Debemos notar el profundo afecto que encierran estas últimas palabras: "Hijitos míos…" Se dice que los diminutivos, sean en griego o en latín, o como en español expresan siempre ternura. ¡A Pablo se le salía el corazón del pecho! Se dice que el acento del amor penetrará hasta donde los tonos de la ira jamás podrán llegar.
I. "Os ruego, hermanos, que os hagáis como yo, porque yo también me hice como vosotros." (Vs.12)
A. A pesar de sus fracasos y de los temores que alberga acerca de ellos:
Pablo quería que fueran como él ("…que os hagáis como yo…"), ¡lo que es Cristo en su vida!
Pablo se había hecho como gentil, el fin era ganar a los gálatas, que eran gentiles.
El resultado de esa entrega del apóstol era que los gálatas respondieran tal y como él actuó; que siendo él judío, ya no estaba bajo la esclavitud de la Ley.
No tenía quejas de ellos de cómo le habían tratado ("Ningún agravio me habéis hecho.").
Mi querido Pablo estaba enfermo y aun así les había podido predicar a ellos (Vs.13).
Podían haberlo mirado con desprecio y volverle la espalda con asco; pero no lo hicieron, sino que lo recibieron como si fuera un ángel de Dios, como tú habrías recibido al mismo Jesucristo (Vs.14).
Pablo les deja saber que esa vez tuvo grandes motivos para felicitarlos.
La enfermedad de la que habla el apóstol no se sabe, pero, cual fuera ésta, aún grandes dolores de cabeza, el asunto era, qué en aquellos días pasados, los gálatas, le podrían haber dado sus propios ojos si hubiesen podido (Vs.15).
Ellos no lo despreciaron, no le volvieron la espalda.
Pero, ¿qué ha pasado ahora, si hasta sus ojos le hubiesen dado? ¿Por qué han cambiado?
¿Quién les llegó para disponer y trastocar tan buen amor y entrega que le tenían a Pablo?
Alguien estaba llevando entre ellos alguna actividad estructurada con reglas muy específicas y formales.
Alguien enseñaba ahora a los gálatas de una manera diferente, tanto que les habían hecho cambiar la fe en Cristo dándoles a seguir reglas muy específicas y formales, los llevaron ¡a seguir la Ley!
Los gálatas habían emprendido la observancia del calendario judío con sus sábados, fiestas y estaciones. (Vs.10 "Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años.")
Las personas buscan tener una intensa satisfacción pensando que pueden hacer algo con sus propias fuerzas para así ganarse la sonrisa aprobada de Dios.
Esto implica que el hombre tiene alguna fuerza, y por ello y hasta este punto, les parecía a los gálatas que no necesitaban del Salvador.
Era la misma lucha de Pablo con Pedro, y con los demás: que luego de haber sido enseñados a creer y a vivir en el camino de la salvación por gracia, ahora se volvían, como enemigos, a seguir las reglas específicas y formales de la Ley. Era volver otra vez a la esclavitud.
Por tal razón había tanta tensión entre ellos.
Ya no había libertad, ni amor, era una guerra de leyes y doctrinas que nunca les habían hecho bien.
Aquellos maestros estaban luchando para que los gálatas, que eran gentiles, adoptaran la religión judía.
¿Qué había pasado con el gozo que tenían antes con Pablo? "Si me querían dar sus ojos." (Vs.15)
¿Acaso ahora me he vuelto vuestro enemigo por deciros la verdad? (Vs.16)
Para los gálatas, Pablo se había hecho una persona perjudicial por decirles la verdad.
¡Qué dolor! "Cuán inciertos son los cumplidos de la gente y cuán prestos están los hombres a cambiar de opinión, hasta el punto de querer sacar los ojos de aquellos por quienes anteriormente se habrían sacado los suyos propios." (cita de M. H.)
Lo cierto es que los ánimos de la gente, aún de los creyentes, están siempre en peligro (a no ser que hayan alcanzado madurez) de cambiar de dirección igual que las velas de un barco ante el soplo de los diferentes "vientos de doctrinas", especialmente cuando hay predicadores que les encanta la curiosidad.
"La verdad produce malestar en los hermanos cuando sus corazones están empeñados en seguir caminos propios y carnales, pero Pablo nunca admitió la posibilidad de suavizar la verdad con el fin de tener a los hermanos contentos." (cita de Trenchard)
"No es algo fuera de lo ordinario el que los hombres tengan por enemigos a quienes, en realidad, son sus "mejores amigos", pues tales son, sin duda, los que les dicen la verdad." (cita de M. H.)
Aquellos falsos querían que los gálatas les rindieran pleitesía para que así les permitieran circuncidarlos e ingresarlos en la nación judía (Vs.17).
Estos falsos maestros parecían muy complacientes, pero lo único que querían era ejercer control sobre los gálatas para reducirlos a una condición de esclavitud y de dependencia de ellos y de la Ley.
Aquellos enemigos de la verdad usaban palabras (Gálatas 3:1 "¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad…") seductoras, halagos para atraer a los fieles de Galacia.
En fin, buscaban separarlos de Pablo, lo querían dejar ver como un predicador de un Evangelio incompleto, para así separarlos del verdadero Evangelio, por tanto, del propio Jesucristo.
Los halagos, hacen que las personas se inclinen a favor de los falsos predicadores.
Para Pablo poder llevar a los gálatas a Cristo le había costado verdaderos "dolores de parto" y ahora tenía que "seguirlos pasando" (Vs.19).
Esto nunca lo sentirían los judíos, pues ellos crucificaron al Maestro, luego persiguieron a los creyentes y ahora a Pablo lo querían muerto. Seamos fieles a la verdad que hemos aprendido sin escuchar las voces destructoras de falsos maestros. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
