Dios, que aquí es representado por el altar, y el pueblo de Israel fueron las partes contratantes del antiguo pacto. La sangre rociada obligaba a las partes a guardar las estipulaciones del pacto (Hebreos 9:18 "De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre."). El pueblo del Señor prometió obedecer y el Señor se comprometió a bendecirles si así lo hacían. Moisés le habló a Israel diciendo: "Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado." Hebreos 9:20. Esta acción de compromiso de obedecer ponía como "prenda" la vida del pueblo si dejaban de guardar la Ley. En aquel ritual se roció con la sangre (de animales) tanto el tabernáculo como todos los vasos empleados en el culto (Hebreos 9:19-21).
Entendamos que todo lo que tiene cualquier contacto con el hombre pecador se contamina y necesita ser limpiado. Casi todo es purificado según la ley con sangre ("Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión." Hebreos 9:22). En lo que se refiere a la remisión de los pecados no hay excepción, se ha de derramar "sangre" de becerros y de machos cabríos. Todo esto era una purificación simbólica. Fue una santificación simbólica de un santuario simbólico (Hebreos 9:23 "Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así…"). El santuario celestial era la realidad de la que la tienda o tabernáculo terrenal era una copia y tuvo que ser purificado con mejores sacrificios que éstos, es decir, CON EL SACRIFICIO DE CRISTO (Hebreos 9:23,24 "…pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios…"). Puede parecer sorprendente que los lugares celestiales precisen de purificación. Quizás la clave se encuentra en Job 15:15 "…ni aun los cielos son limpios delante de sus ojos." Indudablemente ello se debe a que Satanás cometió el primer acto de pecado en el Cielo (Isaías 14:12-14) y debido a que sigue teniendo acceso a la presencia de Dios como acusador de los hermanos (Apocalipsis 12:10).
Cristo no entró en el santuario hecho de manos que era un tipo o figura del verdadero, sino en el Cielo mismo. Allí se presenta AHORA por nosotros en la presencia de Dios. El Señor Jesús no hizo repetidas ofrendas como lo tenía que hacer el sumo sacerdote de entonces (Hebreos 9:25,26 "…y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó UNA VEZ PARA SIEMPRE por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado."). El sumo sacerdote descendiente de Aarón entraba en el santuario un día al año, esto es en el Día de la Expiación, y no ofrecía su propia sangre sino la sangre de animales sacrificiales. Si Cristo hubiese hecho repetidas ofrendas esto habría significado repetidos sufrimientos; por cuanto su ofrenda fue su propia vida. Es impensable que tuviese que sufrir la agonía del Calvario una y otra vez para la purificación del mundo. Sería innecesario, ¡ÉL ES EL TODO! (Hebreos 9:27,28 "Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos…") ¡Ha sido manifestado una vez para siempre! La obra del sacrificio del Señor Jesucristo no tiene que repetirse nunca más. Fue en un tiempo propicio, se manifestó en la consumación de los siglos, es decir, después que el Antiguo Pacto demostrase de manera concluyente el fracaso y la impotencia del hombre. ¡Es una obra perfecta, Jesús, el Salvador, apareció para quitar de en medio el pecado! El énfasis recae en las palabras "quitar de en medio." No era ya cosa de expiación anual, ahora era y es el ¡perdón eterno! Un sacrificio personal quitó de en medio el pecado, por el sacrificio de sí mismo. Cristo, el Señor, llevó en su propio cuerpo el castigo que merecían nuestros pecados.
EL NUEVO PACTO INTRODUCE EL INFINITO SACRIFICIO DE CRISTO; EL QUE FUE OFRECIDO UNA SOLA VEZ PARA LLEVAR LOS PECADOS DE MUCHOS. Nos presenta la esperanza bienaventurada de su inminente regreso; y aparecerá por segunda vez para los que le esperan ansiosamente para salvación (Hebreos 9:28 "…y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan."). Cuando regrese no será para tratar la cuestión del "pecado", ¡ÉL ACABÓ AQUELLA OBRA EN LA CRUZ! ¡Volverá para llevar consigo a su pueblo al Cielo! Esta será la culminación de su salvación; ellos recibirán entonces los cuerpos glorificados y quedarán para siempre fuera del alcance del pecado. ¡Es para los verdaderos creyentes; estén en ese momento muertos o vivos (I Tesalonicenses 4:16 y 17)! Jesús sufrió la grande agonía del Calvario para darnos el perdón de nuestros pecados, fue muy costoso ese perdón. Ahora tenemos esperanza, antes no. Guardemos y cuidemos esta salvación tan grande. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
