hacer lo que quiere. AL MANTENER OBSTINADAMENTE SU PROPIA OPINIÓN O INSISTIR EN SUS PROPIOS DERECHOS PASA POR ENCIMA DE LOS DERECHOS, OPINIONES E INTERESES DE LOS DEMÁS. Solo busca el agradar el "Yo", no tiene idea de nada más que agradarse a sí mismo, se empeña arrogante y hasta brutalmente en seguir su propio camino. ¡Sucede en personas que desprecian a los ángeles! (2 Pedro 2:10,11 "…y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores, mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor.") Serán castigados en el Día Del Juicio. El malo insiste en vivir en un solo mundo, para él no hay un mundo espiritual, se ha olvidado de que hay un Cielo, vive solo para la tierra, ¡se ha olvidado de lo espiritual!
¡Cuídate de no cerrar nunca la puerta de salida, que Dios te abre, cuando llegue la tentación! Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
